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Monográfico | Santa Cruz de Tenerife

50 años de esculturas en Santa Cruz

© Álex Rosa

Carlos A. Schwartz

Arquitecto y fotógrafo.

Lady Tenerife, obra de Martín Chirino, ante la sede del Colegio de Arquitectos, un proyecto de Javier Díaz-Llanos y Vicente Saavedra. Fotografía: Carlos A. Schwartz.

A finales de la década de 1960 un grupo de arquitectos residentes en Tenerife, dirigidos por Rubens Henríquez, impulsó la creación del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias. Hasta entonces ese colectivo profesional se agrupaba en una Delegación dependiente del Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía Occidental. El entusiasmo y la ambición de aquel grupo no solo posibilitó la creación de un Colegio propio, sino de una infraestructura adecuada. Aún hoy, la construcción del edificio del Colegio de Arquitectos así como de la plaza Arquitecto Alberto Sartoris anexa —en la que se dispuso la escultura monumental Lady Tenerife, obra del escultor canario Martín Chirino— es un excelente ejemplo de arquitectura, de propuesta de dignificación del espacio público urbano y de integración de las artes. El proyecto fue redactado por los arquitectos Javier Díaz-Llanos y Vicente Saavedra.

El edificio del Colegio de Arquitectos se inauguró en febrero de 1972, y con ese motivo en sus salas de exposiciones se exhibieron dos importantes muestras: una sobre la obra del arquitecto Josep Lluis Sert —por entonces decano de la Facultad de Arquitectura de Harvard, en Estados Unidos— y una selección de arte contemporáneo español, con el cartel anunciador diseñado por Joan Miró para la ocasión. Ambos, Sert y Miró, estuvieron presentes en los actos inaugurales.

Es necesario destacar la importancia que se concedió a la Comisión de Cultura desde la gestación del Colegio por parte de sus dirigentes. Presidida desde sus inicios por Vicente Saavedra, su contribución a la sociedad tinerfeña y canaria, aún en los tiempos oscuros de la dictadura franquista, fue muy importante, y trajo a la isla actividades y artistas contemporáneos de gran relevancia, como Picasso, Saura, Guinovart, Alberto Sánchez, y muchos otros.

La gestación de una exposición

La «I Exposición Internacional de Escultura en la Calle», que se celebró en Santa Cruz de Tenerife a finales de 1973, nació de una conversación que mantuvimos Vicente Saavedra y yo mismo —que formaba parte de la Comisión de Cultura— en otoño de 1972 en Ten-Bel, una urbanización destinada al turismo y situada en el sur de Tenerife. Los dos habíamos viajado por varios países europeos en el verano de aquel año. Por mi parte, recuerdo haber visto abundantes obras escultóricas en el espacio público de algunas de las ciudades que había visitado y que me habían impresionado: obras de Henry Moore en Londres, y una extraordinaria exposición antológica de su trabajo en el Forte Belvedere de Florencia; una imponente escultura de 26 metros de altura de Naum Gabo, en el centro de Rotterdam; esculturas en la ciudad de Venecia con motivo de la Bienal de aquel año; en particular, una selección de obras de Claude Viseux, artista seleccionado para exponer en el pabellón de Francia; y otras obras colocadas en espacios públicos de Colonia, Zúrich, etc.

Escultura de Andreu Alfaro, sin título. ©Carlos A. Schwartz.

En aquel encuentro fortuito en Ten-Bel, entre otros temas de conversación, recuerdo haberle comentado a Vicente si sería posible celebrar una exposición de esculturas en las calles de Santa Cruz. Al cabo de unos días, una mañana, en el despacho de la Comisión de Cultura del Colegio, atendido por la siempre entusiasta secretaria María Hortensia Ramos, me dijo Vicente (literalmente): «¿Sabes que me he quedado pensando en la posibilidad de hacer la exposición de escultura en la calle?». Ese fue el principio.

En aquella Comisión de Cultura había dos colaboradores inestimables: Maud Bonneaud y Eduardo Westerdahl (1). Sus trayectorias y sus relaciones internacionales permitieron iniciar contactos que hicieron posible la participación de artistas de gran relevancia de todo el mundo. Dos ideas, aportadas por el escultor Pablo Serrano, también fueron determinantes: la primera, que no nos limitáramos a realizar una muestra con artistas españoles y la ampliáramos al ámbito internacional; y la segunda, que en lugar de limitarnos a traer obras para ser expuestas en la ciudad, invitáramos a los artistas a realizarlas en los lugares elegidos. Creo que esta última idea es la que marcó la personalidad de la «I Exposición Internacional de Escultura en la Calle», y la que la diferencia de otras iniciativas similares.

