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Monográfico | Agustín de Betancourt
Agustín de Betancourt, un ingeniero y geopolítico en el Imperio Ruso
Carlos Puente Martín
Doctor en Ciencias Económicas. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Profesor conferenciante e investigador independiente.
Agustín de Betancourt y Molina nació en Puerto de la Cruz (Tenerife) el 1 de febrero de 1758 y falleció a los 66 años el día 14 de julio de 1824 en San Petersburgo (Rusia), donde está enterrado. Fue un personaje universal, un intelectual de la Ilustración, con una creatividad que le llevó a la fundación de la ingeniería moderna y a su difusión en las escuelas de ingenieros de caminos, canales y puertos tanto en España como en el Imperio Ruso.
Por su trayectoria teórico-práctica en este último Betancourt merece ser considerado como el primer ingeniero geopolítico. Diseñó, dirigió y construyó caminos que vertebraron el territorio del Imperio, pero también canales que permitieron crear una red de comunicación fluvial para encontrar la salida al mar Báltico y al mar Negro; su huella se encuentra también en el diseño, dirección y construcción de puertos estratégicos para el imperio de Alejandro I y para el futuro de Rusia. A Betancourt, con la colaboración del ingeniero escocés Charles Baird, se debe la navegación del primer barco de vapor, el Elizabeta, que surcaba las aguas del río Volga.
Betancourt viajó por sur del Imperio hasta el Cáucaso y propuso al zar mejoras en los puertos del mar Negro y el establecimiento de un astillero en Sebastopol (Crimea) para la construcción y reparación de barcos. Igualmente, durante su visita a Odesa, la tercera ciudad rusa, recomendó realizar importantes obras públicas y de urbanización de la ciudad, que hoy es parte de Ucrania. Su visita se produjo en la época en que el conde Louis Alexandre Andrault de Langeron era el gobernador de la ciudad (1). También visitó Astrakán, que es la base más importante de la flota rusa del mar Caspio.
Su obra fue más allá de la ingeniería y se internó incluso en la arquitectura, el urbanismo y en la organización de la moneda y su acuñación, sin olvidar la modernización de la industria de armamento y el tráfico fluvial, con los primeros vapores utilizados en los ríos del Imperio Ruso. La obra periférica de este innovador ingeniero de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX se extiende a Polonia y a las actuales Ucrania, Armenia y Georgia. En este último territorio visitó Kizliar y realizó un informe muy negativo sobre la situación de las carreteras y los puentes a causa de la desidia del gobernador general Alexei Pietrovich Yermolov, quien fue conocido por su brutalidad en el Cáucaso, pero que firmó con Betancourt un programa de mejoras de infraestructuras en la región.
Un ingeniero con visión geoestratégica
Agustín de Betancourt visitó por primera vez el Imperio Ruso en noviembre de 1807 y después aceptó la invitación del zar Alejandro I, tras entrevistarse con él en Erfurt. Se instaló en el Imperio Ruso a partir de octubre de 1808 para no volver a ver sus queridas Canarias. El Imperio de Alejandro necesitaba una completa reforma de las infraestructuras de comunicaciones, tanto de caminos como de canales, así como el dragado de los ríos, además de la construcción de numerosos caminos, canales y puertos. Desde la llegada de Betancourt a la capital del Imperio San Petersburgo realizó una prodigiosa obra de transferencia de tecnología. El zar Alejandro le nombró general mayor del ejército imperial en diciembre de 1808, en el departamento de Vías de Comunicación del Imperio, y el 30 de agosto de 1809 fue nombrado asesor del Cuerpo de Vías de Comunicación; en diciembre ocupó el cargo de inspector del Instituto del mismo Cuerpo y fue ascendido a teniente general en noviembre de ese año. Por lo tanto, Agustín de Betancourt no solo fue ingeniero, sino también militar. En diciembre de 1809 fue nombrado académico del Instituto de Francia en reconocimiento a sus méritos.
Los proyectos de Agustín de Betancourt fueron numerosos, y muchos de ellos fueron realizados con colaboradores españoles como Rafael Bauzá (2), Joaquín Viadó, Agustín de Monteverde y Betancourt (3), Joaquín Espejo (4) y Miguel Espejo (5).
Agustín de Monteverde, además de haberse encargado de la construcción de la carretera de San Petersburgo a Moscú, se responsabilizó del suministro de agua a Odesa, ciudad fundada por el almirante del Imperio Ruso y urbanista español José de Ribas y Plunkett por orden de Catalina la Grande. Entre los ingenieros franceses en la época rusa figuran Charles Potier, Maurice Destrem, Alexandre Fabre, Dominique Bazaine, Auguste Monferrand, Gabriel Lamé y Émile Chapeyron.
