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Extraordinario | Javier Manterola
En recuerdo de Javier Manterola
Tres ejemplos de su aproximación al problema del diseño de los puentes: Zamora, Valladolid y Endarlatsa
Javier Muñoz- Rojas Fernández
Ingeniero de caminos, canales y puertos.
Carlos Fernández Casado S. L.
Una de las cualidades que distingue a Javier Manterola es su faceta de maestro. Entendido esto en su acepción más amplia: no solo por la calidad técnica de sus obras, sino también por ser una figura que, más allá de lo académico, transmite una dimensión ética, formativa y humana que ha servido —y sigue sirviendo— de modelo para quienes tuvieron el privilegio de aprender de él.
Además de su excelencia como ingeniero y profesor, Manterola fue siempre extremadamente generoso tanto al compartir su conoci-miento con la profesión en general como al esti-mular, de forma cercana y constante, a los colaboradores que trabajamos directamente con él a lanzarnos sin miedo al ejercicio del diseño.
Esa actitud ha hecho posible que, junto con un legado excepcional de obras y publicaciones que han influido profundamente en alumnos, discípulos y en cualquier apasionado por el mundo de los puentes, su ejemplo personal siga siendo, sin duda, una fuente viva de inspiración para las futuras generaciones de ingenieros estructurales.
Los numerosos artículos, conferencias y libros que produjo a lo largo de más de cincuenta años de trayectoria abarcan desde los aspectos más técnicos del cálculo estructural hasta sus reflexiones sobre la estética en la ingeniería y su relación con la arquitectura y otras disciplinas. Muchos otros pueden abordar con mayor propiedad que yo esos aspectos técnicos o estéticos. Por ello, mi aportación a su recuerdo y a la difusión de su obra la he querido enfocar desde una experiencia personal: la de haber sido miembro de su equipo en la oficina de proyectos que cofundó junto con don Carlos Fernández Casado, y en la que desarrolló prácticamente toda su vida profesional.
Mi trayectoria junto a él, desde los inicios hasta llegar a ser uno de sus colaboradores y finalmente coautor de algunos de sus últimos proyectos, me permitió ser testigo directo durante años de su forma única de enfrentarse al problema del diseño estructural, en particular al de los puentes. En este artículo intento, a través de tres obras concretas, transmitir parte de esa experiencia de trabajar con un ingeniero irrepetible, y con ello, contribuir a una mayor apreciación de sus diseños y de su legado. Las tres obras elegidas no están necesariamente entre las más grandes o conocidas de su carrera, pero para mí son obras donde se aprecia muy bien su sello y ejemplifican con claridad su genialidad al abordar el problema del puente en tres escenarios muy distintos, que resolvió con aproximaciones diversas, pero siempre fiel a su forma de pensar como ingeniero.
Puente de los Poetas sobre el río Duero, Zamora (2005–2014)
Aunque se trata de una obra de apariencia sencilla, con una solución estructural relativamente convencional, es uno de los diseños de Javier que considero más acertados y del que conservo un recuerdo especialmente valioso. Además de haber sido la última obra en la que participé como coordinador de uno de sus diseños, tuve la oportunidad de acompañar el proyecto desde sus estudios iniciales hasta su finalización.
El nuevo cruce respondía a una necesidad largamente sentida por los habitantes de esta singular ciudad castellanoleonesa. Se trataba de resolver un importante problema urbano, de tráfico y patrimonial: ya entrado el siglo XXI, uno de los dos únicos cruces verdaderamente urbanos sobre el Duero seguía siendo el puente de piedra medieval. A pesar de las importantes modificaciones sufridas a principios del siglo XX, aquel puente es un elemento imprescindible en la historia y el paisaje urbano de Zamora.
En paralelo al estudio del emplazamiento para el nuevo puente, se analizaron distintas alternativas tanto constructivas como formales para cada posible ubicación. Las interacciones con los responsables del proyecto, así como con agentes clave como las comisiones de patrimonio, condujeron a la decisión de situar el nuevo cruce aguas abajo del puente histórico, alejándolo del centro monumental.
En este contexto, Javier planteó una serie de soluciones que iban desde propuestas audaces —como estructuras de celosía o tableros atirantados— hasta diseños más contenidos que evocaban los arcos, pero que, en realidad, eran vigas de canto variable.
Finalmente, se adoptó la solución que Javier denominaba «clásico-moderna», por ser la que mejor conciliaba las exigencias de integración visual con el río y con la ciudad, así como la preocupación que generaba una intervención de envergadura tan próxima al centro histórico monumental. Todo ello sin renunciar a las dimensiones propias de un puente contemporáneo.
