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Economía circular | Experiencias

La economía circular y los aparatos eléctricos y electrónicos

Ignacio Duque Oliart

Gerente de Enclave Ambiental, S.L.

Doctor ingeniero de caminos, canales y puertos, MBA.

Experto de Naciones Unidas para la implantación de la responsabilidad ampliada del productor para los aparatos eléctricos y electrónicos.

Hace unos cuarenta años que obtuve mi título de Ingeniero de Caminos. En aquel momento en mi mesa de estudio yo tenía un punto de luz, en el que estaba enchufado un flexo. También disponía de una calculadora, una Casio que había adquirido cuando estudiaba COU y funcionaba con pilas. Hoy en mi mesa de trabajo dispongo de ocho enchufes y siete de ellos están ocupados: dos puntos de luz; un ordenador y una pantalla, con sus correspondientes transformadores; la conexión de mi teléfono móvil y de mi libro electrónico; y un punto donde tengo conectados unos cascos inalámbricos, para las videoconferencias.

Esta anécdota personal pone de manifiesto cómo los aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) han ido aumentando su presencia en nuestras vidas. Es cierto que los AEE han mejorado nuestras condiciones de vida, pero debemos ser conscientes de que su producción y utilización exige importantes recursos.

En 2019 en el mundo se generaron 53,6 Mt de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), alrededor de 7,3 kg por habitante. Además, esta cifra no cesa de crecer, calculándose que en 2030 la generación de RAEE alcanzará los 74,7 Mt [1].

Este importante aumento se debe al incremento de compras de nuevos AEE en todo el mundo, a que muchos AEE tienen ciclos de vida muy cortos y a que un gran porcentaje de estos aparatos se utilizan y se tiran, y no se les da una segunda oportunidad para alargar su vida útil.

Históricamente algunos de los RAEE se han recuperado para darles una segunda vida u obtener los elementos valiosos que contienen, sobre todo los RAEE con un elevado contenido de chatarra férrica y los equipos tecnológicos, como ordenadores o teléfonos móviles, que tienen un importante valor residual, pero todavía un elevado porcentaje de los RAEE se elimina en vertederos.

Para frenar esta tendencia la Unión Europea promovió en 2002 la responsabilidad ampliada del productor para los AEE, mediante la Directiva 2002/96/CE, de 27 de enero de 2002, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) [2] que con posterioridad ha tenido varias revisiones. Además desde el año 2015, con la aprobación del plan de acción de la UE para la economía circular, se pretende que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y que se reduzca al mínimo la generación de residuos. Esto adquiere especial importancia con los AEE ([3] y [4]).

La economía circular y los AEE

La economía circular reduce los impactos ambientales de los AEE tanto en la fabricación como en su eliminación. Se requieren grandes cantidades de energía y el uso de sustancias peligrosas para extraer y fabricar los AEE y en muchas ocasiones la extracción de recursos está ligada a condiciones laborales peligrosas. Por otra parte, la recuperación de los compuestos valiosos de los RAEE en países del tercer mundo también puede suponer un riesgo importante para los recuperadores que trabajan en condiciones muy precarias, con un grave riesgo para su salud y el medio ambiente.

La economía circular supone repensar los AEE y sus impactos a lo largo de todo su ciclo de vida. Esto incluye el diseño y la concepción de los productos; lo que es propiamente la vida útil del producto, hasta que su propietario decide desprenderse de él; y la gestión del AEE al final de su vida útil… aunque como se verá, a través de la economía circular se pretende que al final de su vida útil, el AEE pueda reintroducirse de nuevo en el mercado, prolongando así su vida [5].

El diseño y la concepción de los AEE

En el momento de diseñar y concebir un AEE deben considerarse aspectos muy diversos entre los que se incluyen:

  • Tener en cuenta el impacto que se produce con los procesos de extracción y obtención de los productos utilizados en la fabricación del AEE, valorando la incorporación de materiales reciclados para minimizar ese impacto y “cerrar el círculo” de los materiales..
  • Evitar el uso de productos y compuestos que sean peligrosos para el ser humano o el medio ambiente.
  • Facilitar a través del diseño la posibilidad de prolongar la vida de los AEE. Por ejemplo, esto puede hacerse permitiendo y simplificando la sustitución de determinados componentes cuando fallan, como ocurre con las baterías; o facilitando que determinados componentes puedan sustituirse por otros con mejores prestaciones, para mejorar el rendimiento de los equipos.