El ingeniero Agustín de Betancourt dejó una escuela de profesionales que continuaron su obra tras su muerte con numerosos proyectos en Rusia y su periferia, incluida Georgia y Armenia en el Cáucaso. Su colaborador Maurice Destreme colaboró en la construcción de una carretera militar en Georgia y en la construcción de los puertos de Eupatoria y Odesa, en la actual Ucrania. Para esta ingente tarea fue fundamental el viaje de inspección de infraestructuras que Betancourt realizó por gran parte del territorio europeo del Imperio: Odesa, Nikolaiev, Jerson, Sebastopol, Feodosia, Kerch, Tiflis, Kizliar, Seratov, Astrakán, etc.
Betancourt contribuyó con sus proyectos a eliminar el aislamiento del Imperio Ruso por tierra y por mar. Uno de esos importantes proyectos fue la carretera de San Petersburgo a Narva y a la frontera con Finlandia. En las comunicaciones fluviales hay que subrayar la importancia de la mejora y construcción de canales estratégicos. Entre los más importantes proyectos de carácter geopolítico figura la conexión del lago Peipus con el mar Báltico y el canal Vyshni Volochok, ya propuesto por Pedro el Grande, que unió los ríos Tvertsá y Tsna, convirtiendo a la ciudad en un centro industrial. San Petersburgo se había levantado junto al río Neva y se encontraba aislada y sin acceso para las numerosas embarcaciones que arribaban por el Báltico. Betancourt tuvo la visión geopolítica de un hombre de Estado y al principio se encontró con la oposición a su proyecto el cual posteriormente sería alabado por el propio De Wolant. Parte de esta actividad se encuentra en el complejo de canales, lagos y ríos que constituye la vía navegable entre el río Volga y el mar Báltico con el canal Mariinsk y el Tijvin. Pero, sin duda, teniendo en cuenta la geopolítica el siglo XX y XXI fue de gran importancia el proyecto del canal de 101 kilómetros Volga-Don que unió ambos ríos cerca de la ciudad de Volgogrado y que permite la navegación de barcos entre el mar Caspio y el mar de Azov, y, desde este, al mar Negro y al mar Mediterráneo. Este era un proyecto también de la época de Pedro I y su estado actual se debe a las reformas realizadas en tiempos de la Unión Soviética.
Durante su viaje por el sur del Imperio Ruso inspeccionó las cuencas de los ríos Dnieper y Seim, parte de las cuales transcurren hoy por territorio de Ucrania, y propuso en sus informes numerosas reformas, especialmente encaminadas a evitar las inundaciones del Dnieper en Jerson, situada en su desembocadura en el mar Negro e importante centro de construcción y reparación de barcos. También propuso el abastecimiento de aguas a Nikolaiev, en la confluencia de los ríos Bug e Inhul, a 65 kilómetros del mar Negro. Sus trabajos incluyen propuestas de mejoras en la costa norte del mar Negro, especialmente en Kerch (Crimea), recomendando la reconstrucción de su puerto. Betancourt continuó su recorrido por Feodosia y Sebastopol, ambas situadas en Crimea, y recomendó la mejora de su puerto y la construcción de un astillero al darse cuenta del potencial del mar Negro para la flota rusa. Betancourt por lo tanto realizó una importante tarea de proyectos y recomendaciones de mejora de infraestructuras civiles y militares en la actual Ucrania.
La relación de obras estratégicas en el orden civil y militar que Agustín de Betancourt acometió en el entonces Imperio Ruso sería interminable, pero no se puede olvidar que el ingeniero canario también realizó algunas incursiones para estabilizar la economía y el sistema fiduciario del Imperio, empezando con la construcción de las Casas de la Moneda de San Petersburgo y Varsovia. En 1813, el conde Dimitry Alexandrovich Gurievich (6), ministro de Hacienda, propuso al zar Alejandro la sustitución del papel moneda de la época por su facilidad de falsificación, y el establecimiento de una fábrica para la acuñación de la nueva moneda. El zar aprobó el plan presentado por su ministro Gurievich y éste encargó su realización a Agustín de Betancourt. En marzo de 1816 el ingeniero canario proyectó el diseño y la construcción de la Fábrica de la Moneda de San Petersburgo, de la sociedad estatal Goznak, para la fabricación de los billetes de papel moneda en rublos, e ideó un sistema de impresión de los billetes para que fueran más seguros contra la falsificación. Esta labor la llevó a cabo con la colaboración del príncipe A. N. Jovanski. Según Bogoliubov, Betancourt percibió 60 000 rublos mensuales durante dos años para el montaje de la fábrica, diseñando también los billetes en rublos (7). No hay que olvidar que el propio Napoleón había promovido la falsificación de papel moneda en rublos como arma militar para desestabilizar la economía rusa, instalando una fábrica de rublos falsos en las cercanías de Moscú.
