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La Clave | El diseño en la obra pública 3
Diseño en puentes
Por qué y para quién, antes de qué y cómo
Los puentes son un ejemplo paradigmático de la transformación de la naturaleza por el ser humano. Son símbolos de unión, progreso e innovación que desafían la gravedad y modifican los paisajes. Cada puente es único e importante. Unen comunidades conectando personas, invitando a la interacción y la integración. Cruzan barreras físicas, culturales y espirituales convirtiéndose a menudo en hitos o incluso iconos. El diseño de construcciones tan emotivas, prominentes y duraderas debe ir más allá de su función principal como elementos de infraestructura que conectan zonas, aspirando siempre a mejorar la calidad del mundo construido.
Palabras clave: Diseño en puentes, responsabilidad social, ética, experiencia, percepción, emoción, sostenibilidad, estética.
Bridges are a paradigmatic example of the transformation of nature by humans. They are symbols of union, progress, or innovation, defying gravity and modifying landscapes. Each bridge is unique and important. They link communities, connecting people, inviting interaction andintegration. They cross physical, cultural, and spiritual barriers, often becoming landmarks or even icons. The design of such emotive, prominent, and enduring constructions must go beyond their primary function as infrastructural elements connecting areas, always aspiring to improve the quality of the built world.
Keywords: Bridge design, social responsibility, ethics, experience, perception, emotion, sustainability, aesthetics.
Héctor Beade-Pereda
Director de Diseño en Knight Architects (Londres, Reino Unido).
Ingeniero de caminos, canales y puertos.
El diseño de puentes es un reto apasionante, pero conlleva una gran responsabilidad.
La responsabilidad desde el punto de vista técnico y constructivo. Todos los puentes han de ser funcionales y seguros. También han de ser estructuralmente coherentes, honestos y durables, con unos requisitos de mantenimiento apropiados, de modo que tengan un coste apropiado tanto de ejecución como al final de su vida útil. Asimismo, han de responder adecuadamente a sus condicionantes específicos, que pueden ser topográficos, geotécnicos, hidráulicos, sísmicos, relacionados con el viento, la navegabilidad, o los impactos, entre muchos otros.
La responsabilidad para con el planeta y las generaciones futuras. Al diseñar puentes debemos contribuir a abordar la actual situación de emergencia climática y de biodiversidad. Es parte de la responsabilidad del diseñador el ayudar a alcanzar cuanto antes el estado de cero emisiones en los puentes que se proyectan. Y también, el contribuir a la concienciación de la industria sobre nuestro doble papel tanto en causar como en abordar esta crisis. Debemos valorar si los puentes que nos piden diseñar son realmente necesarios, si el cruce se puede satisfacer construyendo menos (por ejemplo, con un trazado alternativo que permita puentes más cortos, o ampliando puentes existentes). En caso de que un nuevo puente sea requerido, este ha de ser diseñado de modo inteligente para que sea sostenible, siendo los diseñadores conscientes en todo momento de la huella de carbono consecuencia de nuestro trabajo y tratando de minimizarla.
La responsabilidad para con sus usuarios. Por su escala, exposición y larga vida útil, los puentes tienen un gran impacto visual y social. Son atravesados y percibidos por innumerables personas, cuya experiencia vendrá determinada por la calidad del trabajo realizado en su diseño y construcción. Pese a esto y a que, en su mayor parte, son financiados con fondos públicos, los criterios técnicos y económicos, de innegable importancia, suelen determinar su diseño de forma exclusiva, no teniéndose en cuenta, con demasiada frecuencia, el punto de vista de sus usuarios y perceptores. Diseñar algo que transforma el territorio durante siglos debe ir mucho más allá del coste, la estructura, la ejecución o incluso la sostenibilidad. Debe ser estéticamente atractivo para sus usuarios o perceptores, reflejar valores emocionales y culturales, y suscitar experiencias y sentimientos.
