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La Clave | Sector inmobiliario
Criterios de sostenibilidad e incidencia de la huella de carbono en los nuevos desarrollos inmobiliarios
Ignacio Rodríguez Campos
Director de Sostenibilidad en AQ Acentor.
Ingeniero industrial.
Pablo Bernabé García
Gerente de Desarrollo en AQ Acentor y miembro del Consejo Asesor Inmobiliario del CICCP. Ingeniero de caminos, canales y puertos.
La aplicación de criterios de gestión sostenible es esencial en el sector inmobiliario y requiere de estudios detallados, tanto en la fase de construcción como en la operación en toda la vida útil. Durante la construcción el indicador clave es la huella de carbono, que no debe dejar de lado el carbono contenido en los materiales. Se indican procedimientos para una selección de los mismos. Durante la operación el indicador clave pasa a ser el consumo de energía y, de nuevo, se dan pautas para su optimización.
Palabras clave: Sostenibilidad, sector inmobiliario, construcción, huella de carbono, energía.
Application of sustainable management criteria is essential in the real estate sector, with detailed studies of both the construction phase and the operation during the whole cycle. During construction, the key indicator is the carbon footprint, including the construction materials embodied carbon footprint. Procedures for a proper selection of these materials are given. Energy consumption is the key indicator during the operation phase and guidelines for its optimization are listed.
Keywords: Sustainability, real estate, construction, carbón footprint, energy.
Hoy en día resulta inconcebible la no aplicación de una combinación de criterios de gestión sostenible de carácter ambiental y social a todos los procesos productivos, y el sector inmobiliario y la construcción no son una excepción. Se trata de unas pautas íntimamente relacionadas con la propia gobernanza de las empresas (comúnmente conocidas como ESG, o ASG en español) y su importancia es cada vez mayor y más decisiva en los criterios de inversión de capital y en las exigencias de los usuarios finales. Las razones más importantes son, por un lado, aunar esfuerzos para la consecución de los objetivos medioambientales marcados por los organismos internacionales a medio y largo plazo y, por otro, no menos importante, cumplir con las expectativas de los inversores para que todos los proyectos estén alineados con estrategias sostenibles.
Entre todos los posibles criterios aplicables tiene especial relevancia la optimización del impacto que puede tener sobre el medioambiente la construcción de nuevas edificaciones (o la reforma de activos existentes). Comúnmente se acepta como indicador relevante la huella de carbono, esto es, la cantidad de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera.
Recordemos que, de manera general, la huella de carbono presenta tres alcances:
- alcance 1: se corresponde con las emisiones directas producidas por una actividad como, por ejemplo, los gases generados por la quema de combustible en procesos propios;
- alcance 2: en este alcance se consideran las emisiones producidas durante la generación y el transporte de energía hasta los centros de producción como, por ejemplo, los gases emitidos por una central térmica que produce la energía consumida en los procesos productivos propios; y
- alcance 3: incluye las emisiones indirectas, esto es, las producidas en procesos controlados por terceros, pero necesarias para la actividad propia, como, por ejemplo, el consumo de combustible de los vehículos de los proveedores.
Calcular o estimar la huella de carbono de un edificio a lo largo de todo su ciclo de vida es, por tanto, más necesario que nunca. Su estudio se obtiene del análisis de la operativa del edificio, desde su puesta en funcionamiento hasta el final de su actividad, pero también teniendo en cuenta el carbono «contenido» (traducción aproximada del término inglés embodied carbon footprint) en todos los materiales empleados, es decir, las emisiones producidas durante su fabricación, transporte, puesta en obra e incluso desmontaje, demolición y posterior tratamiento (véase gráfico de la izquierda).
Por eso es vital dar con el equilibrio perfecto en el momento de seleccionar los materiales a emplear durante el desarrollo del proyecto, siempre dentro de unos márgenes mínimos de viabilidad del mismo. Además del carbono contenido, para la comparación de distintas alternativas se suele usar el parámetro de la energía contenida. De manera análoga, esta se corresponde con la energía necesaria para la producción, el transporte y el tratamiento final de los materiales al final de su ciclo de vida.
Algunas estrategias útiles en la selección de materiales son las siguientes:
- Selección de proveedores locales: en función de la localización de la obra y su posición relativa con respecto a los proveedores, el impacto de la huella de carbono durante la fase de construcción producida por los transportes de materiales (y también de los residuos generados in situ) puede alcanzar valores superiores incluso al 50%. Un factor que, además, ayuda a cumplir con el objetivo de estimular el mercado laboral en las ubicaciones donde se opera.
- Economía circular: siempre que sea posible, se deben aprovechar los materiales de desecho de la obra para otro uso in situ como, por ejemplo, el material extraído de las excavaciones y los movimientos de tierra. Esta ha sido una técnica habitual en obras de una envergadura suficiente como para compensar las tierras, como desmontes y terraplenes de obras lineales. Era una práctica común por criterios económicos y ahora aún lo es más para cumplir con los indicadores de sostenibilidad, que buscan potenciar el tratamiento in situ y la mejora de los terrenos.