Agustín de Betancourt también diseñó la Casa de la Moneda de Varsovia —en aquella época Polonia formaba parte del Imperio Ruso— que fue ejecutada por su discípulo mallorquín Rafael Bauzá a partir de 1817 y en la que también se introdujo un sistema para impedir la falsificación del papel moneda, para la cual los falsificadores entonces utilizaban maquinaria británica. Fue la primera vez que se instaló una máquina de vapor en el territorio de la actual Polonia, pero el edificio fue destruido durante la segunda guerra mundial. En Polonia realizó también un puente colgante que se consideró revolucionario para la época.
El legado de Agustín de Betancourt se amplía con la organización de la propia profesión de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y con las instituciones para su enseñanza y práctica. No solo fundó la Escuela de Caminos y Canales de San Petersburgo a imagen de la École des Ponts et Chaussés de París —que conoció cuando la dirigía Perronet— y de la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales de Madrid, sino que en Rusia fue nombrado en 1809 inspector jefe del Instituto del Cuerpo de Ingenieros de Vías de Comunicación y fundó la Revista de Vías de Comunicación, que vio la luz en 1825. Tras muerte de Wollant, en 1819 fue nombrado director general del departamento de Vías de Comunicación y ese mismo año organizó el Destacamento de Construcciones de la Brigada Militar Obrera de Vías; en 1820 creó la Escuela Militar de Construcciones y la Escuela de Ayudantes de Vías de Comunicación. Por orden del zar Alejandro, en 1816 reorganizó el Comité de Construcciones y Obras Hidráulicas y diseñó el moderno Centro Ferial Makarieff.
Que el ingeniero Agustín de Betancourt y Molina fue un hombre excepcional fue reconocido en varios países y constituyó un ejemplo de lo que hoy llamaríamos la formación multidisciplinar. En una obra titulada Betancourt et l’Europe des ingénieurs des Ponts et Chaussées: des histoires connectées se subraya la importancia del papel de Betancourt en la construcción de un espacio global de la ingeniería como no se conocía hasta entonces. Betancourt desarrolla una labor creativa y de difusión de conocimientos a nivel europeo, con realizaciones en varios países y con una proyección futura que ha sido reconocida hasta nuestros días:
«… de l’action de celui-ci (Betancourt) en faveur de la “diffusion” des Ponts et chaussées français en Espagne et en Russie pour aborder une question qui va au-delà de la seule action de l’Espagnol: la construction progressive d’un espace transnational des “Ponts et chaussées” européens, processus déroulé sur la longue durée à des rythmes et selon des modalités diverses. Espace transnational des “Ponts et chaussées” européens: par cette expression, nous désignons le mouvement de circulation, à travers l’Europe du XVIIIe et du XIXe siècle, des ingénieurs des travaux publics appartenant à plusieurs “nations” ainsi que les retombées de cette circulation, à savoir la construction progressive d’un espace transnational de pratiques, de savoirs et d’institutions relatifs à l’ingénieur des travaux publics, espace “commun” à plusieurs pays par-delà les frontières politiques qui partageaient alors le continent européen» (8).
El insigne ingeniero canario penetró en el mundo del globalismo científico con su obra Essai sur la composition des machines, redactada con el ingeniero mexicano José María Lanz en 1808. Su huella llegó incluso a Cuba, aunque un intento frustrado en 1797 por los británicos le impidió viajar a la isla caribeña en misión científica. No pudo realizar sus proyectos de reformas de puertos y modernización de la industria del azúcar en Cuba con las nuevas tecnologías. Agustín Agustinovich de Betancourt y Molina falleció en San Petersburgo el 26 de julio de 1824 (14 de julio en el calendario juliano), a la edad de 66 años, habiendo vivido los últimos 16 en el Imperio Ruso. Su discípulo y colaborador Auguste Montferrand, en honor a su maestro, levantó una columna de hierro sobre su tumba en el cementerio Alexander Nevski de la capital rusa, donde está escrito el siguiente epitafio: «Aquí yace un hombre nacido en las islas Canarias».
Conclusiones
Agustín de Betancourt y Molina nació en las islas Canarias, pero fue un ciudadano del mundo, culto, didáctico, revolucionario para su tiempo, un hombre de la Ilustración. Aunque a se le conoce más en su faceta de ingeniero, fundador de escuelas de formación de ingenieros y de instituciones relacionadas con las obras públicas, no es menos cierto que, además de sentar los fundamentos de la moderna ingeniería, Betancourt también fue autor de proyectos y obras públicas que pasarían a la posteridad como elementos geoestratégicos que ayudaron a la apertura de Rusia y potenciaron el valor geopolítico de la Unión Soviética y, actualmente, de la Federación Rusa.
