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Especial José Antonio Torroja
La forja de un espíritu. Drama en tres actos protagonizado por el ingeniero Prof. José Antonio Torroja
Miguel Aguiló Alonso
Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.
Coordinador del número 3630 de la Revista de Obras Públicas
La figura de José Antonio Torroja es el tema de este drama épico, centrado en su evolución personal y su aportación a la formación y a la práctica de la Ingeniería de Caminos en la España de los últimos 50 años. El argumento se estructura en tres actos.
En el Acto I, el protagonista, José Antonio Torroja, termina sus estudios en 1957 y empieza a dar clases en la Escuela de Ingenieros de Caminos, en Madrid, mientras trabaja con su padre, Eduardo Torroja, en el proyecto de puentes y estructuras. Al fallecer su padre, reorganiza y pone en marcha su oficina de proyectos. Desde Barcelona, le invitan a crear y dirigir una nueva escuela, por lo que deja de dar clases en Madrid mientras las imparte allí, pero sigue proyectando puentes en su oficina. Tanto el diseño de su oficina como el de la nueva escuela le obligan a diseñar los nuevos perfiles formativos y el equipo de colaboradores que exige el nuevo escenario a afrontar por una profesión en un momento de cambio tecnológico radical correspondiente a la introducción de lo digital.
En el Acto II —concluida su tarea en Barcelona— José Antonio se reincorpora a la docencia en la Escuela de Madrid en 1979, donde es nombrado director y ejerce ambas funciones durante ocho años. Se presenta y gana las elecciones a la presidencia del Colegio de Ingenieros de Caminos, que ejerce durante doce años. Su tarea en Madrid se orienta no tanto a lo creativo, sino a las reformas de los planes de estudio y del funcionamiento del profesorado de una escuela creada en 1802, inserta en una todavía flamante Universidad Politécnica de Madrid instituida en 1971.
El Acto III comienza con el fin de su mandato en el Colegio en 1989, aunque permanece en su ámbito haciéndose luego cargo de la Revista de Obras Públicas, con Juan Antonio Becerril como director, y pone en marcha como patrono fundador la Fundación Eduardo Torroja, para la conservación y difusión de la obra de su padre, con Pepa Cassinello como directora. Desde la ROP y la Fundación su tarea se dedica a la difusión de los valores profesionales y la excelencia del trabajo bien hecho, mientras se consolida el reconocimiento de su valor y le llueven los premios.
Cada uno de estos actos se compone de las contribuciones de sus colaboradores en las tareas de aquellos años, a las cuales se suman los relatos de viajes y diversiones vividos junto a él por familiares, amigos y compañeros. Estos 45 relatos sobre docencia, profesión y actitudes dibujan la trama vital de una persona irrepetible, constituida por derecho propio como referencia indiscutible de la profesión. También reflejan su carácter, de trato afable y expresión precisa, no exenta de ironía, pero rebosante de simpatía y generosidad.
Su manera de integrar los cambios tecnológicos y sociales ocurridos en los últimos 50 años en la formación y ejercicio de la ingeniería civil siempre será modelo de coherencia, integridad y entrega para quienes afrontan un futuro profesional que se hace presente con avisos cada vez más frecuentes, extremos y ominosos.