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Monográfico Agustín de Betancourt | José Miguel Atienza

Director de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid

“La influencia de Betancourt ha consolidado la Escuela de Caminos como un referente mundial de la ingeniería civil”

José Miguel Atienza es director de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid desde 2022. Doctor ingeniero de caminos, es profesor del departamento de Ciencia de Materiales desde hace 25 años. Ha recibido numerosos premios por su labor investigadora e internacional, y asegura que siente «un profundo respeto por universidad pública y un inmenso cariño a la Escuela».

Ignacio Menéndez-Pidal de Navascués

José Miguel Atienza ha venido ocupando ininterrumpidamente desde 2006 cargos de responsabilidad en gestión universitaria en el ámbito de la Escuela y la Universidad. En 2022 fue elegido director de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid. Anteriormente, en el periodo 2016-2020, fue vicerrector de Estrategia Académica e Internacionalización de la UPM.

Investigador en el área de Materiales Avanzados, ha publicado más de 50 artículos en revistas científicas internacionales y participado en más de 30 proyectos de investigación en convocatoria pública y contratos con empresa. Como docente, ha sido director de dos grupos de innovación educativa y ha participado en más de 25 proyectos de innovación educativa, siendo investigador principal en 11 de ellos.

Desde 2021, coordina una red internacional de investigadores en el ámbito de la diplomacia que trata de hacer consciente a la comunidad científica de la relación entre la tecnología y la geopolítica y que ha recibido la distinción de Cátedra Jean Monnet por la UE. Por su labor en relaciones internacionales ha recibido la Cruz de Oficial de la Orden de Isabel la Católica, que entrega el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Su trabajo, en sus propias palabras: «se centra en ese espacio que hay entre la táctica y la estrategia en el día a día de una institución pública de enseñanza como la nuestra; cómo facilitar su avance en un tránsito que debería ser permanente entre su memoria e identidad y una visión de futuro imprescindible para poder sobrevivir en un contexto cada vez más agresivo».

¿Qué legado dejó Agustín de Betancourt en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y cómo ha influido en la formación de los ingenieros a lo largo de los años?

Agustín de Betancourt fundó la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales en 1802, inspirándose en el modelo de las grandes écoles francesas, en especial, la École Nationale des Ponts et Chaussées de París, la escuela de ingeniería civil más antigua del mundo.

Impresiona su ambición: se tradujeron los mejores libros sobre ingeniería civil que había editados en el mundo; se aplicaron metodologías innovadoras y, sobre todo, se introdujo un enfoque integral en la formación de ingenieros, un peculiar modelo educativo basado en formar ingenieros versátiles y de largo recorrido, con una sólida formación básica y con conocimientos transversales en todos los ámbitos de la ingeniería civil.

Al cabo de doscientos veintidós años de su fundación, este modelo sigue vigente y su gran obra pervive. Hoy, la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid es uno de los mejores centros universitarios del mundo dedicados a la ingeniería civil, un verdadero corazón de la industria española de la construcción de infraestructuras. Su influencia directa e indirecta ha ayudado a llevar a cabo una profunda transformación de las infraestructuras en España, dando respuesta a las necesidades de una sociedad en continuo avance. Así mismo, sus ingenieros han sido claves para el desarrollo de un sector empresarial que ha superado con éxito el reto de la internacionalización, de manera que hoy en día es posible afirmar que las grandes empresas españolas, en su mayoría fundadas y dirigidas por antiguos estudiantes de la Escuela, ocupan una posición de liderazgo internacional y sus proyectos, obras y concesiones se encuentran repartidas por todo el mundo.

Sala de Faros del Museo de la Escuela de Caminos, Canales y Puertos.

Agustín de Betancourt tuvo una etapa significativa en Rusia, donde contribuyó al desarrollo social, económico y técnico del Imperio ruso. ¿Cómo ha influido esta experiencia internacional en el enfoque educativo y la proyección internacional de la Escuela?

La experiencia internacional de Agustín de Betancourt fue crucial para su desarrollo profesional y tuvo un profundo impacto en su enfoque educativo. Esa visión internacional está en el ADN de nuestra Escuela, que adoptó un modelo educativo abierto a influencias y colaboraciones internacionales, atrayendo a estudiantes y profesores de diversas partes del mundo. Nuestra Escuela nació con la clara aspiración de competir en Europa: «proporcionar la indispensable instrucción a los jóvenes que aspiren a ser ingenieros de Caminos y Canales, de manera que con el tiempo rivalicen con los más famosos de Europa», dijo Larramendi en 1829.