La solución adoptada fue un dintel continuo de canto muy variable, que remite visualmente a una arcada múltiple. Incorporaba además grandes huecos circulares en los vanos centrales, un guiño deliberado a los arquillos de descarga de los puentes de fábrica tradicionales. Este diseño cristalizó finalmente en una realización que, de alguna manera, logró sintetizar los deseos, opiniones y condicionantes que rodearon al proyecto.
Conviene subrayar aquí que Javier nunca comulgó con la obsesión por la protección sistemática de toda obra antigua, ni con el rechazo casi automático a introducir formas nuevas en entornos consolidados bajo el argumento de conservar su pureza o identidad.
Sin dejar de valorar el mérito histórico y técnico de las obras realizadas por arquitectos e ingenieros a lo largo del tiempo, consideraba que la antigüedad por sí sola no debía ser un criterio absoluto para impedir el desarrollo de soluciones contemporáneas. No era raro escucharle afirmar que, en muchos casos, «lo nuevo es mejor que lo antiguo».
Con todo, la obra pretendía ser respetuosa y discreta, pero sin renunciar a una presencia firme y moderna. Desde el punto de vista estructural, se trata de una solución relativamente convencional: un puente viga, con sección en cajón de hormigón pretensado formado por dos calzadas independientes, con luces no extraordinarias (92 m) y construido mediante el procedimiento de avance en voladizo, una técnica bien asentada y ampliamente conocida.
Lo realmente interesante del proyecto reside en el modo en que Javier, partiendo de esta configuración convencional, consiguió generar una obra singular, cuidadosamente integrada en su entorno y respetuosa con el puente histórico próximo.
Por un lado, acentuó de forma deliberada el canto del tablero sobre los apoyos para reforzar su semejanza visual con una solución en arco. A esto añadió los grandes huecos circulares mencionados, que, si bien no tienen función hidráulica —como en los antiguos puentes de sillería—, cumplen aquí un papel fundamental aligerando visualmente la estructura y estableciendo un vínculo formal con la tradición de los constructores medievales (Manterola et al., 2014a, 2014b)
El intradós curvo de la obra ofrecía además una dimensión poética: evocaba, según contaba él mismo, el movimiento ondulado de una piedra saltando sobre la superficie del agua. El chipi-chapa de sus juegos infantiles en Pamplona, como solía llamarlo con afecto al hablar de este proyecto.
Así, mediante unos pocos ajustes a una solución ortodoxa de sección cajón, logró una geometría dinámica y ligera, y, en definitiva, una obra que ha terminado por integrarse plenamente en el paisaje urbano de Zamora.
Aunque inicialmente se proyectó revestida en piedra natural, la solución final se ejecutó en hormigón blanco con tratamiento de textura en las caras visibles. El borde curvo del intradós queda destacado mediante una moldura que refuerza la percepción de su perfil dinámico.
Desde la plataforma del puente se abren nuevas vistas inéditas del promontorio histórico de la ciudad, con la catedral como espolón visual destacado. Esto ha hecho que el puente se haya convertido también en un itinerario muy frecuentado por los propios habitantes de Zamora.
Pasarela Pedro Gómez del Bosque sobre el río Pisuerga, Valladolid (2005-2010)
Esta obra nace de una iniciativa del Ayun-tamiento de Valladolid, en colaboración con la Confederación Hidrográfica del Duero, que pretendía recuperar la margen izquierda del río Pisuerga a lo largo de su paso por la ciudad mediante la creación de un itinerario peatonal ininterrumpido. En ciertos puntos estratégicos donde las márgenes estaban mal comunicadas, se plantearon nuevos cruces exclusivamente peatonales.
El cruce que nos ocupa se sitúa en el tramo final del recorrido urbano del río, en una zona de desarrollo relativamente reciente. La pasarela conecta una plaza pública en la margen izquierda con una zona baja, inundable, en la margen derecha, precisamente donde el río describe una marcada curva. La propia dinámica fluvial explica las diferentes condiciones de sus orillas: escarpadas en la curva externa, donde se produce la mayor erosión, y tendidas donde históricamente se han ido depositando sedimentos.
Durante la visita al emplazamiento en la fase de concurso (2004), Javier identificó rápidamente que esas condiciones eran idóneas para plantear una pasarela colgada tipo span band, esto es, de banda tesa. Se trata de una disposición estructural especialmente atractiva para los ingenieros, ya que ofrece una conexión casi ideal entre forma y función, tema por el que él sentía un profundo interés.
Las bandas tesas se caracterizan por relaciones flecha/luz muy reducidas —en el orden de 1/50—, lo que genera grandes fuerzas de tracción que deben ser absorbidas por estribos concebidos como verdaderos macizos de anclaje. Esta alta tracción es precisamente la que permite controlar las deformaciones bajo sobrecargas, aunque a cambio se introduce un comportamiento estructural marcadamente no lineal.