Hay algunos materiales que disponen de certificaciones que garantizan su origen ecológico, o bien un proceso de desarrollo y de diseño global y sostenible durante todo su ciclo de vida. Es decir, estos materiales se diseñan y se fabrican teniendo en cuenta desde el principio su uso potencial después del final de vida. Siguiendo esta filosofía de diseño, se desarrollan materiales y equipos que pueden ser desmontados o desmantelados y retornar a la tierra una vez finalizada su vida útil; o bien que pueden ser utilizados como material de alta calidad en nuevos productos. En el primer caso, se considera que son nutrientes biológicos (compostaje de residuos orgánicos) y en el segundo, nutrientes técnicos, áridos o zahorras procedentes de residuos de construcción. Son los llamados materiales cradle to cradle (de la cuna a la cuna).
La clave
Economía circular en los materiales
Siempre que sea posible, se deben aprovechar los materiales de desecho de la obra para otro uso in situ como el material extraído de las excavaciones y los movimientos de tierra.
- Selección de materiales de bajo impacto en términos de huella de carbono: hay materiales que cumplen una misma función con un rendimiento similar, pero con un impacto notablemente inferior. Por ejemplo, a la hora de elegir carpinterías exteriores, la energía y el carbono contenidos en el PVC son aproximadamente la mitad que en el caso del aluminio. Sin embargo, el gran impulsor de las carpinterías de PVC en la promoción de viviendas el último año ha sido el incremento de precios del aluminio, que ha vuelto más competitivo el PVC.
En muchos casos esto puede suponer un giro completo en algunas de las técnicas de construcción empleadas tradicionalmente. Es el caso de la madera, un material que fue sustituido casi por completo en las estructuras de los edificios por hormigón armado o metal. Sin embargo, en los últimos años del pasado siglo XX y en estos primeros del siglo XXI, están surgiendo cada vez más proyectos con estructuras de madera, incluso en edificación en altura. La madera es, sin duda, una alternativa con un impacto mucho menor en términos de huella de carbono y con un uso al final de su ciclo de vida bastante más sencillo que el resto de materiales.
Calcular o estimar la huella de carbono de un edificio a lo largo de todo su ciclo de vida es más necesario que nunca
- Selección de materiales con baja energía de producción: la mayor parte de los materiales de construcción tiene alternativas en los procedimientos de producción que tienen menores consumos energéticos. El caso del acero es de los más representativos. El consumo de energía se ha reducido muchísimo con respecto a los orígenes de la siderurgia (en torno al 60%), pero aún sigue siendo la industria con mayor consumo energético en todo su ciclo a nivel mundial. Como dato significativo, en 2011 todavía el 70% de la producción de acero se realizaba en altos hornos, lo que implica una alta tasa de liberación de dióxido de carbono a la atmósfera.
Es posible producir acero en hornos de arco eléctrico, que reducen las emisiones de carbono a la atmósfera gracias al uso de electricidad. Además, en ellos se usa generalmente chatarra o acero reciclado. Este aspecto es una ventaja porque implica la reutilización de materiales desechados y, al mismo tiempo, supone un reto ya que, dada la durabilidad de los materiales de acero, generalmente no se genera tanta chatarra como para satisfacer la demanda mundial de acero si este se produjera por completo en hornos de arco eléctrico.
Hay otro tipo de tecnologías que reducen el impacto de la huella de carbono, como el uso de hidrógeno en los altos hornos. No obstante, hoy en día aún resulta caro y poco competitivo. Sin embargo, existen varias iniciativas para el desarrollo de esta tecnología, lo que permite ser positivo de cara a su evolución, competitividad y su aplicabilidad, lo cual que dará pie a su optimización en todo el proceso productivo.
- Selección de materiales sin compuestos orgánicos volátiles (COV), presentes en todo tipo de pinturas e imprimaciones, adhesivos o aglutinantes.
Por otro lado, es fundamental considerar también la huella de carbono generada por la propia actividad del edificio, además de la correspondiente a la manufactura, transporte y puesta en obra de los materiales. El enfoque óptimo será el que tiene en cuenta todas las variables en el ciclo de vida del edificio, siempre dentro de los rangos de viabilidad económica. Por tanto, en la fase de diseño es preciso prestar atención a la elección de materiales, pero también poner el foco en la selección de sistemas y elementos constructivos que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de energía.
Algunas de las estrategias más consolidadas son:
- Adopción de medidas de arquitectura pasiva: en la medida de lo posible, el edificio puede introducir aspectos en el diseño que le permitan adaptarse a las condiciones climáticas del entorno para reducir el consumo de energía. La orientación propia del edificio —que permite un aprovechamiento óptimo de la luz natural en su interior—, la compacidad y forma del edificio para reducir la superficie de intercambio energético con el exterior, y la distribución óptima de huecos en la envolvente son algunas de las medidas más utilizadas.
