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Los retos de la energía

Digitalización en el sector de la energía

Las redes como palanca de la transición energética y digital

Jorge Sánchez Cifuentes

Focal Point Innovation Iberia. Enel.

©Adi Goldstein

Desde la segunda revolución industrial, cuando se generalizó el uso de la energía eléctrica como palanca para la producción en masa, las redes eléctricas no han parado de crecer. Este crecimiento ha estado planificado en función de una demanda determinística en la que los grandes centros de consumo dictaban las necesidades mientras que los consumos domésticos, debido a su baja electrificación, eran poco relevantes en la planificación energética global, basada fundamentalmente en grandes centros de producción, cercanos y orientados a los grandes consumos.

En el último tercio del siglo XX, coincidiendo con el gran avance científico proporcionado por la tercera revolución industrial, la mejora en la renta familiar permite tener al alcance las nuevas tecnologías; los electrodomésticos entran en las casas y el consumo debido al sector residencial se cuatriplica al aumentar la electrificación y duplicarse los hogares, empujando de nuevo a las redes de distribución a su refuerzo.

Hoy estamos de lleno en la cuarta revolución industrial. Los grandes avances en la capacidad de computación junto con la generalización de las tecnologías de comunicación abren la puerta a la digitalización que, a través de la inteligencia artificial, la robótica y la automatización de los procesos, está entrando de lleno en nuestras vidas. Las nuevas tecnologías ya están presentes en prácticamente todos los servicios y poco a poco las estamos aceptando, tal y como nos muestra el índice de digitalización de Europa. Este indicador, que mide cuatro aspectos de la digitalización en la sociedad, se sitúa en el 54% de media en la comunidad europea en el año 20221. Un valor que, aun siendo bueno, nos indica que estamos en plena revolución y que sigue siendo necesario un impulso para no dejar a nadie atrás.

El sector de la distribución de la energía eléctrica no es ajeno a esta revolución. El vector eléctrico, por su generación local y limpia basada en fuentes renovables, permitirá cumplir los objetivos de la transición energética mediante la electrificación de la demanda; para ello la red será clave al ser el elemento integrador del sistema.

La red de distribución tiene que seguir siendo el elemento neutral que habilite la transformación y permita la conexión de las fuentes de generación renovables y las nuevas fuentes de consumo, como son el vehículo eléctrico o la climatización basada en la tecnología de aerotermia o geotermia de baja temperatura, que son mucho más eficientes respecto a la energía primaria que las actuales calderas y que, en algunos casos, en función de su rendimiento medio estacional, se consideran sistemas renovables.

El cambio en los nuevos usos de la electricidad implicará cambios en diferentes ámbitos de la distribución eléctrica (2), desde la operación a los servicios de red, implicando una evolución de operador de distribución (DO) a operador del sistema de distribución (DSO), y requerirá un importante volumen de inversiones, cifrado según los diferentes estudios entre los 22 (3) a los 46 mil millones de euros (4) en el periodo de la transición.

Estas cifras marean un poco y, aunque siempre pensamos que este gasto se enfocará en los países más desarrollados, el 80% del crecimiento esperado de la red –desde los 80 millones de kilómetros actualmente existentes en todo el mundo a los 170 millones de kilómetros en 2050– se centrará en países en vías de desarrollo, (5) cumpliendo con los objetivos de una transición justa.

Aunque una gran parte será destinada a la ampliación de la capacidad de las redes, en Europa la cuarta parte (24%) de esta inversión corresponderá a la digitalización (6) y se espera que el 95% de la demanda de servicios sea satisfecha por la industria local, creando empleo directo, lo que representará una oportunidad de desarrollo en la región.

¿Qué hace falta para poder llevar a cabo la digitalización de la red? Fundamentalmente se necesita que se den simultáneamente tres condiciones: casos de uso, tecnología y un marco estable que posibilite el desarrollo a medio o largo plazo. En estos momentos en Europa se dan las tres condiciones para que se acelere el proceso.

Los casos de uso están definidos por los grandes retos que tiene la red por delante para ser «habilitadora» de la transición energética:

