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Ingeniería y cooperación al desarrollo | Experiencias
La responsabilidad social corporativa de las empresas
Juan José Domínguez
ICCP, miembro de la Comisión Internacional y de Cooperación Internacional del CICCP.
La cooperación internacional ha dejado de ser un ámbito exclusivo de las administraciones públicas y las organizaciones no gubernamentales. Hoy también las empresas tienen un papel central en la mejora de las condiciones de vida en los países en desarrollo, sobre todo a través de sus políticas de responsabilidad social empresarial (RSE). En este contexto, las empresas del sector de la ingeniería y la construcción pueden contribuir de forma especialmente relevante no solo mediante su actividad técnica, sino también mediante acciones sociales que fortalezcan el capital humano y la seguridad laboral en los lugares donde operan.
En este artículo reflexionamos sobre cómo las empresas españolas del sector han comenzado a integrar su presencia internacional con una dimensión social, desde la capacitación de trabajadores locales hasta la colaboración con organizaciones no gubernamentales para el desarrollo (ONGD) españolas. Y lo hacemos desde la experiencia personal y profesional de más de dos décadas de iniciativas empresariales y de cooperación en Europa, Iberoamérica, África y Asia.
De la acción local a la cooperación global
En los países desarrollados, la responsabilidad social empresarial en su vertiente social suele concretarse en donaciones a ONGD y asociaciones que trabajan con colectivos vulnerables. Sin embargo, en sectores como el de la construcción esta responsabilidad también se traduce en acciones formativas dirigidas a personas con baja cualificación. En España, un ejemplo paradigmático es la labor de la Fundación Laboral de la Construcción, entidad privada sostenida por aportaciones de empresas del sector. Esta fundación desarrolla programas formativos prácticos, algunos de varios meses de duración, que permiten a los beneficiarios acceder con mayor facilidad al mercado laboral, especialmente en las empresas que colaboran en su financiación.
Este modelo puede —y debe— ser replicado en países en vías de desarrollo. La presencia de empresas españolas constructoras y de ingeniería en el exterior abre una oportunidad clara para la cooperación técnica y formativa. Un ejemplo lo tenemos en la capacitación de trabajadores locales a los estándares técnicos, las normativas de seguridad y el uso adecuado de herramientas como una acción de alto impacto social y económico. Este tipo de formación, que se imparte muchas veces sobre el terreno, transforma la vida de las personas, dignifica su trabajo y mejora la productividad y la seguridad de las propias obras.
Puedo aportar mi propia experiencia como ejemplo: en un proyecto desarrollado en Libia, observé cómo trabajadores de una subcontrata serbia enseñaban a empleados de origen maliense algo tan aparentemente básico como el uso correcto de una pala. Muchos de estos trabajadores pretendían incorporarse a la obra descalzos, sin ningún conocimiento sobre el uso de equipos de protección individual. La formación comenzó por lo esencial: seguridad, definición de perfiles de trabajo y la utilización adecuada de herramientas. Fue una formación práctica, continua y adaptada a sus capacidades.
¿Dónde y cómo pueden trabajar las empresas españolas?
La internacionalización de las empresas de ingeniería y construcción españolas se intensificó tras la crisis económica de 2008. La drástica reducción de la inversión pública en infraestructuras en España obligó a muchas empresas a buscar contratos en el exterior. El resultado fue una profunda transformación del sector, en el que algunas empresas llegaron a facturar hasta el 75% en el mercado internacional.
En cuanto al dónde, la respuesta es sencilla: en todo el mundo. Sin embargo, en cuanto al cómo, se pueden distinguir varios canales. Uno de ellos es la participación en concursos internacionales promovidos por organismos multilaterales, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo; otro canal habitual es la colaboración con empresas locales para acceder a licitaciones públicas en países de destino; por último, también es frecuente el encargo directo por parte de clientes particulares de proyectos singulares o de edificación especial.
En todos estos casos, la presencia sobre el terreno de trabajadores españoles y de estructuras empresariales consolidadas puede y debe aprovecharse para desarrollar proyectos sociales. Y no se trata de acciones filantrópicas desconectadas del negocio, sino de iniciativas alineadas con la estrategia de sostenibilidad y reputación de la propia empresa. Es aquí donde la RSE cobra todo su sentido como parte de la identidad corporativa.
América Latina y África: espacios naturales de cooperación
Los países iberoamericanos constituyen, sin duda, el entorno más natural para las empresas españolas en lo que respecta a cooperación y expansión internacional. Además del idioma y de fuertes vínculos históricos, con ellos existe una larga tradición de cooperación española. Las congregaciones religiosas católicas, por ejemplo, fueron pioneras en ayudar a los más desfavorecidos tras la independencia de estos países. A partir de la segunda mitad del siglo XX,comenzaron a aparecer las ONGD, muchas de ellas aún activas. Cabe destacar que entre 1986 y 1995 se crearon en España el 57% de las ONG de desarrollo actuales, entre ellas Médicos Sin Fronteras (sección española, 1986), Acción contra el Hambre o el Comité español de ACNUR.