El buen diseño en puentes
Incluso en las primeras etapas de su historia, cuando la ingeniería civil, el diseño, o la arquitectura no existían como disciplinas independientes, los puentes trascendieron su papel funcional para convertirse en objetos con ambiciones estéticas que contribuían a crear lugares. Durante mucho tiempo, la tendencia a adaptar los diseños de modo estricto a los condicionantes topográficos y la ambición por minimizar los materiales de construcción empleados hicieron que, en muchos casos, la geometría de los puentes combinase su función con una expresión externa de su comportamiento estructural, dando lugar a formas bien encajadas, limpias y legibles (véase fotografía en página anterior). Hoy en día, por desgracia, es frecuente que la apariencia, la adecuación al lugar o la optimización de los materiales se consideren características menos valiosas que, por ejemplo, la facilidad y la rapidez en el diseño y la construcción. En mi opinión, algo, en principio, tan positivo como la desaparición de las limitaciones técnicas del cálculo ha hecho que a veces resulte demasiado fácil generar la información necesaria para construir un puente, requiriendo muy poca implicación emocional en el proceso. En ocasiones se puede llegar a cuestionar si muchos de los puentes que se construyen están realmente diseñados.
El diseño define al ser humano y lo diferencia de otras especies. Vivimos en un mundo casi completamente diseñado, y las infraestructuras deben serlo con especial razón, al ser casi siempre públicas y afectarnos a todos, todos los días, definiendo en parte la imagen del mundo en el que vivimos con un impacto que se deja sentir durante generaciones.
Todos los aspectos mencionados hasta ahora —funcionales, técnicos y constructivos, de sostenibilidad, apariencia, adecuación al lugar y experiencia del usuario o perceptor— deben ser parte integrante del diseño. Ninguno de ellos debe ser un extra, un objetivo solamente potencial. Ninguno de ellos debe ser empleado como una razón para que otro sea excluido. El armonizar todos estos requisitos enfocando el diseño de puentes de modo holístico no debe destacarse como un logro excepcional en algunos proyectos, sino que debe ser el resultado ordinario de nuestra ética laboral y nuestra responsabilidad como profesionales que transformamos un entorno que es de todos y, la mayoría de las veces, con fondos públicos.
El buen diseñador de puentes
El buen diseñador de puentes debe tener los conocimientos adecuados para alcanzar soluciones que armonicen todos los parámetros de relevancia sin prescindir de ninguno de ellos. El diseñador de puentes debe ser un tecnólogo con conocimientos de humanista, que aspire a una cultura de trabajo integral y multidisciplinar que supere la vieja división entre los mundos de la ciencia y la tecnología, por un lado, y las artes y las humanidades, por otro (Marín, Torrent, 2016). Por obvia que pueda parecer esta descripción, la formación académica de la mayoría de los diseñadores de puentes, como fue mi caso personal, no proporciona este conocimiento integrado.
Además de conocimientos y experiencia, un diseñador de puentes debe ser creativo, sensible, honesto, y no rehuir el esfuerzo. También debe tener capacidad de autocrítica y conocimiento de las propias limitaciones para que estas no afecten negativamente a la calidad del trabajo que se podría alcanzar. Requiere también empatía en su comunicación con el cliente, con otros miembros del equipo, o con otras partes implicadas o con interés en el proyecto para crear un contexto que permita obtener el máximo de la interacción con todos ellos. Relacionado con lo anterior, debe tener una adecuada capacidad comunicativa, tanto verbal como visual, de modo que le permita transmitir adecuadamente las ideas e información al resto de las partes implicadas en el trabajo, incluyendo los potenciales usuarios, independientemente de los conocimientos del interlocutor y de la complejidad del proyecto.
El diseñador de puentes también debe ser capaz de colaborar exitosamente con otros profesionales altamente cualificados, así como de gestionar su propio ego y de disfrutar trabajando fuera de su zona de confort si es necesario. Esto ayudará a que el puente diseñado sea el mejor posible en el contexto específico, y no la tipología que falta en el currículo del diseñador, ni un diseño copiado, de uno mismo o de otros, por razones comodidad o rapidez.
El buen diseñador también ha de ser capaz de entender la complejidad de los proyectos y de las interacciones requeridas, previendo problemas y actuando antes de que ocurran. Asimismo, ha de saber adaptar el proceso de diseño y los tiempos al procedimiento de contratación de modo que la calidad final no se vea afectada por este. También ha de ser persuasivo y no decaer fácilmente ante las dificultades.
Un diseñador de puentes debe ser creativo, sensible, honesto y no rehuir el esfuerzo
Cómo tener en cuenta el punto de vista del usuario al diseñar puentes
Una forma de tener en cuenta las preferencias de un usuario o perceptor es entendiendo cómo los seres humanos perciben el mundo que les rodea y qué hace que partes de él les resulten atractivas o no, y aplicando conscientemente este conocimiento en el proceso de diseño.
