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La Clave | Economía circular
Cerrando el círculo: el balbuciente estado de la economía circular en España
Fernando Prieto del Campo
Doctor en Ecología
Coordinador del Observatorio de la Sostenibilidad.
La economía circular (en adelante, EC) consiste en aplicar los recursos de la manera más eficiente posible. Muchos problemas naturales y medioambientales se deben al derroche de materias primas. Esto conduce a la emisión de contaminantes en el aire, el agua y el suelo, con consecuencias indeseables como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la sopa de plástico en los océanos. Además, el uso de materias primas en todo el mundo es cada vez mayor y las interdependencias dentro de las cadenas de producción aumentan los riesgos de suministro de estas materias primas.
La EC tiene como objetivo un uso radicalmente más eficiente de los recursos. En principio, esto puede hacerse de cuatro maneras:
- Utilizar menos recursos (esto es, reducir el bucle) compartiendo o renunciando al uso de determinados productos y mediante procesos de fabricación más eficientes.
- Utilizar los productos y sus partes durante más tiempo y de forma más exhaustiva (ralentizar el bucle), reutilizándolos y reparándolos; esto disminuye la demanda de nuevas materias primas.
- Reciclar los materiales (es decir, cerrar el círculo), reduciendo la cantidad de material que se incinera o se deposita en vertederos y, por tanto, disminuyendo la demanda de nuevas materias primas.
- Sustituir los recursos finitos por recursos renovables (por ejemplo, biorrecursos) o por recursos primarios alternativos que ejerzan menos presión sobre el medioambiente.
Estas cuatro categorías caracterizan la EC y son, de hecho, una representación simplificada de los esquemas más completos de las denominadas estrategias R (1). Al aplicar estas estrategias al uso de los recursos, una EC puede, por ejemplo, contribuir a combatir el cambio climático y la contaminación ambiental y a reducir la pérdida de biodiversidad y los riesgos de suministro de materias primas.
El modelo actual es el responsable de muchos de los grandes desafíos medioambientales. La extracción de recursos y la transformación de materiales, combustibles y alimentos provocan el 50% de las emisiones totales de los gases de efecto invernadero (GEI) y más del 90% de la pérdida de biodiversidad y del estrés hídrico. Transformar los patrones de producción y consumo es fundamental para disociar el crecimiento económico del impacto ambiental. Pasar de una economía lineal a una EC permite afrontar los desafíos ambientales al mismo tiempo que se abordan importantes necesidades sociales. Una solución es proponer un modelo regenerativo donde se mantiene el valor de los recursos, productos, componentes y materiales en la economía el mayor tiempo posible. No obstante, existen grandes retos que dificultan la transición hacia una EC.
En el año 2015, la Comisión Europea aprobó el Plan de Acción para la Economía Circular (COM (2015) 614 final) que incluía un compendio de medidas entre las que se encontraba la aprobación de un paquete normativo que revisara las piezas clave de la normativa de la Unión Europea relativa a residuos que enmarca el reto de directivas y soportes legislativos a la EC en el continente.
Cerrando el círculo: Estado de la economía circular en España
Cerrando el circulo es el título de un informe del Observatorio de la Sostenibilidad (2) cuyo objetivo es conocer la situación de España en el conjunto de la UE en aquellos temas que pueden caracterizar la EC a través de los principales indicadores procedentes de fuentes oficiales europeas y españolas. Es una labor que aporta una visión de conjunto y comparativa de nuestra situación, destacando nuestras fortalezas y debilidades a través de los 16 indicadores cuantitativos seleccionados por la Comisión Europea (publicados en EUROSTAT) para evaluar la EC, a los cuales se les añaden otros procedentes de otras secciones de EUROSTAT y de las fuentes oficiales españolas hasta alcanzar un número de 30 indicadores, que son tratados de manera cualitativa, estableciéndose 5 niveles de cumplimiento y 5 tipos de tendencia en cada indicador y en cada bloque temático para España.
Situación respecto a Europa
La posición de España según los indicadores de EUROSTAT no es buena. España se sitúa en posiciones de cabeza en aspectos de generación de residuos: con 462 kg por habitante y año ocupa la tercera mejor posición en generación de residuos municipales per cápita entre los 13 países con datos completos de la UE-15 en 2017, por detrás de Bélgica y de Suecia; nuestra generación por unidad de PIB en 2016 es mejor que la de Holanda, Italia, Finlandia o Bélgica; sin embargo, respecto al consumo material interno (DMC), España ocupa la cuarta peor posición en la UE-15, aunque es mejor que la de Bélgica, Holanda o Italia debido al peso de nuestra industria alimentaria y del turismo.