Aunque ya había diseñado una pasarela con esta tipología —en aquel caso en hormigón pretensado—, finalmente no llegó a construirse. Cuando me comentó su idea de emplearla en Valladolid, le pregunté qué opinaba sobre las soluciones que había desarrollado Jörg Schlaich, utilizando pletinas metálicas como elementos portantes y plataformas de hormigón no colaborante. Javier las conocía perfectamente y, de hecho, ya las tenía en mente. Aquella experiencia previa con hormigón le había dejado claro que los problemas de fluencia y retracción, inherentes al material y acentuados por la flexibilidad del sistema, dificultaban el control geométrico de la estructura.
Se adoptó esta disposición; inicialmente con dos pletinas de acero continuas, pero luego, durante la obra, se modificaron a propuesta del constructor por una sola sobre la que se situaron losas prefabricadas de hormigón ligero sin contribución al trabajo longitudinal de la estructura. De este modo se evitaron los citados problemas de deformaciones diferidas.
El proyecto incluía también la estabilización de los taludes y la protección de la margen izquierda para evitar que la erosión progresiva comprometiera las edificaciones próximas.
El diseño final resultó en una pasarela de 100 metros de longitud total, con un vano colgado de 85 metros, que —según los datos que manejábamos en aquel momento— constituía la mayor luz realizada hasta entonces con pletinas metálicas como elementos portantes. (Manterola et al., 2010, 2014 y 2011)
Tuve la responsabilidad de desarrollar el proyecto incluyendo el dimensionamiento estructural, lo que supuso una experiencia apasionante, precisamente por el carácter novedoso del sistema. Empleé para ello los recursos de cálculo más avanzados disponibles en la oficina en ese momento: modelos de elementos finitos tipo lámina, análisis no lineales, simulaciones dinámicas… Todo con el objetivo de reproducir con precisión el comportamiento real de la estructura. Se estudiaron la fuerte no linealidad geométrica de la respuesta, las flexiones parásitas en el contacto entre las pletinas y las sillas de anclaje, y el comportamiento dinámico frente al paso de peatones —entonces era reciente aún el caso emblemático de la pasarela del Milenio de Londres.
Recuerdo especialmente cuando presenté los resultados a Javier. Tras revisar los documentos, rebuscó entre sus notas personales hasta encontrar una cuartilla con unas conclusiones que había elaborado años antes, fruto de su estudio sobre este tipo de estructuras. En una sola hoja tenía sintetizado prácticamente todo lo necesario para diseñar la pasarela, algo que me había ocupado semanas.
El resultado es realmente magnífico: una estructura de extrema sencillez y transparencia, tanto en su visión diurna como en la nocturna, gracias a la cuidadosa iluminación LED que la acompaña.
Probablemente se encuentra entre las obras más ligeras y esbeltas diseñadas por Javier, algo favorecido por la propia tipología colgada, en la que plataforma y elemento sustentante se funden visual y estructuralmente.
Esa claridad visual, como tantas veces ocurre, oculta una gran complejidad técnica, tanto en el diseño como en el cálculo y en la ejecución. Pero precisamente por eso refleja algunos de los ideales más queridos por Javier en sus obras: esbeltez, ligereza y tensión contenida.
Puente de Endarlatsa sobre el río Bidasoa, Navarra-Guipúzcoa (2006-2010)
Para Javier, este proyecto, como todas las obras que realizó en Navarra y el País Vasco, tenía un significado especial ya que se sentía profundamente vinculado a estos territorios por su origen navarro. A ese vínculo personal se sumaba en este caso un componente afectivo: el nuevo puente venía a sustituir un arco de hormigón construido en los años 50 del siglo XX por su pariente Jesús Redón, también él un notable ingeniero navarro.
El emplazamiento tenía un carácter simbólico, pues unía a las dos comunidades autónomas, pero además poseía un elevado valor ambiental y paisajístico. Por ello, el diseño del puente debía minimizar el contacto con el cauce del río, tanto durante la fase de ejecución —para preservar el ecosistema— como en su estado en servicio, evitando interferencias en el curso del agua, especialmente durante episodios de avenida.
A estas restricciones ambientales se sumaba otra condicionante importante: el trazado de la carretera requería que el nuevo cruce se resolviera en un tramo curvo. Este conjunto de factores permitió a Javier proponer, de forma casi natural, una solución en arco con tablero superior, pero incorporando una tipología que llevaba tiempo estudiando con interés: el arco espacial.
Es bien sabido que, a menos que su geometría siga con precisión una forma antifunicular tridimensional, los arcos no planos están sometidos a fuerzas fuera de su plano, lo que genera momentos flectores y esfuerzos cortantes transversales adicionales (Manterola et al. 2011, Jorquera & Manterola, 2007).
Existen distintas estrategias para afrontar estas solicitaciones, como el uso de cables activos para contrarrestar los efectos de desviación (como en el puente sobre el río Galindo (Manterola et al. 2011) (Manterola & Gil, 20008), o bien el incremento de la rigidez transversal del arco mediante el ensanchamiento de su sección.