- Análisis de la envolvente térmica: es necesario llevar a cabo un estudio preciso de las características de los materiales que formarán parte de la envolvente térmica para reducir la energía transmitida al exterior y maximizar la inercia térmica en el interior. Al mismo tiempo, los huecos de la envolvente se deben diseñar buscando el equilibrio entre el aprovechamiento de la luz natural y la reducción de la radiación solar hacia el interior, sin olvidar que, como elemento integrado en la evolvente, el material debe minimizar también la transmisión de energía. Hay otros factores, no menos importantes, como el comportamiento acústico, por ejemplo, que también formarán parte de los criterios de selección.
- Iluminación sostenible: como ya se ha insinuado antes, la luz natural es un bien inagotable y gratuito cuyo uso se debe optimizar. No obstante, los edificios deben contar con sistemas artificiales de iluminación para complementar a la luz natural, buscando sistemas de bajo consumo energético (como, por ejemplo, la tecnología LED) y, lo que es más importante, sistemas de control de iluminación que adapten los niveles de iluminación a las necesidades reales.
Sistemas de acondicionamiento de bajo consumo: un aspecto que merece ser tratado de forma individual, pero que, por no extendernos demasiado, resumimos. El diseño de los sistemas de climatización (aire acondicionado/calefacción) deberá basarse en algunos conceptos clave:
– Selección de puntos de consigna adecuados: temperaturas interiores demasiado bajas en verano o demasiado altas en invierno situarán las estancias fuera del punto óptimo de confort estadístico, incrementando de manera muy importante el consumo energético.
– Uso de equipos con altos coeficientes de rendimiento estacional: la relación entre la energía generada y la consumida es fundamental. Además, en cada zona climática es más favorable el uso de determinadas tecnologías.
– Aprovechamiento de energía gratuita o free-cooling: en determinados momentos a lo largo del año, la temperatura y la humedad relativa del aire exterior serán óptimas para poder ser utilizadas directamente en los procesos de intercambio térmico sin necesidad de un aporte de energía relevante.
– Aprovechamiento de flujos residuales de energía: en muchos de los procesos de intercambio térmico, es posible trasladar la energía sobrante de dichos procesos a flujos de aire u otros fluidos de manera que el consumo energético global se vea reducido; es el caso, por ejemplo, de los recuperadores de calor.
– Aislamiento de las redes de transporte de fluidos: un mal aislamiento de las redes genera pérdidas de energía y aumenta los consumos energéticos.
– Implantación de sistemas de control: es vital disponer de un sistema de gestión de las instalaciones que monitorice los consumos, los parámetros de funcionamiento y, además, permita modificar consignas para reducir consumos. Por ejemplo, los sistemas de aire acondicionado que modulan la cantidad de aire exterior que se introduce en los espacios ocupados en función de la propia ocupación generan ahorros energéticos muy importantes.
• Uso de energías renovables: existe un abanico de posibilidades muy amplio en función de la ubicación del edificio: paneles solares fotovoltaicos, paneles solares térmicos, bombas de calor aerotérmicas, bombas de calor geotérmicas, turbinas hidroeléctricas, generadores eólicos, etc.
Es fundamental reducir el consumo de agua en los edificios para conseguir moderar el gasto energético
Por último, y aunque no esté ligada directamente a la huella de carbono o al consumo energético propios del edifico, no se puede obviar la necesidad de implantar un sistema apropiado de gestión del consumo de agua. Un factor que deberá estar presente tanto durante la ejecución de las obras como durante la propia actividad del edificio, ya que el ciclo global del agua implica un consumo de energía importante. Es fundamental, por tanto, reducir el consumo de agua en los edificios para conseguir moderar el gasto energético en plantas potabilizadoras, depuradoras o estaciones de bombeo, entre otros.
En nuestras responsabilidades actuales en la promoción inmobiliaria aplicamos criterios de sostenibilidad y responsabilidad social en todos los proyectos, ya sean residenciales, logísticos o terciarios. Esto lo hacemos desde el convencimiento de la absoluta necesidad de cuidar el planeta y la sociedad de la que formamos parte, pero además supone un esfuerzo que se está viendo recompensado por una corriente general de cumplimiento de criterios ESG. Un hecho que se ve reflejado, por ejemplo, al favorecer la valoración de los activos desarrollados con estos criterios según se desprende de proyectos de este tipo desarrollados por AQ Acentor, como viviendas sociales en alquiler con certificado BREEAM y compensación de emisiones de carbono, o nuestros desarrollos con Green Logistics, en los que algunos de los inversores finales no podrían participar sin el alto nivel de compromiso que alcanzan.