En el bloque de Competitividad e Innovación España se muestra fuerte en tres de los cuatro indicadores: somos el cuarto país que produce el mayor número de patentes relacionadas con la EC en la UE-15, por detrás de Alemania, Francia e Italia; nuestra tasa de empleo relacionado con la EC es la segunda mayor de la UE-15 por detrás de Italia; y la inversión privada en I+D respecto al DMC solo está por detrás de las de Italia, Holanda y Bélgica (no así la inversión como % del PIB, una de las más bajas de la UE).
El bloque de Gestión de Residuos, cuyos malos resultados comparativos determinan el valor de algunos indicadores de otros bloques, muestra el esfuerzo insuficiente en reciclaje de nuestro país: España se encuentra en muy mala situación en 5 de los 6 indicadores seleccionados por EUROSTAT: ocupa la tercera peor posición de la UE-15, por detrás de Grecia y Finlandia, en tasa de reciclaje de residuos totales (excluidos los principales residuos minerales); ocupa la penúltima posición tras Grecia en reciclaje de residuos municipales y en reciclaje de biorresiduos; es el cuarto peor país en recuperación de residuos de construcción y demolición, por detrás de Grecia, Bélgica y Suecia; y ocupa la peor posición de la UE-15 en reciclaje de RAEE, superada a peor solo por Letonia, Rumanía y Chipre entre los 24 países de la UE-28 con datos comparables. Por el contrario, España se muestra fuerte en el reciclaje de residuos de envases (packaging general, que engloba los residuos de envases de cualquier material).
En el bloque de Materias Primas Secundarias, que ilustra sobre la implantación de los intercambios comerciales de este tipo de materiales, España obtiene su peor posición en los rankings parciales por bloque temático según datos accesibles en 2018: ocupa la decimosexta peor posición absoluta en la UE-28 y la décima entre 13 países con datos de la UE-15.
Por el contrario, en el bloque de Competitividad e Innovación, España se muestra en el grupo de cabeza entre los 24 países con datos completos, ocupando la octava mejor posición absoluta y la tercera mejor, tras Italia y Alemania, de entre 13 países de la UE-15.
El caso del plástico
Se calcula que los plásticos que se han fabricado hasta la fecha pesan ocho gigatoneladas, lo que supone el doble de la biomasa animal. El principal problema es que, a escala global, apenas se recupera el 9% de los plásticos. El reciclaje del plástico es algo muy difícil y caro. Y para hacerlo hay que añadirle plástico virgen porque pierde pureza y calidad. El investigador Manuel Maqueda, de la Universidad de Harvard, aporta el siguiente dato: «Se consumen 500 millones de botellas de agua de plástico a la semana solo en Estados Unidos. Puestas en fila darían la vuelta al planeta cinco veces». La mayoría de los plásticos termina en los vertederos, incinerados o enviados a países pobres. Una medida necesaria sería eliminar los plásticos de un solo uso, que suponen el 40% de la producción de plásticos y que, en muchas ocasiones, son de uso innecesario y fácilmente evitable. Este intento de reciclaje en muchas ocasiones enmascara el modelo de usar y tirar y, en definitiva, lleva a producir más plástico. Además, dependiendo de los usos finales para los que han sido diseñados, estos plásticos contienen una serie de aditivos que pueden ser nocivos para la salud. Una inocente botella de plástico llena de agua contiene disruptores endocrinos.
Respecto al destino final del plástico, se estima que alrededor de ocho millones de toneladas terminan en los mares cada año. En 2019 la producción de plásticos en el mundo alcanzó casi los 370 millones de toneladas.
En Europa la producción de plásticos llegó casi los 58 millones de toneladas. En 2019 China alcanzó el 31% de la producción mundial de plásticos. Algunos datos aportados por National Geographic (3) para entender la magnitud del problema son los siguientes: cada minuto se vende un millón de botellas de plástico en todo el mundo. Cada botella de plástico tarda unos 450 años en descomponerse. Si no está a la intemperie, la cifra se aproxima a los 1000 años. Más del 90% de los plásticos del mundo se producen a partir de combustibles fósiles. El 42% del plástico utilizado en el mundo se destina al empaquetado de alimentos y productos manufacturados. Es decir, plásticos de un solo uso que apenas pasan unos minutos en las manos de los consumidores. Desde el año 2006, el reciclaje de residuos plásticos se ha duplicado en Europa. A pesar de la mejora de los datos del reciclaje de plásticos en Europa, el 25% de estos desechos todavía es arrojado a los vertederos. En 2018, la producción global de plásticos fue de 359 millones de toneladas, un peso similar al de la población mundial. España es el cuarto productor de plástico de la Unión Europea y, según Greenpeace, solo el 30% de los plásticos a nivel global se reciclan en el país.