Las personas reaccionarán ante los objetos que diseñemos (puentes, en este caso) según tres niveles de procesamiento cerebral: visceral, conductual y reflexivo (Norman, 2005). Estos tres niveles intervienen en cualquier experiencia real. El nivel visceral está condicionado por una serie de disposiciones genéticas que supeditan automáticamente nuestra primera impresión sobre las cosas. Para que un diseño tenga éxito a nivel visceral debe tener un aspecto general agradable que cause un impacto positivo instantáneo. El nivel conductual puede actuar conscientemente, pero está condicionado por la experiencia y el aprendizaje. En este nivel prevalecen los aspectos funcionales del diseño. El nivel reflexivo está vinculado a la actividad cerebral consciente y contemplativa. Es sensible a la identidad personal, las experiencias vividas y las variables culturales.
Para que un diseño tenga éxito debe destacar en los tres niveles de procesamiento, siendo atractivo, eficiente en su funcionalidad y comprensible. En el caso de los puentes esto significa que, para que un diseño tenga éxito a ojos de los no expertos, debe tener una apariencia agradable y atractiva con una trayectoria de cruce legible, y ser fácil y cómodo de usar. Esto último se consigue, entre otros aspectos, siguiendo las líneas de deseo, usando gradientes y radios apropiados, permitiendo una visibilidad correcta, empleando barandillas adecuadas y pavimentos seguros o, en trayectos largos, disponiendo lugares potenciales para detenerse y admirar el paisaje.
Para llegar a diseños holísticos que cumplan con los requerimientos técnicos, de coste, durabilidad y sostenibilidad, pero que también provoquen sentimientos, afectos y emociones positivas en el usuario y el perceptor son necesarias habilidades humanistas que muchos de nosotros no tuvimos oportunidades de aprender suficientemente en nuestras escuelas de ingeniería. Esto nos hace pensar a veces, de manera errónea, que algunas características del diseño entran en conflicto con otras (como estética y coste, estética y sostenibilidad, o coste y sostenibilidad, por ejemplo), o que una apariencia cuidada está ligada a la adición de ornamentación en una fase tardía del proceso. También, que los diseñadores solo pueden influir en la forma de los puentes de pequeña escala, y que la expresión visual de los de mayor tamaño procede exclusivamente de su disposición estructural. Para superar estas ideas erróneas debemos formarnos en los aspectos que, aunque son fundamentales para diseñar buenos puentes, estaban fuera de nuestros planes de estudios, o bien construir un equipo multidisciplinar con los conocimientos y experiencia necesarios para aportarlos.
Conocer y utilizar conscientemente los principios de diseño relacionados con la percepción y la emoción (Beade-Pereda, 2021), que son relevantes al diseñar puentes, es una de las maneras de crear infraestructuras bien recibidas por la sociedad. Otra forma, complementaria a esta, es preguntando a los potenciales usuarios y perceptores sobre aspectos claves del diseño mediante procesos participativos para posteriormente transformar las respuestas en condicionantes. Hay aspectos en esta aproximación que requieren de conocimientos específicos, como saber cómo y cuándo preguntar para obtener la información adecuada, o cómo procesar las respuestas para que sean útiles. Sin embargo, si el proceso de consulta se materializa correctamente, no solo se puede aprender del público no especializado para diseñar mejor y alcanzar un mayor grado de satisfacción de los usuarios y perceptores, sino que la experiencia resultará realmente gratificante para el diseñador. Los procesos participativos en el proyecto de puentes no son frecuentes en España, pero empiezan a serlo en otros países, como ha sido el caso en dos de mis diseños: el puente de Pooley Bridge, al norte de Inglaterra (véase en las páginas 18 y 19), y el puente sobre el South Dock de Canary Wharf, al este de Londres (véanse fotografías superiores).
La metodología de diseño de puentes
El buen diseño de puentes, además de lo explicado anteriormente en cuanto a conocimientos y experiencia del equipo responsable, requiere un método que garantice que todo parámetro de relevancia sea tenido en cuenta.