Incluso antes de que el programa Erasmus se pusiera en marcha, era significativo el número de alumnos de la Escuela que completaban sus estudios en otros países y ya estábamos hablando de la primera doble titulación con nuestra alma mater, la École des Ponts de París. Hoy, más del 50% de los egresados de máster han realizado estancias en el extranjero; buena parte de ellos completan una doble titulación en universidades de alto nivel de Europa, EE. UU., China o Latinoamérica. Además, una veintena de alumnos realizan anualmente su proyecto de final de carrera en el ámbito de la cooperación al desarrollo en zonas necesitadas de África y Latinoamérica.

La integración de experiencias y conocimientos internacionales ha permitido que la Escuela forme ingenieros capaces de enfrentar desafíos globales con soluciones innovadoras y con capacidad para trabajar en entornos multidisciplinares e internacionales, lo cual resulta imprescindible para nuestras empresas, que hoy trabajan por todo el mundo.

La visión internacional de Betancourt está en el ADN de nuestra Escuela

¿Podría describir algunos de los hitos más significativos de la Escuela desde su fundación hasta la fecha, incluyendo algunas contribuciones importantes de sus graduados?

Diría que la historia de la Escuela es un reflejo fiel de la de la ingeniería civil en España. Intento hacer un repaso breve y pido disculpas porque seguro que olvido nombres y acontecimientos.

Obviamente hay que empezar por su fundación en 1802, que marca el inicio de la formación en ingeniería civil en España: Betancourt y Lanz tuvieron que marcharse pronto y la Escuela cerró. Pero, sin duda, esto marca el carácter y la ambición que la definen: fue pensada para competir a primer nivel mundial.

La segunda etapa sería la de los primeros graduados y las obras pioneras: unos comienzos titubeantes hasta que, en el año 1858, los ingenieros de caminos consiguieron algo que les ganó el respeto de la sociedad: solucionaron el abastecimiento de agua de Madrid. El Canal de Isabel II (Lucio del Valle, Juan Rafo, Juan de Ribera) cimentó el prestigio de nuestra Escuela y su profundo vínculo con Madrid.

Se podría también citar una tercera etapa de expansión y modernización, en el siglo XIX, cuando la Escuela amplió su currículo y se consolidó de forma significativa: ferrocarriles, faros, puertos, etc… Aquella Escuela daría graduados como Juan de la Cierva, José Echegaray, Leonardo Torres Quevedo… En ese momento, la ingeniería de caminos consolida un prestigio que la acompañará todo el siglo XX. Se estaba forjando el estado moderno y la Escuela fue un elemento clave para vertebrar, tanto en sus infraestructuras físicas como administrativas y jurídicas, el territorio español.

Galería de modelos de l’École nationale des Ponts et Chaussées, cuando estaba en los antiguos locales de la rue des Saints-Pères (París).

Durante la segunda mitad del siglo XX, la Escuela, sus profesores y sus egresados ayudan a reconstruir un país hundido por la guerra civil hasta convertirlo, al final del siglo, en una referencia para el mundo en infraestructuras civiles, permitiendo además el desarrollo de un sector empresarial que después será líder en el mundo. Es un periodo de enorme desarrollo de las infraestructuras hidráulicas (Lorenzo Pardo), de desarrollo geotécnico y geológico (Entrecanales, Clemente Saénz, Ventura Escario, Jiménez Salas) y de innovación en ingeniería estructural y materiales (Eduardo Torroja, Fernández Casado, Manuel Elices, José Calavera, Javier Manterola, Martínez Calzón). No podemos olvidar tampoco el transporte, con el ferrocarril y la carretera como elementos estructuradores del territorio. Se gestan además algunas de las grandes empresas del sector, casi todas fundadas y dirigidas por egresados de la Escuela: Entrecanales, Ferrovial, Dragados, OHL… Es una época vibrante, con un montón de nombres e hitos que no hay tiempo para citar aquí.

Al final del siglo XX e inicios del XXI, entramos en una quinta etapa de grandes contribuciones internacionales. Espoleados por el alto nivel de lo construido en España y amenazados por la parálisis interior provocada por la crisis económica, las empresas del sector dan el salto internacional y se convierten en referencia mundial. En paralelo, la Escuela da soporte a ese reto comprometiéndose con la necesidad de acreditar internacionalmente todos nuestros títulos con el sello americano ABET y logrando también el reconocimiento de nivel de máster del título tradicional de ingeniero de caminos, de forma que nuestros egresados fueran mejor valorados en las licitaciones internacionales. Hoy nuestros ingenieros e ingenieras acompañan con éxito a las empresas españolas por todo el mundo.