  • Envejecimiento de la infraestructura: si bien la red eléctrica ha evolucionado conforme a las necesidades de la sociedad, muchos de sus activos tienen décadas de antigüedad y necesitan ser repotenciados o reemplazados por otros digitales.
Muchos de los activos de la red eléctrica cuentan con décadas de antigüedad y necesitan ser reemplazados o repotenciados. Galerías de la Subestación de Mata (Barcelona).
  • Adecuación a la demanda de energía: la demanda de energía eléctrica sigue aumentando en todo el mundo debido al crecimiento de la población y al aumento de la electrificación de la demanda. Sin embargo, el aumento de la eficiencia energética y el autoconsumo pueden hacer que la demanda no aumente drásticamente, aunque sí variarán los perfiles de consumo. La red eléctrica debe ser capaz de satisfacer esta nueva demanda y garantizar la estabilidad y la calidad del suministro eléctrico.
  • Integración de fuentes de energía renovable: la integración de fuentes de energía renovable como la solar y la eólica, cada vez más presentes en los niveles bajos e intermedios de tensiónpresenta desafíos para la red de distribución eléctrica, ya que estas fuentes son intermitentes y variables en su generación de energía, pudiendo afectar a la calidad de suministro. La red eléctrica debe ser capaz de gestionar la fluctuación derivada de la generación y asegurar un suministro estable y confiable de la energía.
  • Flexibilidad de la red que dote de mecanismos suficientes para la integración de las renovables, el almacenamiento y el vehículo eléctrico de forma eficiente y económica, reduciendo la volatilidad de los precios de la energía y manteniendo la calidad de suministro.
  • Ciberseguridad: con la digitalización progresiva, la red eléctrica comienza a ser vulnerable a los ataques cibernéticos de modo que la seguridad de la infraestructura crítica, y, por tanto, la confiabilidad del suministro eléctrico, pueden verse comprometidos. La ciberseguridad es un desafío crítico que debe ser abordado de forma holística en el sistema de distribución eléctrica.
  • En el proceso de abordar dichos retos, podemos distinguir dos vertientes: la primera será la que pondrá a prueba toda la cadena de suministro y está relacionada con los activos meramente eléctricos (como transformadores, conductores, etc.) y la segunda, que es la que nos ocupa, será la vertiente más tecnológica, que creará un nivel superior de inteligencia con un amplio despliegue de tecnologías que aportarán observabilidad, capacidad de proceso y la actuación necesaria para que los sistemas de gestión del sistema de distribución soporten la operación de la nueva red, dotándola de la flexibilidad necesaria para el nuevo entorno.

Si hacemos un rápido repaso de las tecnologías que se incorporarán a las redes, podríamos enumerar un sinfín de siglas que soportan las tecnologías habilitantes como son: IoT, 5G, IA, big data, edge computing, electrónica de potencia, nuevos materiales, Digital Twin, robótica, … y que necesitarían casi un capítulo aparte dedicado a explicarlas en detalle. Pero, si atendemos a su uso, podríamos agruparlas en 5 categorías de aplicación a las redes:

Sensores y medidores inteligentes: con el objetivo de proporcionar observabilidad a la red, es básico recopilar y transmitir datos en tiempo real sobre la calidad del suministro eléctrico, la carga de la red, el consumo de energía y otras variables relevantes. Esta capa se convierte en los cimientos de la digitalización, permitiendo a los operadores de las redes tomar decisiones orientadas a los datos (data driven) y mejorar la eficiencia del sistema.

  • Redes de comunicaciones avanzadas: las redes de comunicaciones avanzadas con protocolos normalizados (como la fibra óptica) y las redes inalámbricas de alta velocidad (5G) permiten la transmisión de datos en tiempo real entre los dispositivos de la red eléctrica (IoT) y los centros de control, permitiendo una gestión más efectiva de la red y una respuesta más rápida a sus necesidades.
  • Sistemas de gestión del sistema de distribución: permiten a los operadores de la red supervisar y controlar la generación y la distribución de la energía eléctrica. Estos sistemas permitirán también optimizar la utilización de los recursos energéticos y reducir los costes operativos. Será básica la simulación, los modelos predictivos representados mediante el gemelo digital (Digital Twin) y la realidad virtual.
  • Inteligencia artificial (IA) y análisis de datos (bigdata): serán una pieza clave e imprescindible para procesar grandes cantidades de datos de la red eléctrica y obtener información valiosa sobre su funcionamiento que permita operarla de forma asistida y automatizada. Estos sistemas podrán detectar de forma anticipada eventos críticos en la red antes de que se conviertan en fallos o averías, así como adaptar las configuraciones y dotar al sistema de la resiliencia cada vez más necesaria debida a los eventos climatológicos extremos.
  • Automatización y control remoto: la automatización y el control remoto permiten a los operadores de la red controlar y supervisar los equipos de la red de forma remota. La robótica, los drones y la electrónica de potencia mejorarán la eficiencia y la seguridad de la red al reducir la necesidad de intervenciones manuales y la exposición a riesgos laborales de las personas que trabajan en su operación.
Nuevas tecnologías se están incorporando a la red eléctrica y a los sistemas de gestión de la distribución lo que permite una optimización de los recursos.

En el ámbito de la inversión, la Unión Europea, consciente del reto, acordó un paquete de medidas extraordinarias de financiación por valor de 750 000 M€, los fondos Next Generation EU, que se canalizan en forma de subvenciones y préstamos, de los que a España le corresponden unos 140 000 M€. La principal partida de los fondos europeos se destina al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, con 672 500 M€. Para acceder a los fondos de este Mecanismo, los Estados Miembros han tenido que elaborar planes nacionales de recuperación y resiliencia; en el caso de España, aprobado el 16 de junio de 2021.

El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) español incorpora reformas e inversiones para lograr cuatro objetivos transversales: impulsar la transición ecológica, acelerar la transición digital, promocionar la cohesión territorial y social, y reducir la brecha de género.