En el caso de Endarlatsa, dado que la curvatura en planta era moderada, se optó por esta última solución: aumentar ligeramente el ancho del arco bastó para dotarlo de la rigidez transversal necesaria sin comprometer la limpieza formal de la obra.
El nuevo cruce, además, se producía con una importante desviación respecto al eje del cauce, lo que implicó que la luz principal de la nueva estructura (100 m) fuera aproximadamente el doble de la del puente anterior. Las condiciones de apoyo permitieron entonces adoptar la solución de arco con tablero superior, pero con un rebajamiento notable (flecha/luz ≈ 1/10), que proporcionaba a la obra una tensión visual muy acusada, una cualidad que Javier apreciaba especialmente en los puentes arco.
El resultado es una estructura de 190 metros de longitud total, resuelta con 10 vanos: 15,00 m + 8×20,00 m + 15,00 m. Los cinco vanos centrales, de 20 metros de luz cada uno, se apoyan sobre un arco parabólico de 100 metros de luz y 10 metros de flecha en clave (Manterola et al. 2008, 2010) (Manterola et al. 2011).
El tablero está constituido por una viga cajón metálica en forma de artesa, con vuelos laterales apoyados en costillas metálicas. Sobre estas se dispone una losa de hormigón armado que colabora estructuralmente con la viga metálica, formando un sistema de acción mixta.
El arco está formado por dos tubos de borde de 1,00 m de diámetro, rellenos con hormigón sin retracción, y unidos entre sí mediante chapas tangentes horizontales de dimensiones variables, configurando así una sección cerrada que aporta rigidez torsional y eficiencia estructural.
Para evitar afectar al río durante las obras, el arco se montó mediante el procedimiento de abatimiento, una técnica que permite ensamblar la estructura sin intervenir directamente sobre el cauce, desplegando el arco desde posiciones laterales hasta su configuración final.
Dado el carácter simbólico de la unión entre ambos territorios que representaba esta obra, el acto de cierre del arco contó con la presencia institucional del presidente del Gobierno de Navarra y del lehendakari del Gobierno Vasco.
Manterola fue siempre extremadamente generoso al compartir su conocimiento con la profesión
Referencias
1
Manterola J., Muñoz-Rojas J., Navarro G., Valerio J.A., Fernández S., Faúndez H. (2014). Puente de los poetas sobre el río Duero en la ciudad de Zamora. VI Congreso de la Asociación Científico-Técnica del Hormigón Estructural, Madrid.
2
Manterola J., Muñoz-Rojas J., Navarro G., Valerio J.A., Fernández S., (2014). The Puente de los poetas (Poets Bridge) over the Duero River in the City of Zamora. 37th IABSE Symposium, Madrid.
3
Manterola J., Muñoz-Rojas J., Alonso-Villalobos J. (2010). Pasarela peatonal “Pedro Gómez del Bosque” sobre el río Pisuerga en la ciudad de Valladolid. Un nuevo récord de longitud en pasarelas colgadas de banda tensa. V Congreso de la Asociación Científico-Técnica del Hormigón Estructural, Barcelona.
4
Manterola J., Muñoz-Rojas J., Alonso-Villalobos J. (16-18 de julio de 2014). “Pedro Gómez del Bosque” Stress ribbon footbridge over the River Pisuerga in Valladolid. 5.º Congreso Internacional Footbridges 2014–Past, present & future, Londres.
5
Manterola J., Muñoz-Rojas J & Gil M. Á. (2011). Spatial arch bridges over the Galindo and Bidasoa rivers. Structural Engineering International, 21(1), 114–21. https://doi.org/10.2749/101686611X12910257102794.
6
Manterola J., Muñoz-Rojas J. (24–27 de noviembre de 2008). Nuevo puente sobre el río Bidasoa Endarlatsa. En: IV Congreso de la Asociación Científico-Técnica del Hormigón Estructural-Congreso Internacional de Estructuras, Valencia.
7
Manterola J., Muñoz-Rojas J. (27-29 de abril de 2010). Nuevo puente sobre el río Bidasoa Endarlatsa. II Jornadas sobre puentes. La construcción en el proyecto y el proyecto en la construcción. Donostia-San Sebastián.
8
Jorquera J.J., Manterola J., Estudio del comportamiento resistente de los puentes de arco espaciales. Tesis doctoral-E.T.S.I. Caminos, Canales y Puertos (UPM). 2007. Madrid.
9
Manterola J, Gil M. Á. (24-27 de noviembre de 2008). Puente sobre el río Galindo en Baracaldo. En: IV Congreso de la Asociación Científico-Técnica del Hormigón Estructural–Congreso Internacional de Estructuras, Valencia.