¿Qué viene a continuación? Los efectos del cambio climático, la transición ecológica y energética, la cohesión territorial o la digitalización van a provocar cambios importantes en las infraestructuras civiles, que volverán a tener un papel protagonista para el desarrollo de la sociedad. Creo que veremos una nueva era de las infraestructuras civiles en la que la ingeniería de caminos y la Escuela deberían seguir jugando un papel relevante.

¿Cómo se está adaptando la Escuela a los cambios tecnológicos y las nuevas demandas de la ingeniería civil en el siglo XXI, incluyendo la digitalización y la automatización?

Sin duda, la Escuela debe avanzar y posicionarse en los dos grandes retos que enfrenta la ingeniería civil: la transición ecológica y la digitalización. Posicionarse en esos ámbitos no implica solo cambiar un par de asignaturas. Es algo más complejo. Significa que la sociedad y el sector te reconozcan como un actor relevante en ese proceso. Para avanzar a la velocidad que necesitamos hoy es imprescindible aportar recursos externos y liderazgo a nivel de Escuela, y no es fácil pensar en grande en la universidad pública española.

Trato de hablar de acciones concretas: en el marco de un gran proyecto europeo liderado por la Escuela, en 2023 lanzamos la primera edición del Máster de Gemelos Digitales Aplicados a Infraestructuras y Ciudades que ahora está terminando. Coordinado por nuestra Escuela, es un máster europeo conjunto con otras tres universidades, entre ellas la École des Ponts de París. Diseñado para profesionales, brinda capacitación integral en las tecnologías clave utilizadas en la digitalización de infraestructuras, la capacidad de concebir gemelos digitales para abordar desafíos específicos en infraestructuras (planificación, diseño, construcción, operación y gestión) así como habilidades para identificar oportunidades de negocio creadas por la digitalización. Frente a la proliferación de cursos centrados exclusivamente en BIM, no exagero si digo que este Máster es muy completo y transformador y dota a los profesionales de un conocimiento muy potente y de largo recorrido en herramientas digitales y su aplicación a las infraestructuras civiles.

Los siguientes pasos (consolidar el Máster, generar un centro de digitalización con la colaboración de las empresas y buscar la sostenibilidad con nuevos proyectos) no son nada fáciles, pero es indudable que estamos en marcha. La Escuela cuenta hoy con el Máster más potente del sector y así lo perciben también las empresas que se han sumado con mucho interés a la iniciativa.

Enfoque multidisciplinar, que aúne las disciplinas clásicas junto con la digitalización con la colaboración de las empresas.

¿Qué papel juega la internacionalización en la formación de los estudiantes de la Escuela hoy en día, y cómo se refleja esto en convenios y colaboraciones con otras universidades y organizaciones?

La Escuela tiene acuerdos de intercambio con más de 150 universidades de todo el mundo y 20 acuerdos de doble titulación con algunas de las mejores escuelas de ingeniería civil de Europa, América, Asia y Oceanía. Para nosotros es fundamental asegurar que nuestros estudiantes estén preparados para trabajar en un contexto global y enfrentar desafíos internacionales, porque esta es la realidad de nuestras empresas.

Todo ello se engloba dentro de una estrategia de internacionalización de la Escuela más amplia, que busca fundamentalmente el posicionamiento o reconocimiento internacional y el acompañamiento a nuestro sector empresarial allá donde se necesite. Hoy el mundo universitario opera como un «bien posicional». La jerarquía posicional marca el valor. De ahí la continua referencia a rankings internacionales, realizados con criterios siempre discutibles, pero que cumplen la función de posicionar a las instituciones.

La Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid ocupa entre el 5.º y 8.º puesto como mejor centro de enseñanza del mundo en ingeniería civil en las siete ediciones publicadas hasta hoy del ranking de Shanghái (ARWU), que es el más respetado del mundo. Eso le sitúa como el centro universitario español, de cualquier área y especialidad, mejor considerado a nivel internacional.

La Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid ocupa entre el 5.º y 8.º puesto como mejor centro de enseñanza del mundo en ingeniería civil.

