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Especial José Antonio Torroja
Una aproximación histórica a su labor como director de la Escuela de Madrid
Jesús Fraile Mora
Catedrático emérito de la UPM
El miércoles 14 de julio de 2021, falleció don José Antonio Torroja Cavanillas, catedrático de Hormigón de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid desde 1967 hasta 2003 y que fue director de esta Escuela desde finales del año 1981 hasta principios de 1989. Debido a que yo formé parte del equipo directivo de José Antonio Torroja durante algunos años, he querido escribir estas líneas para que se comprenda y valore su labor como director de la Escuela, en una década en la que se publicaron numerosas leyes y decretos que provocaron un gran cambio en la estructura universitaria española. Aprovecharé además este texto para comentar brevemente estas nuevas normativas y la forma en que el equipo directivo liderado por Torroja supo adaptarse a estos cambios, haciendo un gran esfuerzo para que nuestro centro no perdiera su identidad y mantuviera el alto prestigio por el que siempre se distinguió. Finalmente comentaré de una forma sucinta la preocupación de Torroja por el establecimiento de algunos actos académicos y por el desarrollo de actividades culturales en la Escuela. He considerado que es el mejor modo de rendir un homenaje a su memoria.
Don José Antonio Torroja sustituyó en la dirección a don Enrique Balaguer Camphuis, catedrático de Caminos y Aeropuertos, y que regía los destinos de nuestro centro desde diciembre de 1975, pero que tuvo que renunciar a su cargo en septiembre de 1981 porque le nombraron Director General de Carreteras del Ministerio de Obras Públicas. Durante la dirección de don Enrique Balaguer y con el gran esfuerzo del subdirector de estudios de aquellos años, el catedrático de Puertos, don Pedro Suárez Bores, se implantó en nuestro centro el plan de estudios 1976, de seis cursos de duración, para sustituir al plan 1964, de cinco años.
En esa época ya existía la Universidad Politécnica de Madrid, que se había creado en marzo de 1971, y su primer rector fue Pío García-Escudero y Fernández Urrutia, que hasta ese momento había sido Presidente del Instituto Politécnico Superior de Madrid. Meses después, en julio de 1971, se nombró rector de la UPM a José Luis Ramos Figueras, catedrático de la ETS de Ingenieros de Montes. El rectorado de la Universidad Politécnica de Madrid se ubicó provisionalmente en unas oficinas de la calle Cea Bermúdez, 10 y 12, y esta situación se mantuvo hasta finales de 1980. En el mes de diciembre de 1980, después de unas elecciones en la UPM, se nombró rector de la UPM a don Rafael Portaencasa Baeza, catedrático de la ETS de Ingenieros de Telecomunicación de Madrid y que ocuparía este cargo hasta junio de 1995. El nuevo equipo rectoral hizo grandes esfuerzos para conseguir un nuevo edificio para la UPM en los terrenos de la Ciudad Universitaria de Madrid y, a finales del año 1981, trasladó sus dependencias desde la calle Cea Bermúdez hasta su ubicación actual en la calle Ramiro de Maeztu n.º 7. Es por ello que se puede comprobar que prácticamente la etapa de José Antonio Torroja como director coincide en gran medida con el periodo de permanencia del rector Rafael Portaencasa, por lo que hubo siempre una gran colaboración muy estrecha entre ellos y que poco a poco se transformaría en una gran amistad.
Cuando nombraron a José Antonio Torroja director de la Escuela en noviembre de 1981, la mayor parte del profesorado de la UPM, y de nuestro centro en particular, solía compartir sus labores docentes con el trabajo profesional, bien fuera en nuestro caso, en el Ministerio de Obras Públicas y el CEDEX, o también en la empresa privada y oficinas de proyectos. Para formar parte del equipo directivo se requería tener una dedicación completa o exclusiva a la universidad, por lo que resultaba complicado para el director elegir a sus colaboradores. En mi caso, yo ocupaba en ese momento el puesto de secretario de la Escuela, ya que me había nombrado el anterior director, don Enrique Balaguer, en el mes de junio de ese mismo año 1981. En el primer trimestre del año 1982, Torroja preparó los nombramientos de su equipo. Eligió a Francisco Arredondo Verdú, catedrático de Materiales de Construcción, como subdirector de estudios, y yo continué como secretario de la Escuela. Me parece que fue un tiempo después cuando se nombró a Rafael Izquierdo Bartolomé, catedrático de Transportes, como subdirector de Investigación y Doctorado y a José Luis Juan-Aracil López, catedrático de Maquinaria, como subdirector de Extensión Universitaria, aunque también hubo varios cambios en la composición del equipo a lo largo de toda la legislatura de Torroja.
