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Jorge Ley Urzaiz
Director general y consejero delegado de INTEMAC
El pasado 25 de agosto nos dejó Pepe Calavera, brillante ingeniero de caminos y maestro de innumerables técnicos de la construcción. Pepe primero cursó los estudios de ayudante de obras públicas, los finalizó en 1953 y posteriormente compatibilizó diversos trabajos profesionales con los estudios de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, que finalizó en 1960 doctorándose en 1969.
En aquellos primeros años de vida profesional trabajó en Mills, una empresa inglesa de andamiajes y construcciones metálicas soldadas. Esa experiencia le permitió, ya desde muy joven, desarrollar su capacidad técnica en Gran Bretaña hasta llegar a ocupar el puesto de director técnico de la firma en España.
Su enorme capacidad de trabajo le permitió simultanear diversos cargos, hasta el punto de compartir la dirección técnica de Mills con la de Tetracero y la dirección del Gabinete de Prefabricación de Altos Hornos de Vizcaya además de mantener una oficina privada de proyectos entre 1961 y 1967.
En esos primeros años registra también sus primeras patentes dentro del campo de la prefabricación, con un ingeniosísimo sistema de fabricación de acequias de hormigón armado.
Su producción en el campo de los proyectos es formidable. En 1966 proyecta, junto con el arquitecto Ángel Hernández Morales, el teleférico de Fuente Dé (Cantabria). Este teleférico es de sistema bicable, carece de apoyos intermedios, salva un desnivel de 750 m, y cubre un vano de 1419 m; a fecha de hoy sigue siendo el teleférico de Europa con mayor distancia entre apoyo de cables. El teleférico continúa hoy en día en uso y los trabajos de mantenimiento realizados han sido mínimos.
Pepe, que siempre pensó que la colaboración de arquitectos e ingenieros era necesaria y muy enriquecedora para muchos tipos de obras, siempre recordaba las dificultades que había tenido en 1964 para incluir en los planos un sello con el proyecto combinado de un ingeniero y de un arquitecto. El proyecto se visó en el Colegio de Arquitectos de Santander y en la demarcación del Colegio Nacional de Ingenieros de Caminos.
Otros proyectos especialmente significativos de Pepe Calavera son las cubiertas metálicas espaciales que, junto a Rafael Buzón y Pablo Bueno, proyectaron en los primeros años de 1960. La primera de ellas, del año 1962, solo un año después de acabar la carrera, la diseñan para un instituto de Cáceres y es una cubierta cuya planta es de 17 x 24 m y 20 kg/m2 de peso. La superación de las dificultades del cálculo, ayudados solamente con reglas de cálculo, y del montaje les sirvió para proyectar y construir en el año 1963 dos cubiertas de 27 x 25 m para Mahou. Finalmente, en 1966, junto con Pablo Bueno, proyecta y dirige las obras de la cubierta del pabellón deportivo ubicado en la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. Esta cubierta, de dimensiones en planta de 70 x 50 m (20 kg/ m2 de peso), fue en su momento la cubierta plana de mayor superficie construida en el mundo.
En 1967 Pepe Calavera fundó el Instituto Técnico de Materiales y Construcciones (INTEMAC), empresa pionera en Europa en el campo del control de calidad. Aunque en una primera época continuó realizando proyectos, su prestigio pronto se asoció a la labor realizada en las actividades de control de calidad y en trabajos relacionados con la patología de la construcción.
En esa primera etapa fue cuando Pepe Calavera, en compañía de su mano derecha, Enrique González Valle, actual presidente de INTEMAC, redactó y proyectó la cubierta del Mercado de Ganados de Torrelavega. La solución adoptada fue una bóveda de directriz circular de 60 m de luz y 10 m de flecha. Este proyecto fue galardonado en 1975 con el Premio de la Convención Europea de Estructuras Metálicas Sercometal.
Entre las actividades de control más emblemáticas dirigidas por José Calavera están los controles de proyecto, ejecución y de materiales de la rehabilitación de la estación de Atocha (proyecto de R. Moneo) y de la estación de Chamartín (proyecto de J.A. Corrales y R. Vázquez Molezún), así como el estudio geotécnico, el control de proyecto, ejecución y de materiales de edificios de gran altura, tales como la torre Picasso, la torre Europa, las torres Kio, las torres de Castellana Norte de Madrid; el hotel Les Arts y la torre Mapfre de Barcelona; y la torre Pelli de Sevilla.
En el campo de la patología y la rehabilitación, Pepe Calavera era un reputado experto habiendo realizado desde muy joven trabajos en esa rama con intervenciones y estudios en la Clerecía de Salamanca y en la fábrica de naipes de Heraclio Fournier; elaborando el dictamen del siniestro de la cubierta del polideportivo de Huesca así como del colapso del depósito de Melilla; o realizando un estudio de la bóveda de la iglesia de los Desamparados de Valencia, por citar algunos de los más singulares o espectaculares.