El modelo formativo de la Escuela (tanto en grado como en máster) también ha sido acreditado por la agencia estadounidense ABET y por la europea EURACE. Los sellos de calidad internacionales más reputados han permitido que nuestros graduados tengan reconocido su título en todo el mundo, apoyando la internacionalización de nuestras empresas.

La internacionalización y el posicionamiento internacional son, sencillamente, una necesidad para competir en el contexto de una educación superior cada vez más globalizada.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta actualmente la profesión de ingeniero de caminos?

Quisiera llamar la atención sobre lo que yo creo que es el verdadero reto donde nos jugamos el futuro de nuestra profesión: el talento.

En la década de 2010, la crisis de la construcción y una adaptación a Bolonia a regañadientes, entre otros factores, provocaron una profunda crisis de vocaciones de la que las escuelas de caminos de toda España nos resentimos profundamente. Teniendo en cuenta que necesitamos entre seis y ocho años para formar a un buen ingeniero o ingeniera de caminos, lo que se sembró entonces es lo que hoy está recibiendo el mercado: buenos ingenieros, pero muchos menos de los que se necesitan.

Hoy soy optimista. Los últimos años están mostrando un aumento significativo de las vocaciones (y la consiguiente mejora en las notas de corte). Las escuelas de caminos trabajamos unidas para mejorar el atractivo de nuestros títulos. Las empresas han recuperado su presencia en las Escuelas; esto es fundamental porque el vínculo con la profesión siempre ha sido parte de nuestra identidad. Pero aún hay margen de mejora. Mi sensación es que el futuro de nuestra profesión se está jugando hoy en el atractivo de nuestras escuelas y que necesitamos el apoyo de nuestro sector.

España tiene uno de los mejores ecosistemas del mundo en construcción de infraestructuras y también algunas de las mejores escuelas de caminos, y no es casualidad. Creo que deberíamos ser conscientes de que cuando, en algún momento, una parte de ese ecosistema sufre lo acabamos pagando todos. Para mí es indudable que los problemas que hace diez años sufrimos las escuelas hoy los tiene el sector. Y esto es una de las principales amenazas que afrontamos. En mi humilde opinión, hay una cierta lección en todo lo que ha pasado que deberíamos aprovechar como sector.

Despacho del Director de la Escuela de Caminos (1913). Fuente: Anuarios de la Escuela Especial de Caminos.
Biblioteca de la Escuela de Caminos (1913). Fuente: Anuarios de la Escuela Especial de Caminos.

¿Qué tendencias, como la inteligencia artificial y la ingeniería sostenible, ve emergiendo en la ingeniería civil, y cómo se prepara la Escuela para integrarlas en su currículo?

Más que tendencias, yo hablaría de respuestas. La ingeniería de caminos debe responder a los retos que enfrenta la sociedad. El crecimiento urbano, los nuevos modos de movilidad, la escasez y encarecimiento de los recursos materiales y energéticos, la necesidad de mitigar las consecuencias del cambio climático y de adaptarnos al mismo han hecho que los problemas a resolver hoy en día sean muy distintos. Nuestras infraestructuras son cada vez más complejas e interdependientes, se extienden a través de fronteras regionales y nacionales, y dependen cada vez más de la sofisticada tecnología digital. Se han vuelto frágiles como resultado de la gobernanza fragmentada y la falta de inversión, y ahora operan en un futuro cada vez más incierto. A pesar de todo, deben seguir brindando los servicios esenciales de los que depende la sociedad.

¿Cómo se ve reflejado todo esto en la Escuela? Yo diría que en la necesidad de moverse. Tradicionalmente, los cambios en el plan de estudios solo se realizaban cuando venían obligados por cambios de leyes educativas. Sin embargo, hoy estamos en mitad de un proceso constante de actualización para responder a las nuevas necesidades de nuestros egresados: competencias digitales, cambio climático y sus efectos, project management, financiación y gestión, infraestructuras sostenibles, movilidad inteligente, nuevas infraestructuras civiles, formación dual universitaria…

La única forma de competir en un sector tan extremadamente competitivo como el de la educación superior actual es ser fieles a nuestra identidad; pero eso no quiere decir permanecer anclados en el tiempo, o vivir soñando con volver un siglo atrás. Somos una institución respetada y fiable, que aporta un sello de calidad y una marca. Conservar esos valores hoy también lleva consigo la necesidad de modificar constantemente nuestros programas con vistas al futuro, atendiendo a las demandas de la sociedad y compartiendo el reto con las empresas de nuestro sector.