Luta de serpentes, obra de José de Guimaräes.
Laberinto: homenaje a Borges, obra de Gustavo Torner.
Escultura de Josep Guinovart, sin título. Fotografías: Carlos A. Schwartz.

La «I Exposición Internacional de Escultura en la Calle»

El escenario elegido para la exposición fue la rambla que atraviesa la ciudad y el parque García Sanabria, en el centro de la misma.

La lista de participantes españoles fue muy importante y representativa de las tendencias de la escultura española en la segunda mitad del pasado siglo (2). A excepción de Basterrechea, Martí y Miró, las obras del resto de artistas fueron ejecutadas en Santa Cruz en los últimos meses del año 1973 y todos ellos estuvieron presentes durante la ejecución de las esculturas. A este conjunto de obras hay que añadir el Monumento al gato, del artista tinerfeño Óscar Domínguez, que pudo reproducirse a partir de los planos aportados del original construido en la Villa Noailles en Hyères, propiedad del vizconde de Noailles.

Además de las obras de estos artistas, se incorporaron otras más. Algunas fueron cedidas temporalmente para la exposición, como las de Pablo Gargallo, Julio González y Manolo Millares. La escultura La mujer de la estrella, de Alberto Sánchez, actualmente en el vestíbulo del edificio del Colegio de Arquitectos, fue una generosa donación de un sobrino del escultor, a cambio de un compromiso del Colegio de Arquitectos de celebrar en sus salas una exposición monográfica de Alberto Sánchez, que se realizó en 1975.

Lorea, obra de Ricardo Ugarte.
Homenaje a las islas Canarias, obra de Pablo Serrano.
Monumento al gato, obra de Óscar Domínguez. Fotografías: Carlos A. Schwartz.

Aunque con una aportación más reducida, no menos importante fue la representación extranjera (3). De aquel conjunto de obras, han permanecido en la ciudad las de Jesús Soto, Federico Assler, María Simón, Claude Viseux, Gotfried Honneger y Mark Macken. Todos estos artistas visitaron la isla y estuvieron presentes supervisando sus obras, bien durante su ejecución o en su montaje.

De las visitas que me correspondió realizar recuerdo las de Serrano, Sobrino, Gabino y Sempere en España, y las que más adelante pude hacer en Londres a Meadows, Armitage, Paolozzi y Moore, gracias a la intermediación de Roland Penrose. Algunos manifestaron sus dudas de que fuéramos capaces de organizar un evento tan importante en tan poco tiempo. Sin embargo, se consiguió y, a finales del año 1973, se culminaron todas las esculturas que estaban construyéndose en la ciudad y pudo celebrarse la I Exposición con la presencia de Roland Penrose y Eduardo Westerdahl que, junto a José Luis Sert y Joan Miró, formaban parte del Comité de Honor que se había constituido. Simultáneamente se celebró el «I Simposio Internacional sobre Arte en la Calle», con las personalidades de la crítica en España más importantes de entonces (4).

Las obras en préstamo fueron expuestas durante unos meses, y posteriormente devueltas a su lugar de origen. Hubo un intento de conservar la escultura de Henry Moore, Working model for reclining figure (Lincoln Center), pero no fue posible porque el autor había prometido con anterioridad su donación a la Tate Gallery de Londres. Algún tiempo después, sin embargo, y animado por Eduardo Paolozzi, lo visité de nuevo para manifestarle los deseos de la ciudad de Santa Cruz de tener una obra suya en su Museo de Esculturas en la Calle. Gracias a la generosidad de Moore ese deseo se hizo realidad, y su Guerrero de Goslar pudo incorporarse a la colección en 1977.

La continuación

Algunos objetivos planteados inicialmente no pudieron conseguirse. Uno de ellos era llevar algunas obras a distintos lugares de la ciudad, que permitieran poner en uso nuevos ámbitos urbanos o mejorar los existentes. Muchos años después se han dado algunos pasos en este sentido, pero en la actualidad se ha apostado por enriquecer el itinerario entre los dos parques urbanos, García Sanabria y La Granja, a través de la Rambla de Santa Cruz que los conecta, y potenciar el parque de La Granja con la incorporación de nuevas obras.

En 1994, coincidiendo con el V Centenario de la Fundación de Santa Cruz, se celebró la II Exposición. La participación de artistas fue mucho más limitada, e incluyó a Haneke Beaumont, Juan Bordes, José Guimaraes, Igor Mitoraj, Edgar Negret, Jaume Plensa, Christian Silvain y Kan Yasuda, que aportaron nuevas obras permanentes. Además, se expuso temporalmente una obra de Fernando Botero, y también se celebró un «II Simposio Internacional sobre Arte en la Calle», en el que se reanudó el debate sobre la incorporación del arte al espacio público.