Esta relación, que puede ampliarse a más aspectos, es de gran importancia para la circularidad.

La reducción de la peligrosidad de los RAEE, mediante la sustitución de determinados productos utilizados en su fabricación por otros menos peligrosos para el medio ambiente ha sido una constante en los últimos años. Como ejemplo puede citarse la evolución de los gases utilizados en los frigoríficos, tanto en los circuitos de refrigeración como en las espumas aislantes, avanzando cada vez más hacia el uso de gases que no dañan la capa de ozono. Este proceso de sustitución de los gases no ha impedido que el aislamiento de estos equipos no deje de mejorar, con la consiguiente reducción en el consumo de energía.

Los avances tecnológicos también han permitido reducir el contenido de productos peligrosos en determinados AEE. Por ejemplo, el contenido de mercurio en las lámparas de descarga pasó de casi 100 mg/lámpara a principios de los años 80 a menos de 5 mg/lámpara en la actualidad; y los avances tecnológicos están llevando a la progresiva sustitución de las lámparas de descarga por lámparas LED que está teniendo lugar en todo el mundo.

Piezas de aparatos electrónicos para reciclar.
Un operario en una instalación de tratamiento de frigoríficos.

El gran énfasis actual en el diseño de los productos está en mejorar su reparabilidad, para prolongar su vida; y en facilitar la reutilización de piezas y su reciclado, por ejemplo, mediante el correcto marcado de los materiales con que están fabricadas.

La vida de los AEE

Los AEE deben tener una vida larga. Es necesario que sean robustos y facilitar que puedan repararse. Lamentablemente, algunos estudios muestran que la vida media de algunos AEE ha decrecido en los últimos años, en concreto para los grandes aparatos electrodomésticos. Por ejemplo, la vida media de las lavadoras bajó de 10 a 7 años entre 2000 y 2010 en el Reino Unido [6].

En algunos aspectos Francia está ejerciendo un liderazgo en relación a la prolongación de la vida de los AEE. A través de la Ley 2020-105 de 10 de febrero de 2020 sobre la lucha contra el derroche y la economía circular, Francia ha implicado hasta diez ministerios diferentes, con un amplio calendario de implantación y medidas específicas que afectan a una enorme variedad de productos, desde alimentos a los AEE (citado en Ref. [7]).

La citada Ley prohíbe la eliminación de artículos invendidos no alimentarios, lo que afecta a los AEE. Con esta medida se pretende combatir la sobreproducción, impidiendo la eliminación de productos no vendidos y, por lo tanto, nuevos. Los artículos no vendidos deben ser donados o reciclados .

La Ley trata de beneficiar los productos con menor impacto ambiental. Obliga a implantar la ecomodulación en las tarifas que pagan los productores a los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP), mediante la implantación de criterios de bonus y malus. Si un producto es respetuoso con el medio ambiente su productor recibirá una prima (un bonus), es decir, pagará menos al SCRAP por su puesta en el mercado; si el producto es contaminante o más difícil de reciclar o reutilizar, tendrá una sanción (un malus), es decir, pagará más al SCRAP que otros productos con los que compite en el mercado.

También obliga a que los vendedores muestren al público el índice de reparabilidad de ciertos productos. Esta obligación entró en vigor el 1 de enero de 2021 para determinados AEE : en principio sólo para las lavadoras, televisores, smartphones, ordenadores portátiles y máquinas cortacésped eléctricas, aunque estaba previsto extenderla a otros AEE. A partir del 2024 el índice de reparabilidad será reemplazado por el índice de durabilidad.

La Ley introduce medidas sobre el tiempo mínimo que deben existir piezas de repuesto para los AEE que se comercializan (5 años); la obligación de que las empresas de reparación dispongan de piezas de segunda mano y de que se las ofrezcan a sus clientes; o la posibilidad de que estas piezas puedan fabricarse mediante impresoras 3D. Se enfatizan diversos aspectos ligados a la posibilidad de alargar la vida de los AEE, incluyendo los tendentes a facilitar (o no limitar) su posible reparación y se ponen limitaciones a la actualización automática de software que pueda afectar la vida útil de los AEE.

La Ley también prevé la potenciación de las redes de reparación y de preparación para la reutilización, pues obliga a los SCRAP de AEE a destinar un 5% de su presupuesto anual a estas redes. Con estas medidas se pretende que el 60% de los franceses que tienen problemas con sus AEE opten por repararlos.