Plano de la fachada principal de la antigua Escuela del Cerrillo de San Blas. Fuente: Investigart.

¿Qué iniciativas se están desarrollando para fomentar la investigación y la innovación en la Escuela, especialmente en áreas emergentes como las smart cities y la infraestructura verde?

Intentaré hablar de iniciativas concretas. El nivel de los investigadores de la Escuela es muy alto y especialmente se está produciendo un relevo generacional muy interesante. Sin embargo, las estructuras de investigación son demasiado tradicionales, requieren una evolución. La Escuela cuenta con dos centros de investigación TRANSYT (Transporte) y CIME (Materiales Estructurales). Pero la mayoría de sus profesores y de sus catorce grupos de investigación no pertenecen a ningún centro; se trata de una estructura de investigación disgregada que le impide competir por los grandes proyectos. Por eso, desde la dirección de la Escuela buscamos completar una estructura más moderna y competitiva que nos permita enfrentar los próximos retos de la ingeniería civil.

Nuestra visión es que, en la situación actual, el campo de la I+D+I de la ingeniería civil precisa de un enfoque multidisciplinar, que aúne las disciplinas clásicas (hidráulica, energía, estructuras, geología, urbanismo, etc.) con la digitalización, la sostenibilidad y la mitigación y adaptación al cambio climático. Esa es la idea que hay detrás del lanzamiento de un nuevo centro de investigación en Infraestructuras Civiles Inteligentes y Sostenibles (CIVILis), que es la iniciativa que tenemos en marcha. Con más de cien investigadores y doce grupos de investigación de muy diferentes ámbitos, CIVILis es también una estructura propicia para fomentar la colaboración y los laboratorios conjuntos con empresas.

La universidad hoy es generadora de conocimiento: investigación, innovación y transferencia son pilares clave de cualquier institución universitaria. Una universidad que carezca de investigación es sencillamente una academia. Además, hay una lógica del mundo universitario que debemos interiorizar: si la Escuela quiere crecer en un cierto ámbito, la única vía de hacerlo de forma sólida y sostenible es siendo líder en investigación en dicho ámbito.

¿Qué consejo les daría a los futuros ingenieros de caminos que se están formando en la Escuela hoy en día considerando los desafíos y oportunidades del mundo actual?

No soy amigo de dar consejos a adultos. Sencillamente, les diría que yo me cambiaría por ellos. Han elegido una profesión en la que no les van a faltar oportunidades de trabajo. Pero, sobre todo, van a disfrutar de una profesión que les dará la satisfacción de poder mejorar la calidad de vida de las personas. Les tocará vivir unos años convulsos y conocerán un mundo que será muy diferente al que nosotros hemos conocido. Pero será un mundo en que la ingeniería de caminos va a jugar un papel clave; van a tener entre manos algunos de los mayores retos de la sociedad. Lo que les puedo garantizar es que estarán preparados para afrontarlo. Y también que, siempre que lo necesiten, piensen en nosotros, porque nuestro compromiso es para toda la vida, y aquí seguirá la Escuela para ayudarlos.

También trataría de darles ánimo. Elegir la Escuela no es elegir el camino fácil, pero merece la pena. Nuestros programas académicos son muy exigentes. A cambio, preparan profesionales de alto nivel, con una formación sólida y versátil, y una tremenda capacidad de adaptación, lo que los hace muy valorados en el mercado, no solo en su ámbito de estudio. Pero indudablemente la dureza de estudiar en la Escuela forma parte de nuestra identidad. Cualquiera que haya practicado deporte de alto nivel sabe que para progresar hay que entrenar al límite de la propia capacidad. Les diría a nuestros estudiantes que confíen en nosotros: sabemos lo que hacemos y hay una historia detrás que nos avala.

Talento joven como apuesta de futuro para hacer frente al desafío de proceso de cambio de la profesión.
Sostenibilidad con nuevos proyectos para identificar oportunidades de negocio.

Les recomendaría también que fueran pacientes y generosos cuando oigan decir que los ingenieros de antes eran mejores. Eso es algo que hemos escuchado todos cuando éramos jóvenes. Sin duda, serán los mejores ingenieros e ingenieras para afrontar los retos de una nueva era apasionante de las infraestructuras civiles.

Investigación en Infraestructuras Civiles Inteligentes y Sostenibles.
Estrategia de internacionalización de la Escuela para buscar el posicionamiento internacional.
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