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Universidad

La enseñanza de Ordenación del Territorio y Urbanismo en la Escuela de A Coruña

Gael Sánchez Rivas

Doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Máster en Urbanismo.

El Urbanismo y, posteriormente, la Ordenación del Territorio siempre han estado en la base de la formación de los ingenieros de caminos, canales y puertos, aunque hayan pasado por distintas concepciones a lo largo de los últimos 150 años. Así, mientras que las técnicas e instrumentos del urbanismo estaban más ligadas al proyecto urbano y a la resolución de los problemas higiénicos, de circulación y de urbanización, la ingeniería tuvo un protagonismo central en la ordenación urbanística. El tránsito hacia el plan supuso un menor interés desde la ingeniería, aunque ciertamente renovado con el salto hacia la escala territorial.

Hoy en día, la ingeniería parece que se ha ensimismado en el proyecto sectorial, dejando, excepto casos particulares, a otras profesiones la visión integral de la formulación de estrategias y proyectos estratégicos dentro de la ordenación del territorio y el urbanismo. Quizás reducir a una dimensión concreta y técnica la complejidad intrínseca del territorio y lo urbano está detrás de esta decisión. O quizá los motivos están relacionados con las insatisfacciones y dificultades asociadas a los procesos de planeamiento territorial y urbanístico.

En tiempos de cambios e incertidumbres como los actuales, en múltiples aspectos, incluso tanto académicos como profesionales, en un mundo de cambios acelerados, la enseñanza de Ordenación del Territorio y Urbanismo no puede ser ajena al contexto futuro en el que se moverán estas materias en las próximas décadas. En este sentido, las enseñanzas que se les transmitan a los alumnos han de considerar no solo los contenidos que tradicionalmente se han impartido y el marco de referencia conceptual y normativo, sino que también han de procurar integrar algunos de los retos que, como sociedad, no pueden ser obviados y que poseen, bien directa o bien indirectamente, un claro componente territorial y urbano.

Así, el imperativo climático implica un mayor avance en la sostenibilidad, en todas sus dimensiones, del territorio; la reciente pandemia del SARS-COV-2 ha hecho emerger una mayor atención a la salud, tanto física como mental, considerando tanto la protección de los ecosistemas como la movilidad activa y la dotación de espacios verdes en una renovación de las ideas higienistas de siglos anteriores; mientras que parece que se está entrando en una nueva etapa de transformación de los paradigmas y modelos económicos predominantes las últimas décadas, en cuyo horizonte aparece una nueva visión productiva de los territorios y su reindustralización, con la innovación y la digitalización como focos. Al mismo tiempo, la sociedad reclama una mayor atención a su diversidad y a la justicia social.

Sin duda, los distintos documentos estratégicos globales sobre ordenación del Territorio y urbanismo, ya sea la Agenda 2030 y los ODS, la Agenda Urbana Hábitat III,la Agenda Territorial Europea, o las distintas Agendas Urbanas en todas sus escalas, hacen referencia a estos retos y formulan principios y objetivos orientados a su resolución. De este modo, las palabras verde y sostenibilidad, clima y bajas emisiones, medioambiente saludable, economía productiva, circularidad, innovación y justicia social se repiten como principios y objetivos estratégicos con un claro componente espacial, implicando la transformación del hábitat, de nuestros territorios y ciudades. Para ello será necesario construir nuevas obras públicas, pero también la renovación, transformación y humanización de las infraestructuras ya existentes. Una tarea en la que la ingeniería debería tener un notable protagonismo, pero en la que ha de considerar las distintas dimensiones técnicas, ambientales, sociales, económicas y culturales de las obras públicas y de sus efectos sobre su entorno territorial y/o urbano.

Cualquier obra pública ha de considerar cómo contribuye a crear un hábitat más sostenible y saludable

Si las enseñanzas territoriales y urbanísticas han de considerar las cuestiones antes señaladas, en el caso de la Escuela de A Coruña han de tener en cuenta las particularidades de un territorio como el gallego dentro de este marco global. Si bien Galicia es cada vez más urbana —con estructuras territoriales y metropolitanas ciertamente complejas—, no puede darle la espalda a un medio rural con necesidades específicas ambientales, sociales y económicas, y debe fortalecer además una mayor conectividad urbano-rural, de la que depende en gran medida la sostenibilidad del territorio gallego.

Proporcionar los conceptos y las herramientas que permitan a los alumnos entender y conocer el territorio de modo global y la ciudad como concreción de lo urbano ha de ser el objetivo principal de las enseñanzas de Ordenación del Territorio y Urbanismo. Sin embargo, no hay que olvidar que cualquier obra pública tiene una dimensión territorial y/o urbana, no solo en cuanto a los efectos espaciales que se generan sobre el resto de sistemas, sino también en cuanto al entendimiento del contexto en el que se insiere.

De este modo, tanto la planificación como el proyecto de cualquier obra pública han de tener en cuenta y, sobre todo, entender el territorio en el cual se va a implantar, el contexto de los distintos sistemas territoriales y/o urbanos, y también los efectos que puede generar, tanto desde el punto de vista ambiental como social y económico. Es bien conocido que las obras públicas, las infraestructuras, si así se prefiere denominarlas, no son neutras en el territorio, generando una serie de efectos tanto espaciales como sociales, económicos y ambientales, que cada vez más han de ser considerados en los proyectos. Y esto es importante transmitírselo a los alumnos con el fin de que su futura práctica profesional contemple todos estos aspectos.

De este modo, el proyecto de infraestructuras se ha de conceptualizar de un modo complejo, atendiendo a sus múltiples dimensiones, no solo a las propiamente técnicas o constructivas, sino también en cuanto a su inserción e integración en un contexto territorial y/o urbano concreto.

Por tanto, la enseñanza de Ordenación del Territorio y Urbanismo ha de proporcionar los conocimientos y las herramientas básicas para contextualizar, en todas sus dimensiones, tanto la planificación como el proyecto de cualquier obra pública con la finalidad de su integración en un entorno cada vez más complejo y en el que la sociedad reclama atención a múltiples cuestiones que inciden en su bienestar. Así, la importancia de contextualizar en el territorio las obras públicas es clave, ya no solo para su adecuada ejecución y para alcanzar sus objetivos, sino que también para obtener la debida legitimidad social.

En resumen, la enseñanza de Ordenación del Territorio y Urbanismo no ha de entenderse únicamente como una materia autónoma, ensimismada en su campo de actuación, sino que ha de dotar de una base para entender y conocer un entorno complejo, el cual proporciona el contexto, las necesidades y los requerimientos de la planificación y el proyecto de las obras públicas. En este sentido, en un momento en el cual la sociedad reclama mayor atención a aspectos sociales, económicos y ambientales con un claro componente espacial, que poseen una significativa incidencia en su bienestar, con la salud como elemento central, cualquier obra pública, cualquier infraestructura, ha de considerar como contribuye a crear un hábitat más sostenible y saludable; para ello, es necesario conocer y entender su entorno territorial y/o urbano adecuadamente.

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