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Especial José Antonio Torroja

Ingeniero emprendedor y líder social

Federico Gutiérrez-Solana Salcedo

Escuela Ingenieros de Caminos, Universidad de Cantabria.

Director de Estrategia
y Relaciones Institucionales del Centro Internacional Santander Emprendimiento (CISE).

Es un hecho que las instituciones, de todo tipo, y los colectivos sociales deben visionar que el fomento de la innovación es una de sus funciones clave para, a través de ganar competitividad, dar valor a la sociedad. Este hecho les obliga a ser promotores de acciones que fomentan la innovación y, por tanto, la transferencia de conocimiento para su aplicación, por lo que deben proactivamente incorporar el valor preponderante de sus personas. 

Es decir, a escala institucional o asociativa, deben impulsar un proceso permanente de emprendimiento, que a imagen del emprendimiento corporativo en las empresas se podría denominar emprendimiento institucional. 

Innovación y emprendimiento resultan vinculados, interdependientes, de modo que alcanzar la necesaria innovación permanente a escala colectiva requiere de la actitud emprendedora que propician las personas, pero de una manera orquestada, liderada. Y no de forma impositiva, sino desde el fomento de procesos colaborativos. José Antonio Torroja ejemplarizó desde la presidencia del Colegio la promoción y el liderazgo de un proceso continuo de emprendimiento institucional para el colectivo con foco en la sociedad. 


Ayer

  1. 1935/36

El 1 de diciembre de 1935, D. Vicente Machimbarrena, director de la Escuela Especial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, escribía un editorial en el número 2682 de esta misma Revista de Obras Públicas para difundir la celebración del Primer Congreso de Obras Públicas, convocado por decreto presidencial en atención a la importancia que los problemas de las obras públicas alcanzan dentro de la economía nacional y con el objetivo de poder deducir las consecuencias generalizables que puedan servir de base a la fijación de normas y criterios.

La guerra civil española impidió finalmente su celebración dejando en suspenso el necesario análisis para el desarrollo de la ingeniería civil en los siguientes años.

  1. 1988

En 1988, José Antonio Torroja ya había dado ejemplo claro de su carácter emprendedor en todos los ámbitos profesionales a los que se dedicó: compartiendo el liderazgo empresarial desde la empresa que había fundado su padre y que en 1961 pasó a dirigir, con la transferencia de conocimiento desde su cátedra de Hormigón Armado y Pretensado; asumiendo el reto estratégico para la ingeniería civil de dirigir la puesta en marcha de una nueva Escuela de Ingenieros de Caminos en Barcelona, cuya dirección mantuvo hasta consolidar un proyecto innovador para la Universidad Politécnica de Cataluña desde 1973 a 1979, y demostrando su vocación de líder gestor de colectivos de interés social al acceder a dirigir, lo que hizo de 1981 a 1989, la Escuela de Madrid, entonces ya como parte de la Universidad Politécnica de Madrid, y ser elegido para ello. 

En 1988 atesoraba, en efecto, un gran bagaje: de excelente ingeniero diseñador, de empresario emprendedor, de experto transferidor del conocimiento especializado desde su cátedra y de gestor integrador de equipos, constituidos bien de grandes ingenieros y otros profesionales jóvenes o bien de un claustro de profesorado más consolidado, para alumbrar sendos proyectos de crecimiento de las labores formativas para nuevos profesionales de la ingeniería civil, inoculando en ellos el compromiso con el desarrollo de la sociedad, y, simultáneamente, sentar las bases para estructurar los departamentos con motivación y capacidad para crear conocimiento, aplicarlo y transferirlo para dinamizar y hacer más eficaz ese compromiso. Segura y justamente por ese bagaje fue elegido presidente del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en 1988.

Como persona emprendedora había ido escalando en sus compromisos con la profesión y la sociedad, desde el ámbito más individual y personal, avanzando en sus iniciativas como ganar la cátedra, pasando por los proyectos colectivos para la profesión en el ámbito funcional estratégico de la formación y la creación de conocimiento, hasta asumir en 1988 el reto del liderazgo del gran colectivo social que conforman todos los ingenieros de caminos para dar servicio y valor a la sociedad.

De izquierda a derecha, José Antonio Revilla, José Antonio Torroja y Federico Gutiérrez Solana, en el congreso celebrado en Santander en noviembre de 1991.
  1. 1990/91

Sin duda, como presidente del Colegio, José Antonio Torroja habría reflexionado sobre la misión del colectivo que representa a la ingeniería civil en nuestro país para garantizar no solo su presente, sino también dónde y cómo debería actuar en su futuro. 

En consecuencia, al inicio de 1990 ya tenía puesta en marcha toda una estructura para establecer un foro en el que todo el colectivo tuviera voz para analizar y planificar el marco de actuación de la ingeniería civil a fin de establecer las directrices que la guiasen con una visión innovadora; estructura para preparar y ejecutar por primera vez un Congreso Nacional de Ingeniería Civil, que se planteó con unas características propias emanadas de los valores de José Antonio Torroja. 