El destino final de los plásticos usados es la combustión o la fragmentación en millones y millones de partículas de plásticos, los microplásticos (4), que se han convertido en una de las principales amenazas para el medioambiente y la salud de los seres humanos. Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico (menores de cinco milímetros) que o bien se fabricaron ya con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se han fragmentado de un plástico mayor (bolsas de la compra, envases de todo tipo) durante su proceso de descomposición. Su presencia en la arena de las playas, en los organismos de los animales, en la sal marina que consumimos y hasta en el agua que bebemos ha hecho saltar las alarmas y ha obligado a poner en marcha medidas para reducir el consumo de los plásticos de un solo uso responsables en buena parte del problema. Prácticamente la totalidad de la población, incluidos los niños, reciben estos tóxicos que sabemos que se relacionan con cáncer, pérdida de atención, diabetes, enfermedad cardiovascular, muerte prematura, infertilidad… Según el investigador Manuel Maqueda «Todos comemos, bebemos e inhalamos unos tres gramos a la semana de microplásticos; eso equivale a una tarjeta de crédito».
Se está preparando un tratado de Naciones Unidas contra la contaminación por plástico que, si todo sale como está previsto, será el mayor acuerdo internacional medioambiental desde los acuerdos de París. Y en cuanto a opinión pública y a legislación, hemos mejorado mucho. Sin embargo, la producción y el consumo de plásticos sigue creciendo de forma exponencial.
El plástico de un solo uso es, como ya se ha dicho, el 40% del plástico y no tiene cabida en una EC.
Retos y oportunidades
Es posible distinguir una serie de retos que sigue teniendo planteadas la EC en España, tales como la importación de otros países que incumplen los criterios existentes en Europa, la falta de exigencia de los consumidores respecto a un sinfín de variables de la EC: la obsolescencia programada, las obligaciones de las empresas, el concepto de responsabilidad ampliada del productor, la posibilidad de exigir los destinos finales de muchos de los productos que se reciclan, etc.
Son importantes politicas públicas y las acciones individuales como consumidores para presionar a las empresas, ayuntamientos, comunidades autónomas y gobierno central para avanzar en la EC. La normativa debe incentivar incluir subproductos de la economía circular en todas las etapas del ciclo de vida de un producto con el objeto de minimizar las pérdidas de materiales y evitar que al final acaben en el vertedero o en la incineración. La incineración de recursos o de residuos debe minimizarse y procurar, en la medida de lo posible, que no lleguen materiales a ese destino. Las infraestructuras para muchos tipos de residuos son todavía inexistentes. El seguimiento de cada corriente de residuos debe realizarse de una manera clara y transparente para toda la sociedad, con indicadores y metodologías coherentes para que no solo conozca el destino de sus cánones e impuestos por los residuos, sino el destino final de esas corrientes de residuos: si acaban en incineración, si son reciclados, si van al vertedero o tienen otros usos. En este aspecto, los datos y las metodologías comunes deben revisarse y estandarizarse para que sean comparables entre las diferentes corrientes de residuos. Las distintas normativas de las comunidades autónomas deberían tener al menos un mínimo común.
Algunas oportunidades asociadas a la EC, tales como el empleo generado y creciente asociados a este tipo de economía en todas y cada una de las fases de la misma. También la exigencia de la sociedad, que va a reclamar en todos los productos, procesos y servicios (y de manera creciente) objetivos cuantitativos de sostenibilidad y EC. Cada vez más, los actuales modelos voluntarios serán transformados en modelos exigidos por la administración y los clientes y proveedores, por lo que las empresas que inicien este camino cuanto antes saldrán beneficiadas en corto, medio y largo plazo tanto por la presión de los clientes como de los inversores, o por la propia administración a través de, por ejemplo, procesos de compra pública. La transición energética necesita una serie de materiales que, en ocasiones, se encuentran dentro de las corrientes de residuos. Es muy importante detectar estos materiales para utilizarlos cuanto antes en esa imprescindible transición energética.
Finalmente es importante señalar que la EC es clave para descarbonizar la economía y así poder luchar contra el cambio climático.