Además de las barreras a la reparabilidad ya consideradas (diseño de los productos, falta de piezas de repuesto), hay otras que deben considerarse, entre las que destacan la falta de servicios de reparación fiables, que den plena confianza a los poseedores de los AEE; y el precio de la reparación, que muchas veces supera el de adquirir un AEE nuevo. Por último, un tema que no puede desdeñarse es la moda y la tendencia de algunos consumidores al uso de productos nuevos. Por último, debe valorarse el propio interés de los fabricantes por vender más productos. Lamentablemente, existe evidencia documental de numerosos casos de equipos diseñados para impedir su posible reparación, como ocurre cuando no es posible reemplazar la batería de un teléfono móvil o de un ordenador; o la colocación de chips en los cartuchos de tinta para impedir su reciclado [6].

Recogida de RAEE pequeños en jaulones, mezclados con muchos embalajes.
Desmantelamiento de un televisor de pantalla plana retroiluminado con lámparas fluorescentes.

Es importante promover el mercado de la reutilización. Aparte de abaratar el coste de las reparaciones, es necesario mejorar la calidad de la información sobre el producto que se adquiere y las garantías para los compradores. Entre las medidas que pueden adoptarse se incluye apoyar a los usuarios en la reventa de sus AEE, proporcionándoles una estimación de su precio, y proporcionar a los compradores información de las especificaciones de los productos que adquieren; y proporcionar certificados de reacondicionamiento de los AEE. Una de las principales barreras para la implantación de un mercado de segunda mano es el riesgo que asumen los usuarios en relación con las especificaciones de los productos y la reducción de su vida útil.

La tendencia es la progresiva implantación del “derecho a reparar”, y éste se apoya en tres pilares: los productos deben diseñarse de forma que sean reparables, por ejemplo, que puedan abrirse sin utilizar una maquinaria especializada y que sus partes no vayan pegadas, sino que puedan separarse unas de otras ; el fácil acceso a guías y manuales de reparación; y el acceso a piezas de repuesto.

En este sentido, no debe olvidarse de que los consumidores están muy acostumbrados al mercado de segunda mano en el sector de automoción. Existen paralelismos claros entre ambos mercados.

Las iniciativas para prolongar la vida de los AEE pueden ir más allá de la reparabilidad y a veces pueden ser decisiones internas en las organizaciones. Un ejemplo es el uso de productos “en cascada”. Las organizaciones pueden establecer programas para que sus ordenadores y otros equipos vayan pasando de un puesto de trabajo a otro, en función de las necesidades reales de los usuarios de estos equipos. En lugar de reemplazar los ordenadores al final de un determinado periodo de tiempo, los ordenadores más potentes van pasando a otros profesionales, de forma descendente, y sólo es preciso adquirir ordenadores nuevos para aquellos usuarios que realmente lo necesitan.

También debe considerarse la posibilidad de vender un servicio en lugar de un producto. De esta forma, el mismo equipo puede dar servicio a múltiples usuarios, reduciendo el consumo. Es el caso de las empresas de lavado de ropa : si se dispone de este servicio, no es preciso que cada ciudadano tenga una lavadora en su hogar.

El fin de vida de los AEE

La legislación sobre responsabilidad ampliada del productor (RAP), sobre la que se incidirá con posterioridad, ha permitido mejorar notablemente las tasas de recogida de RAEE, reciclado y valorización.

Dentro de la recuperación de los RAEE debe destacarse la logística inversa, que se constituye en una de las mejores maneras para recuperar los RAEE y garantizar que se tratan de forma correcta. Es muy importante promover la entrega de los RAEE a los SCRAP por parte de los poseedores finales: consumidores, administraciones y empresas.

A los criterios de reparabilidad ya citados para alargar la vida de los productos, cabe añadir el marcado de las piezas de los AEE de una forma homogénea, que facilite su reutilización y reciclado. Se considera que esta sencilla medida permitiría aumentar los porcentajes de valorización y reciclado con relativa facilidad.

Estos aspectos adquieren especial importancia al considerar el impacto de los compuestos tóxicos contenidos en los AEE y la recuperación de materias primas fundamentales.

Responsabilidad con los compuestos tóxicos

Los RAEE pueden incluir numerosos componentes y sustancias que son tóxicos. Esto incluye arsénico, berilo, cadmio, mercurio o plomo. También debe incluirse en esta relación los retardantes de llama, que son parte de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP). Los COP son sustancias químicas tóxicas, persistentes en el medio, bioacumulables y que suponen un riesgo para la salud humana y el medio ambiente.