Todo proceso de diseño tiene como objetivo obtener una solución a un problema. Se puede establecer una secuencia de pasos sobre los que el diseñador de puentes se debería detener durante más o menos tiempo, en función de las características y complejidad del problema, para ir de uno a otro, independientemente de su luz, tipo de tráfico, localización, materiales, o de las tecnologías empleadas (véase infografía de la página siguiente). Muchos de estos pasos son, en realidad, comunes a todo proceso de diseño (arquitectura, diseño de producto, diseño gráfico…). El camino que va desde el planteamiento de un problema de cruce a una buena solución a él es un proceso creativo, pero mucho más cognitivo que emocional. De modo general se pueden establecer como pasos intermedios: la definición del problema; su descomposición en elementos; la recopilación de datos; el análisis de estos datos; la fase creativa; la verificación o el cálculo; el análisis de materiales y de tecnologías de construcción compatibles (incluyendo posible experimentación); la realización de modelos de detalle que permitan detectar indefiniciones, incoherencias o incompatibilidades geométricas; y, por último, la generación de información para la construcción que defina con precisión la solución a la que se ha llegado (Beade-Pereda, 2017).
Aunque se ha descrito como lineal, el proyecto de un puente debe seguir un proceso iterativo, más o menos largo en función de las características del cruce. Por ejemplo, es imprescindible valorar materiales y procedimientos constructivos junto con el resto de los datos recopilados antes de la fase creativa (aunque posteriormente se haga con mayor detalle), y puede ser necesario realizar cálculos estructurales preliminares durante esta misma fase creativa aunque la verificación completa se realice con posterioridad, y por eso aparece más tarde en la secuencia.
En cualquier caso, seguir una metodología rigurosa que se detenga en todas estas etapas es imprescindible en el trayecto hacia un buen puente.
Pasarela St. Philips en Bristol, Inglaterra
Cómo diseñar buenos puentes de manera sistemática
El buen diseño de puentes requiere, como hemos visto, un buen diseñador o equipo de diseño que siga una metodología de proyecto adecuada, pero también un buen cliente, un procedimiento de contratación apropiado (incluyendo continuidad del equipo de diseño principal), y una asignación de presupuesto y plazo adecuados a las características del problema de cruce. Esto debería darse para todos los puentes, desde los que cruzan las desembocaduras de grandes ríos en entornos urbanos hasta los más modestos pasos superiores. Todos han de tener una vida útil similar durante la que serán cruzados y percibidos por innumerables personas cuya experiencia dependerá de la calidad del diseño. Nos definen como sociedad y son nuestro legado para las generaciones por venir.
Si se dan las circunstancias anteriores, tendremos la oportunidad de disfrutar regularmente de puentes que responden satisfactoriamente y de modo simultáneo a todos los aspectos relevantes para su proyecto y no solo a algunos de ellos.
Veremos menos encajes inadecuados por excesivos e innecesarios, puentes narcisistas que se normalizaron hace algunos años al amparo de la desaparición de las limitaciones técnicas de cálculo y construcción y el ego de algunos clientes y diseñadores (véase la imagen 2). También veremos menos
proyectos aparentemente conservadores en los que la facilidad y velocidad de ejecución (y de proyecto) son los únicos parámetros que se consideran de relevancia, ignorando las particularidades de su localización y a sus usuarios o perceptores (véase la imagen 4).
Veremos más diseños que se preocupan primero del «por qué» y el «para quién» antes de pensar en el «qué» y el «cómo». Más puentes diseñados para sus usuarios y perceptores, no solo para satisfacción de los expertos de nuestro sector. Puentes que representan el fuerte componente social y ético de nuestro trabajo. Que proporcionan beneficios que irán mucho más allá de la conectividad facilitada, de la zona en que se ubican y del momento en que se construyen. Puentes que generarán grandes beneficios sociales creando oportunidades y aportando equidad, a la vez que minimizarán los efectos nocivos sobre el medioambiente. Diseños que harán que el paisaje transformado no pueda imaginarse sin esos puentes.
Referencias
1
Marín, JM. y Torrent, R. (2016). Breviario de Diseño Industrial: Función, Estética y Gusto. Cátedra.
2
Norman, D. (2005). Emotional Design: Why We Love (or Hate) Everyday Things. Basic Books.
3
Beade-Pereda, H. (2021). Bridge Design, Perception, and Emotion. Structural Engineering International. Volume 31, 2021 – Issue 4: Bridge Conceptual and Aesthetic Design, p. 668-678. https://doi.org/10.1080/10168664.2021.1936351
4
Beade-Pereda, H. (19-20 abril de 2017). Bridge design. Can a methodological approach be defined to guarantee a good solution? Actas de la Conferencia de IABSE: Creativity and Collaboration, Bath, Reino Unido, p. 47-55. https://doi.org/ 10.2749/222137817821232289