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Monográfico | DANA

Las inaceptables consecuencias de la DANA

©Manuel Bruque

No se puede aceptar —dice el presidente del Colegio,Miguel Ángel Carrillo—, en ninguna circunstancia, que se vuelva a producir una tragedia humana y material de esta magnitud. Las consecuencias de esta trágica DANA podrían haberse reducido si se hubieran construido las infraestructuras hidráulicas que estaban proyectadas.

El panorama es desolador: 231 personas fallecidas porlas inundaciones provocadas por la DANA el 29 de octubre (224 en la Comunidad Valenciana), tres desaparecidos; más de 75000 viviendas afectadas; casi 140000 vehículos arrastrados por el agua; del orden de 15000 comercios inundados; 2500 industrias dañadas; infraestructuras básicas, como el agua, el alcantarillado o las depuradoras, inhabilitadas; vías de comunicación (carreteras, vías de ferrocarril) cortadas, y el recuerdo de las experiencias vividas por los que sobrevivieron, como una losa que no olvidarán y de la que tardarán en recuperarse. El lodo fluido en superficie, inundando viviendas y garajes se ha convertido en la imagen de esta DANA.

Todo ello sucedió, fundamentalmente, en el sur de la provincia de Valencia, entre los ríos Turia y Júcar, con el entorno del barranco del Poyo como área más afectada, aunque, como ponen de manifiesto los decanos de Castilla-La Mancha y Andalucía en este número, afectó también a estas dos comunidades. La masa de aire frío polar que se localizó en estas autonomías, en contacto con los vientos de levante y las altas temperaturas de la superficie del Mediterráneo, ha derivado en precipitaciones con periodos de retorno superiores a los mil años, que han superado las capacidades de las márgenes de los ríos y barrancos en los que, desde los años 60 especialmente, se fueron asentando la población y las áreas industriales.

Las malas delimitaciones de las zonas inundables hasta el siglo actual, sin reflejo en los planes generalesmunicipales (en su mayoría no actualizados), han contribuido, sin duda, a la tragedia, pero también las carencias de infraestructuras hidráulicas, que hubieran contribuido a disminuir sus efectos. Las consecuen-cias de la solución Sur para desviar el Turia y evitar quese produjeran inundaciones como la ocurrida en 1957, que afectaron a la ciudad de Valencia, o el efectode laminación de los embalses de Forata y Buseo, han sido puestos de manifiesto sobre la necesidadde seguir construyendo infraestructuras duras (o grises) de forma complementaria a las infraestruc-turas blandas de naturalización o depósito, que sirvan a la vez de corredores verdes.

En este número monográfico, que ha coordinado Fernando Ruiz, el Colegio ha intentado dar una respuesta a lo sucedido, desde el punto de vista técnico, a través de la jornada celebrada el 2 de diciembre. Las actuaciones que desde el Colegio se proponen realizar, con el objetivo de reducir los riesgos de las futuras avenidas, fueron también expuestas por nuestro presidente, divididas en seis ámbitos, relativos a infraestructuras hidráulicas, pero también a la mejora de los sistemas de aviso, alarma e instrumentación, en línea con la directiva europea.

Como nos dice Carmen de Andrés, España, a diferencia de lo que ocurría anteriormente, ya cuenta con un Mapa de Zonas Inundables y con 22 Planes de Gestióndel Riesgo de Inundación (PGRI) ya aprobados, para obtener una coordinación de todas las administraciones públicas, con medidas estructurales y no estructurales, considerando que hay que apostar, en determinados casos, por Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenibles (SUDS) y por la ordenación del territorio, con una urgente adaptación de los planes de ordenación urbana a los Mapas de Zonas Inundables, para proteger la vida de las personas que viven y trabajan en estas áreas. Igualmente, hay que revisar los sistemas de aviso y alarma a la población, recordando la conveniencia de que los ayuntamientos recuperen en sus equipos urbanísticos la figura del ingeniero municipal.

Debemos aprovechar la dolorosa lección para llevar a cabo una profunda revisión y replanteamiento de nuestras estrategias en materia de planificación, financiación y ejecución de infraestructuras

Quienes han vivido más directamente la tragedia, desde su perfil técnico, se expresan en este número monográfico, que esperamos sirva de orientación en el caso probable de que tangamos que enfrentarnos con futuras danas. Negar la evidencia del cambio climático y sus consecuencias en la mayor recurrencia de estos fenómenos meteorológico extremos es ir contra la evidencia técnica. Como dice el informe de la Fundación Caminos, que recogemos también en este monográfico, hay y habrá catástrofes, pero la ingeniería debe dar respuesta, opinar y actuar, para garantizar la seguridad de las personas y la de los servicios que se les presta.

El problema —continúa el informe— no es solo de la insuficiencia de obras hidráulicas de regulación o laminación, o de soluciones basadas en la naturaleza, sino también de concepción y diseño de estructuras,de los sistemas de drenaje y del respeto y la debida aplicación de la ordenación y la planificación territorial. Hay que modificar el habitual enfoque sectorial, ampliando las perspectivas a tener presentes, atendiendo más a las personas, al territorio, a las ciudades y a los servicios a prestar. Hay que concebirlas medidas e infraestructuras bajo otros parámetros de diseño.

En esta DANA, además de considerar insuficientes los periodos de retorno de 500 años, con los que calculábamos las infraestructuras, han aparecido nuevos elementos no considerados en los modelos hidráulicos, como es el arrastre de los automóviles. El objetivo, como dijo Félix Francés en las jornadas, no es evacuar gente, no es hacer presas, es disminuir el riesgo de la población afectada. Para disminuir el riesgo, podemos disminuir la peligrosidad, y eso es lo que hacemos con las infraestructuras, aumentando la capacidad de desagüe de la zona de inundación, y si estamos en Paiporta, no hay otro remedio que recurrir a soluciones duras. Pero en otras áreas hay que recurrir también a soluciones no estructurales, en donde la mejor opción es el planeamiento.

Parece que una de las conclusiones de esta jornada, que refleja el número monográfico, es que, como dice Concha Santos, debemos aprovechar la dolorosa lección para llevar a cabo una profunda revisión y un replanteamiento de nuestras estrategias en materia de planificación, financiación y ejecución de infraestructuras, priorizando la protección de nuestras comunidades y el patrimonio en el que se sostienen. El Colegio ha estado presente desde el principio, determinando las causas y las soluciones de la DANA, pero es evidente que, aunque los ingenieros de caminos, canales y puertos somos unos interlocutores fundamentales, no somos los únicos para disminuir los riesgos de las zonas inundables en nuestro país, en las que viven cerca de tres millones de personas.

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