En efecto, su generosidad le hizo aceptar el ofrecimiento del apoyo de la Escuela de Santander, que en 1991 celebraba el 25º aniversario de su fundación, para conmemorarlo en Santander y participar activamente en su organización. Con ello mandaba también un mensaje del talante integrador de su gestión alejada del centralismo, como ya había demostrado en su labor en la Escuela de Barcelona, acorde con la llamada al congreso como una actividad globalizadora dirigida a todos los colegiados, para el establecimiento del papel de estos y de la ingeniería civil ante la sociedad a la que se deben. También con generosidad y como reconocimiento a las visiones de sus antecesores, se respetó la iniciativa no consolidada del primer Congreso de Obras Públicas y se convocó el II Congreso Nacional de Ingeniería Civil 55 años después. 

Desde la defensa de una “función no corporativa, sino social, la de asegurar la calidad de nuestro servicio a la sociedad”, lideró la concreción de una actividad colectiva de intraemprendimiento (innovación) para situar al ingeniero de caminos al servicio de la sociedad, lo que asumió como objetivo y misión del colectivo, acuñándolo como lema del Congreso. 

Establecido el objetivo del Colegio como conjunto de profesionales, el del Congreso necesariamente pasó a ser el de establecer una reflexión colectiva abierta a todos sus miembros, para fijar las adaptaciones y transformaciones que se debían emprender en atención a las tendencias y las necesidades que el contexto social exigía, fundamentalmente en la función propia de planificar, diseñar y construir infraestructuras que la sociedad precisa para comunicarse y desarrollarse.

En realidad, la actividad no arrancó con la inauguración del Congreso el 28 de octubre de 1991, sino que en los meses precedentes se fue analizando internamente, en la estructura constituida para ello, el contexto existente para la ingeniería civil, sus tendencias y sus retos. Todo ello se fue difundiendo para que calara en el colectivo el requerimiento analítico que se planteaba.

Se estableció así la necesidad de una planificación adecuada de las infraestructuras necesarias para una programación más continuada, no discontinua, de la actividad del colectivo y sus empresas, pensando en la actividad galopante desde el 85 y la falta de inversión pública prevista para después del 92. A la vez se pidió una reflexión sobre aspectos como los importantes cambios económicos, tecnológicos y sociales que se producían dentro y fuera de nuestras fronteras y que establecían enormes cambios para la actividad de la ingeniería civil, a los que esta debería adaptarse.

Junto a los retos también se señalaron las oportunidades a analizar, como la que entonces representaba la integración en Europa, y la necesidad de justificar una adecuada inversión en el desarrollo tecnológico y la innovación que permitiera elevar la competitividad tanto interna como externa.

De esta manera, se programaron entornos de análisis, planificación y propuestas de actuaciones para establecer los objetivos y las características de vinculación entre ingeniería civil y sociedad, así como la funcionalidad de los ingenieros de caminos para desarrollar esa vinculación de servicio en los diferentes sectores de actividad. En cada caso, la conducción de los debates se propuso a los mejores expertos que entendieron los objetivos y la metodología propuestos para el Congreso.

Finalmente, bajo la presidencia honorífica del entonces príncipe Felipe, el Congreso se inauguró con una conferencia del entonces ministro Borrell, que puso en evidencia la importante labor del ingeniero civil para, a través de las infraestructuras, generar la competitividad de los espacios y la atracción de actividad productiva.

De los análisis y debates colectivos propuestos y ejecutados, tanto en tendencias y oportunidades como en recursos existentes y necesarios o como en la propuesta de acciones, salieron, como conclusiones, todo un conjunto de conceptos que, adecuados al cambio temporal, mantienen hoy plena vigencia. Entre todas destaca la del refuerzo de la misión de la ingeniería civil como instrumento esencial en la mejora de la calidad de vida en la sociedad, garantizando, con su contribución al desarrollo infraestructural y de equipamientos, la reducción de diferencias territoriales y sociales.

De esta conclusión general fueron destilando las demás de forma absolutamente coherente e interconectada: asumir la responsabilidad social de los ingenieros de caminos con su participación en la elaboración de estrategias y políticas sectoriales; coordinar sus ámbitos competenciales con la participación multidisciplinar; planificar y configurar un marco presupuestario estable con una inversión adecuada para garantizar la competitividad de la actividad; garantizar el desarrollo tecnológico de la ingeniería civil con planes de investigación específicos para ella y, a la vez, con programas facilitadores de la permeabilidad (transferencia del conocimiento) entre el mundo académico y empresarial; favorecer, con ello, la innovación y la calidad, junto a la transparencia; garantizar a los ingenieros una formación de saber hacer, a través de herramientas y competencias transversales, y establecer garantías de flexibilidad y agilidad administrativa. Todas para sustentar la planificación y la actividad estratégica en los sectores de interés social como el transporte con coordinación multimodal, la política del agua con la adaptación coordinada de infraestructuras medioambientales, la planificación energética o la ordenación para el desarrollo territorial equilibrado.