El ingeniero canario, que aprovechó los ríos navegables del Imperio Ruso con su máquina de vapor, conectó varios de ellos con el mar Báltico y el mar de Azov y, por ende, con el mar Negro y el mar Mediterráneo, creando una red fluvial que sigue siendo utilizada. La huella del insigne ingeniero se extiende a los caminos terrestres y se anticipó a las comunicaciones por carretera y ferrocarril del siglo XXI.
Las obras de Betancourt se encontraban también en otros territorios integrantes del Imperio Ruso de Alejandro I, por lo que los actuales países independientes de Polonia, Ucrania, Georgia y Armenia tienen una deuda con el ingeniero español, aunque algunas de ellas hayan desaparecido a causa de los conflictos bélicos. Mijaíl S. Gorbachov ya lo reconoció durante su visita a España en 1990: «Llego a un país del que tengo inmejorables referencias; vengo a una España en la que nació el más ilustre colaborador que jamás ha tenido Rusia: Agustín de Betancourt». ¡Ojalá que este mensaje permanezca vivo en el bicentenario del fallecimiento del egregio ingeniero español!
Referencias
1
Bogoliubov, Alexey (1975). Un héroe español del progreso: Agustín de Betancourt. Seminarios y Ediciones, Madrid.
2
Cullen Salazar, Juan (2008). La familia de Agustín de Betancourt y Molina. Correspondencia íntima. Editorial Domibari Canarias S. L.
3
Chatzis Konstantinos, Gouzévitch Dimitri y Gouzévitch Irina (2009). Betancourt et l’Europe des ingénieurs des Ponts et Chaussées: des histoires connectées, Quaderns d’història de l’enginyeria.
4
Puente Martín, Carlos (2019). Tres egregios españoles en la corte de San Petersburgo, Madrid-Viena-Moscú. En esta obra se puede encontrar una amplia bibliografía sobre la vida y obra de Agustín de Betancourt y Molina.
Notas
1
José de Ribas fue gobernador y fundador de Odesa entre 1794 y 1796; el duque de Richelieu de 1803 a 1814; y Langeron entre 1815 y 1822. Lamentablemente, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, el gobierno de Kiev dirigido por Volodomir Zelinsky ordenó la destrucción del monumento a nuestro compatriota José de Ribas y Plunkett en Odesa, a quien tanto debe ese país. Espero que la huella en Ucrania del gran ingeniero canario Agustín de Betancourt no tenga el mismo destino, ejecutado de forma tan salvaje ante la indiferencia del gobierno de España y la Unión Europea.
2
El mallorquín Rafael Bauzá (1778-1828) fue alumno de la primera promoción de ingenieros y llegó al Imperio Ruso en 1816 para trabajar en el equipo de colaboradores de Betancourt.
3
Agustín Lorenzo Marcos de Monteverde y Betancourt (1797-¿?), originario de La Orotava, era sobrino de Agustín de Betancourt. Llegó a San Petersburgo en 1821. Ascendió a general del Imperio Ruso y fue nombrado gobernador militar en Nikolaiev durante la guerra de Crimea (1853-1856). Además, fue embajador personal del zar Alejandro II ante el rey de Prusia en 1866.
4
Joaquín Espejo (1792-1847) llegó a Rusia en 1818 y colaboró con Agustín de Betancourt en la construcción del recinto ferial de Nizhni Novgorod. Estaba casado con Carolina Betancourt, hija de Agustín. Participó en la guerra contra Persia y en las obras de construcción de fortificaciones militares y carreteras en el Cáucaso.
5
Miguel Espejo (1796-¿?) llegó a Rusia en 1921 con 25 años de edad, fue nombrado teniente del ejército imperial y muy pronto ascendió al grado de capitán. En el transcurso de su estancia en Rusia llegó a ser promovido al grado de general comandante.
6
El conde Dimitry Alexandrovich Gurievich (1758-1825) fue un político ruso y ministro de Hacienda entre el 1 de enero de 1810 y el 22 de abril de 1823.
7
Bogoliubov, Alexey. (1975). Un héroe español del progreso: Agustín de Betancourt. Seminarios y Ediciones, Madrid, p. 105.
8
Chatzis Konstantinos, Gouzévitch Dimitri, y Gouzévitch, Irina. (2009). «Betancourt et l’Europe des ingénieurs des Ponts et Chaussées: des histoires connectées», Quaderns d’història de l’enginyeria, p. 11.