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Especial José Antonio Torroja

Mi abuelo Jose

Teresa Suárez de Lezo Torroja

Nieta mayor de José Antonio Torroja.

Los que conocisteis a mi abuelo José sabéis que era un hombre bueno y sabio. Y no sé si se puede decir algo mejor de una persona, que era buena y sabia. Yo, sinceramente, creo que no. 

Estos días hemos leído que mi abuelo hizo cosas muy grandes en la ingeniería, que consiguió importantes logros técnicos, que ayudó a mucha gente, que sus alumnos le adoraban, que fue un gran jefe… Pero lo mejor de todo es que o él no lo sabía o nunca se lo creyó. Porque mi abuelo era un hombre sencillo y amable, trataba con cariño a todo el mundo y toda la gente le quería. 

Mi abuelo hizo que nuestra vida fuera más feliz. Nos quedábamos impresionados cuando contaba, sin darle ninguna importancia, las cosas tan increíbles que había hecho en su vida: había hundido barcos, atravesado desiertos, viajado en sidecar, creado escuelas y abierto caminos nunca imaginados. 

Cuando le preguntaban por su obra pública favorita decía que era el camino de Santiago; porque para él lo importante de los puentes y los caminos era que unían personas, pueblos y vidas… Qué bonita visión de la ingeniería, que esperamos perviva en sus alumnos.

Con sus nietos fue el mejor abuelo del mundo. “Abu José”, como le llamábamos sus nietos, fue un filmador incansable de cada una de nuestras gracietas, nuestros primeros gateos, las funciones de fin de curso… Siempre nos sacaba una sonrisa o una carcajada, con sus cosquillas, jugando en el suelo durante horas o dándonos clases de matemáticas con la mayor de las paciencias. Abuelo, cuánto vamos a echarte de menos y qué recuerdos tan bonitos nos dejas.

Todos sabéis que durante los últimos años la salud no le acompañó, pero él nunca se dio por vencido. Primero con su bastón, luego en silla de ruedas y, cada vez, con más dificultades para hablar y moverse, dio clases, viajó, asistió a actos y siguió yendo a su oficina; hasta el último día, nunca perdió sus ganas de vivir… y de tomarse una cerveza bien fría.

Así que, al recordarle, solo podemos dar gracias. Dar gracias por haberle tenido, porque ha sido nuestro abuelo, padre, marido, amigo y compañero. Porque ha sido una gran fortuna tenerle a nuestro lado y que, una vez más, nos mostrara el mejor de los caminos.

Con su nieta Teresa, en Mallorca.
Brindando con una cerveza muy fría, como le gustaba, en el tercer cumpleaños de su nieta Teresa.
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