El plan de estudios implantado en nuestro centro era el mencionado anteriormente y aprobado en el año 1976, pero se había detectado que la aplicación real en la Escuela difería ligeramente del aprobado por el Ministerio de Educación y Ciencia y es por lo que, para legalizar la situación, el subdirector de estudios, Francisco Arredondo, preparó una nueva redacción del plan de estudios, que se envió a la superioridad y por Orden de 27 de junio de 1983 se aprobó la modificación del plan de estudios de la ETS de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la UPM y que en nuestro caso recibió el nombre de plan 1983, de una duración de seis años
y que ha perdurado hasta que entró en vigor el denominado plan Bolonia del año 2010. Es el primer hecho notable de la actuación de Torroja, al poner al día el plan de estudios de la Escuela.
En el último trimestre de 1982 se celebraron elecciones generales en España y que ganó el PSOE por amplia mayoría. Este cambio de Gobierno introdujo grandes modificaciones en la legislación española y que tuvieron gran repercusión en la Escuela. La primera normativa que tuvo un gran impacto en la universidad fue la Ley Orgánica de Reforma Universitaria (Ley 11/1983, LRU). En ella se establecieron los departamentos universitarios para agrupar las asignaturas pertenecientes a las mismas áreas de conocimiento y les siguieron los cambios referidos a las provisiones de plazas en los cuerpos docentes universitarios de acuerdo con las áreas de conocimiento (Real Decreto 1888/1984).
Estas legislaciones se hicieron notar en la Escuela y el equipo directivo tuvo que actuar con diligencia y a requerimiento de la universidad, los profesores se adscribieron rápidamente a las diferentes áreas de conocimiento aprobadas en el BOE y se tuvieron que crear a continuación los departamentos en el propio centro. Me consta que nuestro director J. A. Torroja tuvo multitud de reuniones en el rectorado de la UPM con los directores de las otras Escuelas para ver la mejor manera de preparar los nuevos departamentos, pero evitando que los centros perdieran su identidad propia. De hecho por RD 2536/1985 de 27 de diciembre, en el que se aprobaron los Estatutos de la UPM, en su artículo 15.3 se reconocía que, debido a la peculiar configuración de la UPM, en la que la mayor parte de los centros se ubica de forma dispersa, y con objeto de no disgregar el equipo de profesores que trabaja coordinadamente, se considera la creación de departamentos en los que la mayor parte de sus miembros desarrollen su actividad en una única escuela. Por otro lado, de acuerdo con el Real Decreto 2360/1984, se señalaba que, para formar un departamento, se exigía un mínimo de 12 profesores con dedicación a tiempo completo. Estas imposiciones obligaron a preparar una primera configuración de departamentos de la Escuela, que poco a poco fue variando con el tiempo conforme aumentaba la dedicación del profesorado. Todo este proceso requirió un enorme esfuerzo del equipo directivo liderado por José Antonio Torroja.
Lograba sacar lo mejor de todos los miembros del equipo directivo y consiguió mantener la Escuela siempre unida
El otro gran cambio que se hizo sentir en la Escuela fue la publicación de la Ley 30/1984, de Medidas para la Reforma de la Función Pública. De acuerdo con esta ley, se adelantó la edad de jubilación de los funcionarios a los 65 años de una forma progresiva y provocó un grave problema en la Escuela, porque se tuvieron que jubilar con antelación excelentes profesores que llevaban muchos años enseñando en nuestro centro, por lo que el equipo directivo tuvo que realizar un gran esfuerzo para la sustitución de estos grandes maestros, para evitar un vacío en la enseñanza. También se publicó la Ley 53/1984, de Incompatibilidades del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas. En esta ley se indicaba que los funcionarios no podían compatibilizar sus actividades con el desempeño de un segundo puesto de trabajo en el sector público, aunque en el artículo cuarto se señalaba que podía autorizarse la compatibilidad en la esfera docente en régimen de dedicación no superior a la de tiempo parcial. Esta ley afortunadamente no tuvo un gran efecto sobre el profesorado de la Escuela, pues se admitía que el personal docente podía compatibilizar su labor con un trabajo en la Administración del Estado, aunque requirió algún cambio de solicitud de las dedicaciones docentes del profesorado.