De nuevo, no fue la clausura del Congreso el cierre de la actividad planificada, sino que constituyó el punto de referencia desde el que actuar ya directamente en la misión del Colegio como entidad colectiva. Así, para dar continuidad y garantizar la eficacia de la actuación del congreso, su junta de gobierno estableció la creación de comisiones sectoriales, cuya actividad en ejecución de lo planificado comenzó de inmediato.

También los agentes externos al colectivo fueron sensibles a las conclusiones del Congreso: así, se flexibilizaron situaciones administrativas, modificaciones necesarias a las leyes de contratos del Estado o de expropiación forzosa, o se impulsaron las iniciativas de cofinanciación de infraestructuras con capital privado.

Aunque los ecos de la actividad desarrollada a lo largo de aquellos años en la propuesta planteada por Torroja fueran disipándose, no cabe duda de que fue responsable del encauzamiento y logros del colectivo social que representa a la ingeniería civil en nuestro país como promotor principal de ese gran ejercicio de emprendimiento institucional que lideró. 

En particular, el éxito del propio Congreso dio paso a que se estableciera como una actividad periódica de reflexión necesaria, y así se han ido activando los sucesivos congresos hasta llegar recientemente al octavo y último celebrado, bajo el lema, más interno, “El liderazgo de los ingenieros de caminos”.


Hoy y siempre

El legado de José Antonio Torroja

José Antonio Torroja nos deja un legado impresionante que nos acompañará siempre. No solo con sus proyectos o sus estudios y análisis, sus lecciones académicas o sus escritos, sino con su forma de hacer, basada en su talento y su talante.

No corresponde a esta mirada entrar en los resultados y su legado como ingeniero especialista, ni siquiera como catedrático de su especialidad, sino en todo lo que ha aportado y que resulta referencial para los ingenieros de caminos, tanto como colectivo como en su actividad personal.

En su concepción del ingeniero solo cabía el análisis globalizador del mismo como profesional miembro de un colectivo con una misión específica frente a la sociedad, y nunca el individual. El ingeniero, en la acertada visión de Torroja, debe actuar en perspectiva a la relación ingeniería civil/sociedad, es decir, como parte de un cuerpo social con funciones específicas, pero no per se. Desde esa perspectiva equilibrante, siempre propuso visiones integradoras, nunca polarizadas, compaginando propuestas de formación y conocimiento generalista y especialista, fomentando capacidades de coordinación multidisciplinar y de adaptación al cambio asociado al rapidísimo, y acelerado, avance tecnológico, a través de un reciclaje permanente y flexible para dar respuesta a las necesidades del momento, en evolución permanente.

Al aplicarlo sobre sí mismo se explica toda su actuación y las enseñanzas que de ella derivan para el establecimiento de la visión y la misión de la ingeniería civil.

Solo por aceptar guiar a tantos, en tantas ocasiones, y en el modo de hacerlo, ya queda claro que Torroja nos enseñó que el liderazgo de verdad es el que se asienta en la generosidad, la inteligencia y la empatía. Fue maestro generoso en dedicar a todos capacidad y tiempo y, además, fomentar que otros hicieran lo mismo, en equipo. Para ello escuchaba sin prisa, tratando de entender la posición del otro, para analizar los problemas y propuestas de otros, para, si fuera el caso, hacerlos suyos y apoyarlos siempre.

Torroja nos enseñó, inteligente y prudente, la importancia que para un colectivo tiene generar una atmósfera tranquila, conciliadora, aunque siempre sin concesiones a lo indeseable. Atmósfera en la que todos se sintieran bien, propiciando simultáneamente el estar a gusto con la asunción de responsabilidades que, así, se transforman en ilusiones.

Las sociedades innovadoras son las que tienen y tendrán futuro. Y necesitan que todos sus colectivos también lo sean, ejercitando continuamente procesos de intraemprendimiento bien liderados, que movilicen la inteligencia colectiva pensando en su función social. Procesos como el que José Antonio Torroja propuso y activó desde su presidencia. No estando él para llevar las riendas, queda siempre para el colectivo que tanto quiso su enseñanza experiencial como legado.

Referencias

1

European Commission (2020). EntreComp into Action. Publications Office of the European Union.



2

World Economic Forum (2020). The Future of Jobs Report. World Economic Forum.

3

Revista de Obras Públicas, Núm. 2682 (1935): Editorial

4

Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (1991). Acciones de Comunicación del II Congreso Nacional de Ingeniería Civil.



5

Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (1991). Dossier de Prensa y Documentación. II Congreso Nacional de Ingeniería Civil



6

Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (1991). Revista Cauce, varios números, 44 al 48.

7

Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos (1991). Ponencias y Conclusiones II Congreso Nacional de Ingeniería Civil. Santander 28-29 y 30 de octubre de 1991.

8

Torroja Cavanillas, José Antonio (1991). Ingeniero generalista o Ingeniero especialista. Ponencia del II Congreso Nacional de Ingeniería Civil, Santander 28-29 y 30 de octubre de 1991.

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