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La Clave | El patrimonio cultural de la obra pública 2
Canarias: símbolos de la batalla del agua
Las grandes presas más antiguas de las islas
Las presas canarias, símbolos que producen impresiones a propios y extraños, muestran un progresivo envejecimiento técnico y estructural que debería determinar su vigilancia, mantenimiento y conservación para seguir prestando servicio. De las miles de obras hidráulicas construidas, las presas más antiguas son los monumentos de ingeniería más representativos del esfuerzo desplegado por el agricultor canario para regar las plataneras. Sin embargo, y a pesar de sus diferencias y de su valor cultural sobresaliente, los viejos muros de presa no tienen ningún interés cultural para las administraciones. Tampoco la seguridad de las personas, el medioambiente ni las propiedades.
Palabras clave: Presas, antigüedad, cultura, seguridad, mampostería.
The dams in the Canary Islands, symbols that make an impression on locals and foreigners alike, are showing a progressive technical and structural ageing that should determine their surveillance, maintenance and conservation in order to continue providing service. Of the thousands of hydraulic works built, the oldest dams are the most representative engineering monuments of the effort made by the Canarian farmer to irrigate the banana plantations. However, despite their differences and their outstanding cultural value, the old dam walls are of no cultural interest to the administrations. Neither do the safety of people, the environment and property.
Keywords: Dams, antiquity, culture, safety, masonry.
Jaime J. González Gonzálvez
Geógrafo.
Vocal del Comité Nacional Español de Grandes Presas (SPANCOLD).
El archipiélago canario ocupa un lugar destacado en la historia de las grandes presas españolas. No solo por el número de las construidas en un siglo (120), ni por la rotura de Granadillar, ni tampoco por la fuerte tradición en la construcción de presas de mampostería hasta 1970 (92), ni por las cimentaciones singulares ejecutadas para conseguir cerrar los barrancos o por la construcción de una presa bóveda de 132 m de altura bajo la Cruz de Soria (Gran Canaria); también ocupa ese lugar destacado por el alto número de presas privadas (80) frente a las públicas (40), fruto del esfuerzo de los agricultores, ya sea de manera particular, o a través de las Heredades de Aguas (entidades posteriores al agua misma), o de las Comunidades de Regantes —que a pesar de los inconvenientes y peligros, nacieron para tratar de captarlas o alumbrarlas. Además, solo en Gran Canaria se llegaron a diseñar 325 grandes presas, una cifra más que suficiente para calibrar la importancia de lo construido (79).
Casi todas las grandes presas fueron ejecutadas durante la tercera etapa hidráulica (1900–1975), conocida como la «batalla del agua» (expresión de Matías Vega Guerra). El ingeniero José Sáenz de Oíza, director del Proyecto Canarias SPA-15 (1975), lo expresó así: «por la variedad omnicomprensiva de los métodos empleados en su aprovechamiento, por la magnitud de los trabajos realizados, por la singularidad de muchos de ellos, por la participación masiva en este aleatorio negocio, la explotación del agua en Canarias presenta unas características probablemente irrepetibles. Embalses convencionales, depósitos artificiales, desalinización de aguas salobres y marinas, reutilización de aguas residuales, enarenados, gavias de bebedero, pozos, galerías, combinaciones de ambos, intentos de modificación de la lluvia, condensación artificial, todo, en suma, cuanto ha ingeniado el hombre, se puede encontrar en las Islas Canarias. Más de 1500 km de galerías, millares de pozos, muchos centenares de presas y depósitos, varios miles de kilómetros de canales y tuberías en un archipiélago de 7000 km² son un buen exponente del esfuerzo desplegado».
La gran responsable de lo construido fue la platanera, la gran consumidora de agua. Hacia 1950 el cultivo del plátano («la conserva del cielo») precisaba permanentemente tres hombres y 40 toneladas de estiércol por hectárea y año (6559 ha en 1947), además de abonos químicos y riegos constantes en todas las estaciones (unos 16 500 m³ anuales por hectárea). El agua siempre ha sido el bien más preciado, por eso el procurarse el agua es el deseo, la obsesión de todos, ya que vale más que el oro mismo.
En el Catálogo Oficial de las Presas de Embalse (MOP, 1962) solo se registraron 14 terminadas hasta 1940. Todas eran de gravedad, mampostería y planta curvada (Tahodio fue un error). En realidad, se habían construido 31, aunque el muro inacabado de Sintes (14 m de altura, sin cimientos) desapareció del paisaje tras su recrecido (24 m), obra de Saturnino Alonso Vega.
En 1964 los ingenieros de Vigilancia de Presas visitaron Canarias. En el informe sobre el estado de las presas, para aumentar su grado de seguridad, Manuel Alonso Franco escribió que «a escala de la Península todas las presas que prestaban servicio eran pequeñísimas», y que «la presa de San Lorenzo era muy antigua» (tenía entonces 60 años tras su primer incidente en 1904). Posteriormente recrecida, San Lorenzo fue puesta fuera de servicio en 1988 tras su segundo incidente.
