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Economía circular | Obituario
Salvador Sánchez-Terán, un hombre de concordia
Jaime Lamo de Espinosa
Exministro de Agricultura y exministro adjunto al presidente del Gobierno de España
Ha fallecido Salvador Sánchez-Terán, un excepcional ingeniero de caminos y gran amigo personal. Todos somos caminantes hacia la muerte. El tiempo, ese gran enemigo del hombre, es insaciable y, con el paso de los años, va acabando con todos los seres humanos. Mientras llega el final, dos cosas importantes determinan la personalidad de cada persona: la capacidad de amar y la acumulación de todo el conocimiento posible. Y también está la idea de dejar un buen recuerdo a los que nos han rodeado, una memoria estética de nuestro paso frágil y perecedero por este recorrido al que llamamos Vida.
Conocí a Salvador cuando él negociaba el regreso de Josep Tarradellas y yo era adjunto a Fernando Abril Martorell, a la sazón vicepresidente tercero del Gobierno. Salvador venía a menudo a nuestros despachos en Castellana 3 para hablar sobre esa difícil cuestión, que supo llevar a buen término con su excepcional habilidad y discreción. Desde entonces hasta hoy han pasado 44 años en los cuales hemos coincidido en muchas cosas: juicios, análisis y actitudes. Él siempre fue un ejemplo.
En febrero del 78 los dos fuimos nombrados ministros el mismo día. Él, de Transportes y Comunicaciones y yo, de Agricultura. Además de nosotros, también fueron nombrados Rafael Calvo Ortega, como ministro de Trabajo y Agustín Rodríguez Sahagún, ministro de Industria. Desde entonces nuestras vidas transcurrieron muy en paralelo, marcadas siempre por una enorme amistad entre ambos. Incluso cuando tuvimos fuertes discrepancias por temas pesqueros supimos encontrar las soluciones adecuadas y resolvimos nuestros problemas gracias a un entendimiento mutuo nacido del inmenso afecto y compresión que siempre nos unieron.
Tanto en su vida personal como política fue un hombre profundamente católico que vivió intensamente la concordia como fuente salvífica de la Transición, buscando siempre el bien común y el encuentro con los otros. En el plano humano tuvo siempre dos pasiones vitales: por un lado, su mundo salmantino, con Ciudad Rodrigo grabada en la sangre y su finca que tanto disfrutaba; por otro, su pasión por su familia, su mujer y sus hijos. Ciudad Rodrigo y su familia eran su descanso, su remanso de paz, su búsqueda de tranquilidad interior.
Salvador fue un hombre de profundas y sólidas creencias, de conciliación y de concordia
Cuando en 1982 la UCD perdió las elecciones, ambos tomamos el mismo camino: abandonar la política activa con un interés nulo por volver a ella. Desde entonces Salvador demostró su buen hacer y su sabiduría como presidente de la COPE, como presidente del Consejo Social de la Universidad de Salamanca y como presidente y promotor de diversas asociaciones, buscando siempre el equilibrio, la paz, la democracia y la concordia.
En el año 2011 promovió la inauguración de un vítor en el claustro de la Universidad de Salamanca en honor a Adolfo Suárez, universidad en la que este había cursado su carrera de Derecho. El texto, redactado por él, decía y dice ‘La concordia fue posible’ en alusión a sus logros durante la Transición Española. Allí nos encontramos algunos viejos amigos de Adolfo que acudimos desde Madrid y otros, como Alberto Estella, desde Salamanca. La idea de la concordia fue siempre un lucero brillante en la vida de Salvador.
Después, a lo largo de muchos años, en las últimas décadas, coincidimos en la Fundación España Constitucional, donde tuvimos ocasión de debatir sobre la situación política de cada momento. En un plano distinto, nos encontramos en temas relacionados con el mundo de las obras públicas, de las infraestructuras terrestres e hidráulicas; él, desde el Colegio de Ingenieros de Caminos y yo, desde la presidencia de ANCI, pues siendo los dos ingenieros —él de caminos y yo agrónomo— coincidíamos con enorme facilidad.
En el caso de Salvador su concepto de la vida triunfa ciertamente sobre la muerte. Porque sobreviven y son inmortales todos aquellos quienes han dejado la impronta de su alma en la política, las artes, la ingeniería, el campo… En el trabajo cotidiano.
En efecto. Todos los que vencen a la muerte es porque los demás conservamos su huella en nuestra alma… Salvador no dejará de existir mientras su nostalgia y su recuerdo permanezcan en nuestra mente y en nuestro corazón.
Personalmente se me ha ido un gran amigo; una persona a la que estimé y valoré siempre mucho, con quien me entendí siempre y a quien admiré como gran católico y defensor de la fe. Un hombre de profundas y sólidas creencias, de conciliación, de concordia y cuya ausencia lloraré siempre.
Descanse en paz.