El PRTR se implementa en 10 Políticas Palanca y 30 Componentes7. La digitalización de las redes se incluye en el Componente 8 (C8.I2),8 materializado el 21 de diciembre mediante la publicación del Real Decreto 1125/2021 para regular la concesión directa de subvenciones a las empresas distribuidoras de energía eléctrica; está dotado de hasta 525 millones de euros correspondientes al 50% de la inversión esperada para el periodo 2021-2023 en activos para la digitalización de redes de distribución e infraestructuras para la alimentación de instalaciones de recarga de vehículos eléctricos de acceso público y de potencia superior a 250 kW.

Tener un mecanismo tractor de incentivo como el PRTR ha permitido a empresas como edistribución, filial de redes de Endesa, acelerar sus planes de digitalización de la red, dedicando inversiones en el año 2021 de 379 millones de euros en dos ejes principales:

  • Digitalización de la red para avanzar, entre otros ámbitos, en la monitorización avanzada de centros de transformación. A finales de 2021 había monitorizados más del 30% de los centros de transformación y se espera llegar a monitorizar más del 70% del total en los próximos años.
  • Automatización de la red para avanzar en la instalación de nuevos equipos de telemando y la modernización de sistemas de telecontrol y comunicación. Al término del 2021 había casi treinta mil dispositivos telemandos instalados, con el objetivo de sobrepasar los cuarenta mil para 2024.

Detalle de un centro de control digitalizado.
Trabajos de revisión efectuados con drones.

Además, se diseña un plan a medio plazo en el que se aceleran los principales ejes de digitalización para el periodo 2021-2023 con proyectos como:

  • Network Digital Twin: modelo 3D basado en realidad virtual y aumentada de la infraestructura de la red a través del mapeo aéreo y terrestre de la infraestructura, incorporando los datos dinámicos obtenidos mediante la monitorización.
  • Digitalización de subestaciones: renovación de los equipos de la subestación encaminada a mejorar su fiabilidad mediante la digitalización y migración de la red propia de comunicaciones a IP.
  • Digitalización de baja tensión: sensorización y telecontrol de la infraestructura de redes eléctricas de baja tensión encaminados a mejorar la fiabilidad.
  • Calidad en la atención al cliente y otros sistemas digitales: desarrollo de sistemas digitales destinados a mejorar la atención a los clientes, ampliar la información que reciben, y facilitar la comunicación bilateral entre empresa y clientes.
  • Automatización y telecontrol de la red MT: instalación de telemandos en la red de media tensión para limitar el tiempo de interrupción de suministro a los clientes por fallos que pudieran ocurrir en la red.
Imagen de una termografía.
Índice de Economía y Sociedad Digitales (DESI) 2022.

E-distribución está comprometida con los objetivos de descarbonización y estas inversiones permiten avanzar con paso firme hacia la digitalización de las redes así como alcanzar los ambiciosos objetivos que, como país y sociedad, tenemos por delante.

Como conclusión podemos afirmar que la nueva revolución digital ya está en marcha en las redes de distribución, pero que para que sea una realidad las distribuidoras tienen que construir y hacer realidad su viaje digital mediante la construcción de capacidades internas que deberían desarrollarse en un entorno estable.

Realmente estamos ante un proceso de cambio en el que se tienen que incluir aspectos técnicos, sin duda, pero también aspectos relacionados con el aprendizaje y la cultura de la organización. Sin un cambio en la forma de trabajar, la tecnología no será suficiente para conseguir los resultados esperados.

En el inicio del viaje se han establecido casos de uso limitados junto con un plan estratégico con objetivos claros y compartidos entre los empleados. Sin embargo, habrá que vencer muchas barreras y resistencias naturales en la organización, construyendo las habilidades técnicas necesarias en los grupos de operación internos y de contratistas. Estas implicarán la formación de nuevos profesionales que dominen más de una rama de la ingeniería y puede ser necesaria la adaptación de los estudios técnicos.

El entorno también se muestra favorable. El establecimiento de planes como el PRTR, encaminados a crear el clima propicio, permiten abordar y acelerar los proyectos de transformación a largo plazo de forma colaborativa y con un marco estable. Sin embargo, es necesario continuar con el impulso mediante la incorporación de las nuevas necesidades surgidas del REPowerEU al esquema planteado por el Real Decreto 1125/2021, ampliando la iniciativa de digitalización de las redes a años posteriores al 2023.

Acelerar la transición pasa por habilitar nuevas herramientas que aporten seguridad jurídica y que favorezcan la innovación necesaria en un entorno regulado, como es la habilitación de un marco normativo de pruebas (sandbox) que posibilite la realización de pilotos en entornos completamente reales. Se requiere, además, simplificar y agilizar los trámites de autorizaciones y coordinación de las administraciones para permitir la puesta en servicio de las nuevas instalaciones, así como la adecuación de la regulación a las nuevas tecnologías y funciones necesarias.

Estamos ante una excelente oportunidad para dar un salto definitivo en la digitalización de la red, pero también ante un enorme reto, que supondrá una alta colaboración de todos los agentes implicados, siendo clave avanzar hacia una mayor coordinación TSO/DSO para lograr una gestión más eficiente del sistema eléctrico en su conjunto, tanto en la planificación como en la operación coordinada, mejorando la información compartida entre ambos.

Referencias

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