Con motivo de la II Exposición de 1994 se reconstruyó en su totalidad la escultura de Eduardo Paolozzi, destruida como consecuencia de una desafortunada iniciativa del Ayuntamiento respecto a la obra original, que consistió en sumergirla en un estanque de nenúfares para aislarla del contacto humano, lo que provocó su total destrucción. Habría que añadir a este acto vandálico otro hecho incomprensible por parte de los dirigentes de la ciudad: la negativa a instalar en un lugar previamente acordado de la Rambla la escultura Tensei-Tenmoku del artista japonés Kan Yasuda. Después de una larguísima espera en el puerto de Santa Cruz, la obra pudo instalarse por fin en Garachico, un pueblo al norte de la isla, y se ha convertido en un emblema de la localidad.

La I Exposición fue una suma de generosidades de instituciones, arquitectos, aparejadores, empresas constructoras, etc. Y, por encima de todos, de los artistas que participaron

El pasado año 2023 se celebraron los cincuenta años de la I Exposición. El programa inicial (con el lema 50/5/5) era muy ambicioso. Se trataba de incorporar, con motivo del cincuentenario, cinco artistas, uno por continente. Al final del año se pudo conseguir parte del objetivo, con la incorporación de la obra Carla, de Jaume Plensa. Quizá en los próximos años pueda culminarse ese sueño y hacerse realidad.

Se ha demostrado también que la experiencia de 1973 fue única e irrepetible. Un evento que se resume en pocas palabras: la I Exposición fue una suma de generosidades de las instituciones —Cabildo de Tenerife, Ayuntamiento de Santa Cruz, Caja de Ahorros de Canarias y Colegio de Arquitectos de Canarias—, arquitectos, aparejadores, empresas constructoras, etc. Y por encima de todos, de los artistas que participaron y que nos regalaron un extraordinario patrimonio del que disfrutamos los ciudadanos y aquellos que nos visitan. Para ellos, todo nuestro agradecimiento.

Escultura en la calle

El guerrero de Goslar
El guerrero de Goslar, obra de Henry Moore. Fotografía: Carlos A. Schwartz.

No has muerto en la batalla, sigue alzado tu escudo hacia la luz. El aire parece haber pulido el sudor de tu cuerpo mientras se arremolina las hojas de este otoño tan poco convencido de sí mismo. Rendido pero absuelto, capaz aunque agonices, habita tu presencia todo el trozo de rambla. El destino acertó al darte este paisaje: laureles de victoria rodean tu figura, desde sus copas miran erguidos tu derrota. Su altura es la distancia que te aleja del triunfo, el final que la vida te negó para siempre.

Fragmento de la poesía El guerrero de Goslar, dedicada a la escultura de Henry Moore, incluido en el libro Nosotros, de Fernando Senante (2002)

Notas

1

Madeleine Annette Bonneaud, conocida como Maud Bonneaud y Maud Westerdahl, (Limoges, 4 de enero de 1921-Madrid, 13 de noviembre de 1991) fue una artista multidisciplinar surrealista francesa que destacó en la disciplina del esmalte. Fundadora, junto a la escultora María Belén Morales, de la primera agrupación de mujeres artistas de Canarias, Las Doce, está considerada como una artista clave en la historia del arte en Canarias. Contrajo matrimonio con Óscar Domínguez en 1945, de quien se divorció en 1950, y en 1955 se casó con Eduardo Westerdahl.

2

Pepe Abad, Eduardo Gregorio, Francisco Sobrino, Andreu Alfaro, Xavier Corberó, Joan Miró, Joaquín Rubio Camín, Ricardo Ugarte, Marcel Martí, Gustavo Torner, Amadeo Gabino, Josep Guinovart, Pablo Serrano, Remigio Mendiburu, José María Subirachs, Jaume Cubells, Feliciano Hernández, Jorge Jiménez Casas, Néstor Basterrechea y Eusebio Sempere.

3

Alexander Calder, de Estados Unidos; Agustín Cárdenas, de Cuba; Jesús Rafael Soto, de Venezuela; Federico Assler, de Chile; Alicia Penalba y María Simón, de Argentina; Claude Viseux, de Francia; Mario Ceroli, Marino Marini y Arnaldo Pomodoro, de Italia; Gotfried Honneger, de Suiza; Mark Macken, de Bélgica; y Ossip Zadkine, de Rusia.

4

Oriol Bohigas, Juan Manuel Bonet, Valeriano Bozal, José Rogelio Buendía, Pepe Corredor-Matheos, Gillo Dorfles, Jacques Lassaigne, José Luis López Aranguren, Tomás Llorens, Simón Marchán y Xavier Rubert de Ventós.

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