La RAEE peligrosos requieren un tratamiento de calidad para garantizar que las partes que no se reutilizan o reciclan se tratan de forma adecuada.

Pese a la legislación internacional, en particular el Convenio de Basilea o la propia legislación sobre AEE que prohíbe la exportación de los RAEE a países de fuera de la UE si no puede garantizarse que va a unas instalaciones de tratamiento que reúnen los mismos estándares que los definidos por la UE, la realidad es que las exportaciones ilegales no se han erradicado por completo. Estas exportaciones muchas veces se camuflan como AEE para reutilización en los países receptores.

La recuperación de materias primas fundamentales

Como ha podido verse en los últimos años, acontecimientos impensables hace un lustro, como la pandemia del COVID-19 o la guerra de Ucrania, hace que aspectos aparentemente intangibles, como la independencia de la industria europea para obtener determinados suministros, deban tener un peso importante al valorar el coste de obtener materias primas.

La UE publica desde el 2011 una lista de “materias primas fundamentales” (MPF), lista que se revisa cada 3 años. Se trata de materias primas que la UE considera vitales para la economía y presentan un alto riesgo en el suministro. Las MPF son esenciales para el funcionamiento y la integridad de una amplia variedad de ecosistemas industriales. La competencia mundial para obtener estas materias primas es cada vez más importante. Para reducir la dependencia exterior es preciso abordar el problema derivado del rápido crecimiento de la demanda mundial de recursos; para ello es necesario reducir su consumo y garantizar su reciclado.

La última lista de MPF se editó en 2020 ([8] y [9]). Esta lista incluye treinta materiales. Desde 2011 la relación no ha dejado de crecer. En 2011 tenía catorce materiales, veinte en 2014 y veintisiete en 2017, de los cuales veintiséis permanecen en la lista actual.

Los AEE contienen una gran variedad de metales. Además de hierro, aluminio o cobre, es frecuente encontrar metales como oro, plata, platino, indio, rutenio,… Muchos de estos metales se incluyen entre las MPF. Cabe citar el antimonio, bismuto, cobalto, indio o metales del grupo del platino, como el iridio, el rodio o el rutenio.

Además, otros productos contenidos en los AEE están afectados por el Reglamento de la UE sobre los minerales de guerra : el estaño, el oro, el tantalio y el wolframio. Este reglamento se aplica a los importadores de la UE a partir del 1 de enero de 2021 [10].

Un smartphone contiene más de 50 metales diferentes que de forma conjunta contribuyen a su elevada funcionalidad y reducido peso. Por otra parte, se estima que en los equipos electrónicos modernos es posible recuperar más de 19 elementos químicos de alto valor añadido. En el siguiente cuadro puede verse el peso de la demanda mundial de metales para la fabricación de AEE y hasta qué punto esa demanda se estaba satisfaciendo mediante el reciclaje [11].

La recuperación de estos metales a través del reciclaje de los AEE puede constituir la mejor fuente de suministro en el interior de la UE.

Para aumentar el reciclado de los metales que aparecen en pequeñas cantidades en los AEE es necesario mejorar las tecnologías de recuperación de metales y el diseño de los AEE para facilitar su desarmado, la recuperación de sus componentes y la recuperación de las materias primas que contienen.

Fuente: UNEP, 2013. Citado en CEPAL, 2021.

Aunque el reciclaje de los metales contenidos en los AEE no está exento de retos, el coste de reciclar determinados metales en términos de energía puede ser notablemente más barato que la obtención de dichos metales a partir de minería primaria, y la independencia para Europa puede ser muy superior. Reciclar el hierro puede suponer un ahorro de energía del 20% frente a obtenerlo mediante procesos de extracción. Este ahorro puede ser del 60% para el cobre y llegar al 90% para el aluminio [11].

En cuanto al valor económico, en la misma referencia se indica que el coste de la extracción primaria del cobre, oro, aluminio y hierro es superior al coste de reciclado en el caso de los equipos de informática y telecomunicaciones pequeños. Con otras categorías de AEE, el beneficio económico es menor e incluso puede ser inferior al coste de obtener los metales a través de la minería.

No obstante, a medida que mejoren las técnicas de reciclaje y se encarezca el transporte, el metal reciclado tiene potencial de ser más barato y sostenible que el metal extraído. La brecha entre la demanda y la disponibilidad de material secundario es diferente para cada material.