Pero, independientemente de los logros profesionales de Pepe Calavera, su carrera también estuvo íntimamente ligada a la docencia: primero, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Cantabria (donde posteriormente fue investido doctor honoris causa), y más tarde y durante más de 25 años, hasta su jubilación, como catedrático de Edificación y Prefabricación en la Escuela de Madrid.
Sus clases eran un prodigio de erudición y de enseñanzas eminentemente prácticas. Muchos estudiantes nos matriculábamos en tres asignaturas formidables, impartidas por magníficos docentes y profesionales, aunque para obtener el título solo era necesario cursar una de ellas: su asignatura, Edificación y Prefabricación, Puentes II (Javier Manterola), y Tipologías Estructurales (José Antonio Torroja).
Pepe era una persona muy próxima y cordial, que se hacía querer y trasladaba con enorme pasión y bonhomía su vastísimo conocimiento. Para ello contaba además con Enrique González Valle, un formidable profesional que también impartía las asignaturas de la cátedra. Entendía la docencia como la forma de hacer partícipes a todos de su conocimiento de la forma más fácil posible.
Para apoyar la difusión de ese vasto conocimiento publicó en España 16 libros técnicos, que tuvieron una enorme difusión y cubren temas muy diversos: desde el proyecto de forjados a un manual para la redacción de informes técnicos. En los últimos 27 años se han vendido más de 30 000 ejemplares, lo que es una auténtica proeza.
En su reiterado afán por divulgar el conocimiento impulsó también una colección de vídeos técnicos que, por ejemplo, se han empleado como material docente en la Universidad de Berlín por parte del catedrático Michael Schlaich.
Otro aspecto destacado de Pepe Calavera fue el de trabajar en pro de las más altas instituciones científicas en aras de divulgar todo ese conocimiento. Por su gran labor en esas asociaciones fue presidente de ACHE, presidente de innumerables grupos de trabajo de la FIB, asesor para Europa del International Council of Tall Buildings, y fellow del American Concrete Institute, del ASCE y de la FIB.
Publicó más de 200 artículos técnicos y dirigió 28 tesis doctorales. Fue nombrado doctor Honoris Causa por las Universidades de Cantabria y la Politécnica de Valencia y recibió multitud de premios nacionales e internacionales, entre ellos, el Premio Nacional de Ingeniería Civil de 2014.
A partir de los 85 años y mientras le fue posible físicamente, acudía un día a la semana a la oficina. Yo iba a recogerle en su domicilio a las 7.45 y durante todo el día él seguía estudiando, escribiendo y dándonos todo tipo de consejos, tanto técnicos como comerciales.
En una ocasión, ya siendo él muy mayor, le pregunté cuáles habían sido los ingenieros que más habían influido en él a lo largo de su vida. Su respuesta fue: entre los españoles, Eduardo Torroja, Carlos Fernández Casado, Ildefonso Sánchez del Río y Enrique González Valle; entre los extranjeros: Nicolas Esquillan, Fritz Leonhardt, Jorg Schlaich, Leslie Robertson y Arnold van Acker.
Pepe fue siempre una persona muy comprometida con el Colegio de Ingenieros de Caminos, donde fue vocal de la Junta de Gobierno presidida por Enrique Balaguer (1984-1987) y vicepresidente de la presidida por José Antonio Torroja (1988-1991), sustituyendo por fallecimiento a Pablo García Arenal. Destacaba también su relación con los ingenieros técnicos de Obras Públicas, profesión a la que siempre tuvo enorme consideración y cariño y con la que siempre quiso tender puentes.
Como siempre, al lado de un gran hombre hay una gran mujer: su esposa Ana. Ella y sus hijos —Ana, José, Fátima y Rafael, fallecido prematuramente— siempre estuvieron proporcionándole un gran apoyo. Tenía nueve nietos y un biznieto. Disfrutaba muchísimo en familia, especialmente en los veranos que pasaban en Ribadeo, que lo nombró Hijo Adoptivo en 2016 por su implicación en la rehabilitación de la torre de los Moreno. Previamente había sido nombrado miembro de honor de la Polifónica de Ribadeo y había recibido un homenaje de Amigos del Eo. Allí practicaba su deporte favorito, la pesca. Se inició en los ríos trucheros pescando con mosca para pasar después al Cantábrico abierto.
Entre sus aficiones destacaba la lectura. Sus bibliotecas de Ribadeo —con una formidable colección de libros en gallego— y de Madrid son magníficas. Tanta lectura le llevó a poner un cuidado especial en todo lo que escribía, aunque fuera una simple nota. Por Navidad solía regalar a los clientes y amigos un libro que editaba INTEMAC, algunos escritos por él mismo, como 101 anécdotas de mi vida profesional. Un año, escribió Manual para la redacción de informes técnicos de construcción, un compendio de consejos que todos deberíamos seguir.
Descanse en paz este ilustre ingeniero, maestro y amigo.