Desde 1902 los presistas se inclinaron por diseñar presas de gravedad, fábrica de mampostería con mortero de cal y con la planta curva (a pesar del mayor volumen de fábrica) para conseguir una mayor seguridad en la estabilidad gracias al efecto arco, pero con un perfil tipo con criterios de diseño de corte racional típico de finales del siglo XIX: paramento de aguas abajo escalonado y quebrado (con talud creciente hacia la zona inferior), paramento de aguas arriba vertical salvo en los últimos metros de la base, una anchura notable de la coronación y una amplia galería de limpieza. Ejemplos perfectos de aquellos diseños son las presas del Pinto, Marquesa, Sabinal, Firgas, Casablanca, Quintanilla y Tapahuga. Varios titulares optaron por el talud de aguas abajo liso al iniciarse la construcción (Cardoso, Mondragones, etc.), mientras que otras presas quedaron inacabadas por motivos sociales, económicos o técnicos: Vistilla, González, Pantaleón, etc. En Cuevas Blancas y Peñitas los mampuestos protuberantes lo dicen todo. También se llevaron a cabo recrecimientos con mampostería que dejaron visibles los muros primitivos de Los Hornos y San Lorenzo.
Dos presas fueron hincadas fuera de los cauces, aumentando así la seguridad de las personas. Si el Comité Nacional Español de Grandes Presas incluyó la Charca de Ascanio en su Inventario de Grandes Presas (1970) porque rendía o podía rendir un servicio a España, entonces la presa Samsó también debería ser registrada en los inventarios. Además, la rotura o funcionamiento incorrecto de estas estructuras también puede producir daños materiales y pérdidas de vidas humanas. En Canarias, el ejemplo vivo de que una mínima cantidad de agua almacenada puede causar una catástrofe lo tenemos visible en los restos de la presa de Granadillar. Su rotura súbita en 1934, con 110 300 m³ según proyecto y 85 838 m³ según los peritos, causó daños materiales y ocho víctimas.
Las 30 grandes presas más antiguas de Canarias
A pesar de su notable antigüedad, importancia histórica y características técnicas, ninguna gran presa ha sido declarada Bien de Interés Cultural
Es incuestionable que las grandes presas de la batalla del agua han envejecido de manera notable desde la rotura de Granadillar (1934). Ya hay diez que tienen más de 100 años y 11 con más de 90. Si el territorio es función de la escala, aquí son muros de presa gigantes, muy antiguos y con mucha historia, por lo que deben mantener sus condiciones de seguridad y funcionalidad con datos reales.
El tema estricto es, pues, que frente a la ilusión de los cálculos numéricos con datos conservadores de algunos ingenieros (p. ej., presa de Chira), la evidente realidad es la certeza de la baja densidad que tienen las presas de mampostería y su antigüedad real. Sáenz de Oíza registró en 1971 que la fábrica de las presas canarias tiene densidades bajas (menos de 2 Tn/m³ cuando los mampuestos no son rocas pesadas); que las aguas van impermeabilizando el talud de aguas abajo con incrustaciones de cal; y que, al carecer de drenaje, la subpresión puede llegar a ser total y las condiciones de estabilidad, precarias. En 1972 el Servicio Geológico de Obras Públicas determinó que la densidad de la fábrica de la presa De las Niñas era muy baja (del orden de 1,80 Tn/m³).
Puede comprenderse, por tanto, que de las miles de obras hidráulicas construidas para el aprovechamiento de aguas superficiales —conducciones, estanques, presas— y de alumbramiento de aguas subterráneas —minas, galerías, pozos—, las más representativas del esfuerzo desplegado sean, sin lugar a dudas, las presas más antiguas con una altura superior a 15 m desde el punto más bajo de su cimentación hasta el punto más alto de su estructura resistente. La complejidad de cerrar los barrancos —carentes de corrientes permanentes, pero con avenidas torrenciales— para captar y almacenar agua con destino a riegos; la notable antigüedad de unos monumentos de ingeniería complejos con muchos años de explotación; y la inconmensurable belleza de algunos muros de mampostería, entre otras muchas razones, aportan un valor cultural sobresaliente a las 30 grandes presas más antiguas de Canarias y, en el caso de 28 de ellas, hace muy necesarios la vigilancia y el control para proteger a las personas, el medioambiente y las propiedades. Ahora bien, a pesar de su notable antigüedad, importancia histórica y características técnicas, ninguna gran presa ha sido declarada Bien de Interés Cultural (monumento de ingeniería) por parte del Gobierno de Canarias, fruto de un presupuesto ideológico y epistemológico de arqueólogos y antropólogos funcionarios, ni tampoco hay planes de emergencia aprobados.
En Canarias los catálogos de protección municipal se han modificado para destruir o alterar obras hidráulicas, mientras se declara BIC un velero construido en 1910 (balandro Tirma), o el mirador de La Peña (1989); y, en materia de seguridad, las presas aún no han sido clasificadas por sus titulares atendiendo al doble criterio de su dimensión y en función del riesgo potencial derivado de su rotura o funcionamiento incorrecto. La propuesta de clasificación de ocho de las nueve grandes presas del Cabildo de Gran Canaria en 2017 no puede ser resuelta por su propio gestor, ya que el Consejo Insular de Aguas es la administración que tiene las competencias en materia de seguridad de presas en Gran Canaria. Hasta 2023 no han enviado el estudio técnico realizado por un ingeniero local a ninguna otra administración, cuando el proceso de clasificación determina las exigencias de su seguridad.
En consecuencia, la declaración de interés cultural de algunas grandes presas canarias con la máxima figura jurídica del patrimonio histórico español debe ser una prioridad, porque son esculturas vivas de la agricultura del plátano y símbolos que poseen una significación determinada de aquella intensa e impresionante batalla del agua. Y, por último, se tiene que implantar una seguridad de presas controlada por una entidad independiente a los titulares y gestores. Lo que hay ahora es prepotencia.
La declaración de interés cultural de algunas grandes presas canarias debe ser una prioridad
Referencias
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