La responsabilidad ampliada del productor y la economía circular

En el marco legal en que nos movemos no se puede hacer una referencia a la economía circular sin considerar el impacto de la responsabilidad ampliada del productor (RAP). Es importante plantearse hasta qué punto la RAP contribuye a la economía circular y la potencia.

La RAP es un principio ambiental, basado en el principio “quien contamina paga”. Con base en este principio, se amplía la responsabilidad del productor del producto, esto es, del responsable de introducir el producto en el mercado, mediante medidas que pueden incluir [12]) :

“[…] la aceptación de los productos devueltos y de los residuos que queden después de haber usado dichos productos, así como la subsiguiente gestión de los residuos y la responsabilidad financiera de estas actividades. Estas medidas podrán incluir la obligación de ofrecer información accesible al público sobre en qué medida el producto es reutilizable y reciclable.”

El objetivo inicial de la RAP se ha orientado a la recogida y reciclado de los RAEE, y es indudable que gracias a la RAP las cantidades recogidas de AEE han aumentado de forma notable y que los productos tratados con el soporte de los SCRAP, en términos generales, tienen una elevada garantía de que se tratan con un elevado respeto a los estándares definidos en la normativa [13].

La responsabilidad ampliada del productor es una herramienta para conseguir que los AEE se mantengan el máximo tiempo posible en el sistema productivo

A medida que la RAP se consolida empiezan a plantearse otras exigencias a los productores para que avancen en la reutilización y para que a través de sus sistemas de financiación implanten medidas que favorezcan el ecodiseño de los AEE nuevos que se ponen en el mercado. Esto incluye en muchos caso la introducción de medidas de ecodiseño, y todo apunta a que en un futuro se incluirán aspectos ligados a la reparabilidad, durabilidad y reciclabilidad de determinados AEE.

La crítica a la RAP para el desarrollo de la economía circular es que en la medida que los productores no recogen y reciclan sus propios AEE, puede cuestionarse que la RAP vaya a favor de la economía circular, pues el sistema colectivo no impulsa que los productores capturen el valor incluido en sus propios AEE.

La idea preconcebida es que el reciclaje del ciclo abierto es inferior desde una perspectiva ambiental al reciclaje en ciclo cerrado, donde cada productor aprovecha los residuos de “sus” productos. Sin embargo se ha demostrado que esto no es cierto en muchas ocasiones. El reciclaje de ciclo abierto puede tener ventajas sobre el reciclaje de ciclo cerrado. Por ejemplo, al permitir el reciclaje “de proximidad”, con un ahorro en los costes de transporte; o utilizando los materiales en productos de mayor valor añadido que los que originariamente lo contenían. Es decir, la visión de la RAP como un sistema que perjudica la economía circular en la medida que el reciclaje es abierto es incompleta y la RAP puede alinearse con los principios de la economía circular. El riesgo de ir a un reciclaje de baja calidad debe evitarse mediante el desarrollo de AEE que sean más fáciles de reciclar y procesando los RAEE recogidos de forma que no se perjudique la calidad de los materiales que contienen Este es el desafío de la RAP en relación con la economía circular [13]).

Los retos de la economía circular para los AEE

La economía circular es un instrumento para lograr el desarrollo sostenible. Se corre el riesgo de convertirla en una meta en sí misma, incrementando las exigencias ligadas a la economía circular de manera que sus costes ambientales, económicos y sociales superen a sus beneficios, tal y como indicaba Francess Cairncross sobre el reciclaje en los años 80.

Lo importante es que la estrategia elegida para implantar la economía circular lleve a que los productos, componentes y materiales se mantengan en su máxima utilidad durante el mayor tiempo posible.

En el momento de plantearse la implantación de la economía circular, conviene plantearse algunos cuestiones, para evitar que un instrumento útil y necesario se convierta en un fin en sí mismo, y en vez de ser una excelente herramienta para alcanzar el desarrollo sostenible, lo perjudique.