Sin embargo, las sinergias entre estas ONGD y las empresas españolas han sido escasas. Y eso a pesar de que ambas actúan muchas veces en los mismos países, incluso en las mismas regiones o sectores (educación, saneamiento, vivienda, etc.). Las empresas disponen de recursos técnicos, maquinaria, personal cualificado y experiencia en gestión de proyectos complejos; las ONGD tienen un profundo conocimiento del territorio, de las comunidades locales y de las dinámicas sociales. Juntas podrían multiplicar el impacto de sus actuaciones.
En África, la oportunidad es aún mayor. La cercanía geográfica con Europa convierte al continente africano en una prioridad estratégica. Desde la perspectiva europea, el desarrollo económico y social en África es esencial para abordar de raíz fenómenos como la migración irregular o la trata de personas. Pero también es una región con un enorme potencial humano, demográfico y económico. Las empresas españolas que ya están trabajando en África —y cada vez son más— pueden asumir un papel transformador acompañando sus proyectos técnicos de una dimensión social más ambiciosa.
Una nueva realidad: el capital humano internacionalizado
A diferencia del modelo clásico de cooperación, centrado en el envío de cooperantes desde España a países del sur, la internacionalización de las empresas ha generado una nueva realidad. Hoy, las empresas españolas cuentan con filiales, delegaciones o sucursales en muchos países en vías de desarrollo y con plantillas que combinan profesionales locales con trabajadores expatriados. Esto genera una oportunidad inédita: cooperar desde dentro, aprovechando la presencia de estos equipos en el terreno.
Desde el Grupo de Trabajo de Cooperación de la Comisión Internacional y de Cooperación al Desarrollo del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de España, estamos explorando activamente estas nuevas posibilidades. Contamos con un número destacado de colegiados censados en Iberoamérica y en África. Profesionales con experiencia local, conocimiento técnico y, en muchos casos, vocación de servicio. Nuestra intención es articular canales estables de colaboración entre estos ingenieros, las empresas para las que trabajan y las ONGD españolas presentes en los mismos territorios. Queremos favorecer un enfoque de cooperación triangular, que sume capacidades, recursos y conocimiento.
La necesidad de una cooperación público-privada
Durante años, la cooperación española se canalizó principalmente a través de los fondos FAD (fondo de ayuda al desarrollo), gestionados por el Estado y vinculados a proyectos ejecutados por empresas españolas. Aunque estos fondos han evolucionado hacia instrumentos más alineados con los objetivos de desarrollo sostenible, no se han aprovechado del todo para generar sinergias entre ONGD y empresas. Es necesario avanzar hacia un modelo de cooperación público-privada, donde las empresas aporten su experiencia técnica y capacidad de ejecución, las ONGD su conocimiento del terreno y la Administración su capacidad de financiación y supervisión.
La Agenda 2030 y sus 17 ODS constituyen un marco perfecto para construir esta colaboración. Muchos de estos objetivos —acceso al agua potable, infraestructuras resilientes, empleo digno, ciudades sostenibles— están directamente relacionados con la actividad de las empresas de ingeniería y construcción. Desde una perspectiva de RSE, las empresas pueden asumir compromisos voluntarios alineados con los ODS y desarrollar acciones concretas en los países donde operan. Pero también es posible diseñar programas más ambiciosos, con financiación conjunta y participación de actores diversos.
Empresas con propósito
La responsabilidad social empresarial ya no puede limitarse a la filantropía ocasional o a la publicación de memorias sostenibles. Las empresas del siglo XXI —y en particular las que operan en contextos internacionales— deben integrar la dimensión social en el núcleo de su estrategia. Esto implica desarrollar proyectos que no solo generen beneficio económico, sino también valor social y ambiental. Y esto concierne especialmente al sector de la ingeniería por su capacidad de transformar territorios y mejorar la vida de las personas.
España cuenta con empresas y profesionalescon una gran experiencia internacional, capacidades técnicas reconocidas y una tradición consolidada de cooperación. Es el momento de conectar ambos mundos y que las empresas que construyen hospitales, carreteras o redes de agua trabajen codo a codo con las organizaciones que acompañan a las comunidades locales. Que la ingeniería vuelva a ser, como en sus orígenes, una herramienta de servicio al bien común.
Desde el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos estamos comprometidos con esta visión, y desde el Grupo de Trabajo de Cooperación de la Comisión Internacional y de Cooperación al Desarrollo invitamos a todas las empresas, ONGD y profesionales interesados a sumarse a esta reflexión colectiva. Porque la cooperación internacional también puede construirse desde la ingeniería. Y porque construir un mundo más justo es, también, una cuestión de responsabilidad empresarial.