Otra ley a tener en cuenta por su efecto en la Escuela fue la publicación del Real Decreto 1930/1984 sobre dedicación del profesorado y donde se señalaba que la dedicación a tiempo completo era compatible con la realización de trabajos científicos, técnicos y artísticos a los que aludía el artículo 11 de la LRU. Este Real Decreto, a diferencia de las otras leyes mencionadas, hizo que muchos profesores decidieran dedicarse totalmente a la Escuela. Es decir, produjo un efecto de atracción de profesores, ya que se podía compatibilizar la enseñanza con la realización de estudios y proyectos de investigación en la universidad. Aquí es donde resultó importante la labor de Torroja de animar a muchos profesores para que se dedicaran totalmente a la Escuela.
Aproximadamente a principios del año 1986 ya se había estabilizado la situación y la Escuela se había adaptado a las nuevas normativas, y también se hacía notar el aumento de la dedicación del profesorado en la Escuela. Para coordinar las acciones de los miembros del equipo directivo, Torroja había fijado desde su nombramiento un día de la semana (creo que era los martes) para comer con todos los componentes de su equipo directivo en la cafetería de profesores y se aprovechaba este refrigerio para informar de novedades y unificar los criterios de actuación para dirigir la Escuela de la mejor forma posible. Eran comidas muy agradables, donde se hacía sentir por parte de todos una gran vocación de servicio a los demás. El buen carácter y humor del director hacía el resto.
Apoyó con entusiasmo las actividades culturales que proponía la Delegación de Alumnos
Recuerdo que, en una de esas comidas, el subdirector de estudios, Francisco Arredondo, comentó que había estado en representación de la Escuela en la entrega de títulos en la Escuela de Ingenieros de Minas y que le había parecido un acto muy emotivo y que consideraba que había que hacer algo parecido en nuestro centro. La idea fue muy bien recibida por el director y creo que ya para finales de ese curso, en junio de 1985, se procedió a realizar la entrega de diplomas de los nuevos titulados en el salón de actos de la Escuela y con la presidencia del rector, don Rafael Portaencasa. Fue otro de los grandes logros de José Antonio Torroja y que se ha consolidado con los directores siguientes. Siempre recordaré que, en este acto, el director dedicaba unas palabras de felicitación a los nuevos ingenieros y solía incluir una frase final, a modo de mensaje de despedida y que decía algo así: “¡Queridos compañeros, no juzguéis a vuestros profesores en este momento, sino esperad dos o tres años, cuando tengáis más experiencia profesional, para poder hacer un juicio más ecuánime y sosegado de ellos!” Sabias palabras que harían suyas los siguientes directores.
Pero no solamente se debe tener en cuenta la preocupación de Torroja por dirigir la Escuela en su vertiente más académica, también apoyó con entusiasmo las actividades culturales que proponía la Delegación de Alumnos, bien fueran conferencias, exposiciones e incluso conciertos, aunque estos últimos en aquellos años de la movida madrileña provocaban algunos deterioros en las instalaciones de la Escuela, que poco a poco se fueron reduciendo cuando se estableció un servicio de vigilancia coordinado por los propios estudiantes. A Torroja también se le debe el que volviera a resurgir la Tuna de Caminos en el año 1985, con el apoyo e impulso de Mario García Galludo, secretario de la Escuela de aquellos años. Pero además consiguió la construcción de unas pistas deportivas en los terrenos colindantes a la zona sur de nuestro centro y que se realizó sin ningún coste, debido a la tramitación por parte del presidente del Club Deportivo Caminos de una convocatoria de ayudas del Consejo Superior de Deportes.
Todavía me podría seguir extendiendo sobre más hechos sobresalientes y anécdotas de aquellos años de nuestro querido director, pero haría este documento demasiado extenso. Es por ello que quisiera finalizar este trabajo para rendir mi más sincero homenaje a José Antonio Torroja, que con su gran inteligencia y sencillez lograba sacar lo mejor de todos los miembros del equipo directivo y conseguía además mantener a la Escuela siempre unida. También debo admitir que hubo momentos de desasosiego en algunos miembros del grupo directivo, pero José Antonio Torroja sabía soslayar estas situaciones con imaginación, aportando tranquilidad y buen juicio en sus decisiones. Fue para mí un gran honor trabajar a su lado y con todos los miembros del equipo directivo. ¡Gracias, José Antonio, por tu apoyo y tus consejos! ¡Hasta siempre, querido José Antonio!