A continuación se incluye una relación de aspectos que conviene tener en cuenta:

  • Las metas definidas en la UE o en España para recogida, reciclaje y reutilización de AEE, ¿son ambientales o políticas? Es cuestionable la decisión de pedir las metas en cada comunidad autónoma (o ciudad autónoma). Es posible que fuera más adecuado garantizar una calidad de servicio para todos los poseedores finales (ciudadanos, entidades públicas y empresas) que colaboran con la RAP y unos mínimos de recogida inferiores a las metas nacionales. En nuestro criterio, la obligación de alcanzar las metas nacionales en todas las comunidades sólo sirve para encarecer el sistema.
  • De forma análoga, la obligación de alcanzar metas de reutilización en todas las comunidades autónomas parece inadecuada. España es uno de los pocos países de la UE (si no el único) que definió estas metas en 2015, y el problema radica en que no parece que las comunidades autónomas con muy poca población puedan generar una estructura de reutilización que garantice alcanzar los objetivos con un coste razonable.
  • La importancia de promover el ecodiseño está fuera de discusión, pero de mi experiencia en países que están trabajando para desarrollar la RAP, las medidas de ecodiseño deben posponerse frente a la implantación de la RAP. La prioridad es implantar y consolidar la RAP para garantizar que existe un sistema fuerte para articular la gestión de los AEE y sus residuos. Los problema han de priorizarse, y la constitución de uno o varios sistemas de productores para gestionar los AEE debe priorizarse sobre los aspectos de ecodiseño. Por tanto, en término de economía circular, la prioridad debe centrarse en la fase de recogida/reciclado de los AEE, para con posterioridad implantar exigencias en cuanto a la reutilización y el ecodiseño.
  • Es importante promover determinados aspectos que apoyan la circularidad, como la posible obligación de que las baterías puedan reemplazarse cuando acaban su vida útil y el deterioro de la batería no suponga la necesidad de desprenderse del producto. No obstante, la selección de aspectos específicos de los AEE para promover la economía circular debe realizarse con prudencia. En general, esto supone comparar aspectos muy diferentes de un mismo AEE: consumo de recursos, transportabilidad, consumo de energía y un largo etcétera. De hecho, los requisitos de diseño ecológico de la UE sobre diseño de diferentes AEE estuvieron muy criticados en su momento por centrarse casi exclusivamente en el consumo energético.
  • Es importante que el país organice la RAP para quedarse la mayor parte del valor de los RAEE recogidos. No es sólo que la economía circular permita retener el valor de los RAEE, es que una parte significativa del valor se quede en el país que financia el sistema.

En resumen, la RAP es una herramienta para conseguir que los AEE se mantengan el máximo tiempo posible en el sistema productivo y aporten el máximo valor antes de convertirse en un residuo. Además, una vez convertidos en residuos deberían seguir aportando valor gracias a la reutilización de sus piezas y el reciclado.

Referencias

1

Forti V., Baldé C.P., Kuehr R., Bel G. Observatorio Mundial de los Residuos Electrónicos, 2020: Cantidades, flujos y potencial de la economía circular. UNU, UNITAR y otros organismos.

2

Directiva 2002/96/CE, de 27 de enero de 2002, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE).

3

Comunicación de la Comisión, COM (2015) 614 final : Cerrar el círculo: un plan de acción de la UE para la economía circular. 2.12.2015.

4

Comunicación de la Comisión, COM (2020) 98 final : Nuevo Plan de acción para la economía circular por una Europa más limpia y más competitiva. 11.3.2020.

5

Circular Consumer Electronics: An Initial Exploration. Ellen MacArthur Foundation. 2017.

6

Electronic waste and the Circular Economy. House of Commons. 2020.

7

Duque Oliart, Ignacio. “Avances en la implantación de la REP de RAEE en Chile. Entregable I: Preparación para la reutilización”. UNEP. Junio de 2021.

8

Study on the EU’s list of Critical Raw Materials (2020). Final Report. European Commission. 31.01.2020.

9

Critical Raw Materials Resilience: Charting a Path towards greater Security and Sustainability. COM(2020) 474 final. European Commission. 3.09.2020.

10

Reglamento (UE) 2017/821 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de mayo de 2017, por el que se establecen obligaciones en materia de diligencia debida en la cadena de suministro por lo que respecta a los importadores de la Unión de estaño, tantalio y wolframio, sus minerales y oro originarios de zonas de conflicto o de alto riesgo. 5.2017.

11

Clerc, Charles et al. «Economía circular y valorización de metales : residuos de aparatos eléctricos y electrónicos”, serie Medio Ambiente y Desarrollo, N° 171, Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), 2021.

12

Directiva 2008/98/CE, de 19 de noviembre de 2008, sobre los residuos y por la que se derogan determinadas Directivas.

13

An enhanced definition of EPR and the role of all actors. WEEEforum. Noviembre 2020.

14

Kunz, Natham et al. «Stakeholder Views on Extended Producer Responsibility and the Circular Economy”. California Management Review 2018, Vol. 60(3) 45 –70.

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