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Sector inmobiliario

La construcción industrializada, la apuesta por un modelo sostenible

La construcción de la ciudad debe atender a retos cada vez más exigentes que respondan al planteamiento de dónde y cómo queremos vivir. Condicionantes de los que se viene hablando desde hace tiempo, como reducir el impacto o aumentar la eficiencia energética, cobran singular importancia. La respuesta debe venir de la mano de la innovación, con nuevos materiales y nuevas formas de construir, y los Fondos Europeos nos proporcionan recursos para aprovechar esta oportunidad única.

Palabras clave: Construcción, ciudad, eficiencia energética, innovación.

Construction of cities must meet new demanding challenges giving an answer to the question “where and how we want to live”. We have been discussing for a long time about certain conditions such as reducing impact or increasing energy efficiency, which importance is currently broadly accepted. Innovation with new materials and new construction methods, and the European Funds providing economic resources set us ahead of a unique opportunity.

Keywords: Construction, city, energetic efficiency, innovation.

Juan Antonio Gómez-Pintado Rodríguez de Segovia

Presidente de APCEspaña.

© Redd

Las ciudades viven en plena transformación para adaptarse a las necesidades y demandas de quienes las habitan. Situaciones tan excepcionales como una pandemia, tal y como ha salido a la luz tras la aparición del COVID-19, pueden llevar a cambios de comportamiento habitacionales que nos hagan replantearnos cómo y dónde queremos vivir, y el sector promotor y constructor no puede ser ajeno a estos cambios.

En paralelo, la reducción del impacto medioambiental de las grandes urbes es fundamental para la sostenibilidad del planeta. La eficiencia energética, la reducción de los residuos y la disminución del impacto en la huella hídrica deben ser, sin lugar a duda, los ejes fundamentales para el futuro de la construcción.

En este sentido, la industria de la construcción vive un proceso de innovación en la búsqueda de nuevos materiales. Muchos de los que se utilizaban hasta ahora tenían un impacto negativo en el medioambiente y afectaban a la huella de carbono de forma directa, por lo que se hace imprescindible buscar alternativas como la madera, que almacena carbono y consume una energía mucho menor que otros materiales de construcción que no son renovables y requieren grandes cantidades de combustibles fósiles para ser producidos. Pero aún queda mucho por hacer, y son cada vez más las empresas e instituciones que están invirtiendo en investigación y desarrollo para aplicar nuevos materiales dentro de la economía circular hasta llegar a nuestro objetivo en 2030, donde se espera que toda la industria habrá cambiado de una manera drástica.

De esta forma se afrontará el futuro de las ciudades, que requieren entornos más desarrollados y exigen nuevas soluciones habitacionales y en la manera de vivir. En este contexto, tanto la regeneración como la rehabilitación urbana van a ser claves ya que no podemos tener un crecimiento desmedido como hasta ahora. No cabe duda de que la ordenación del territorio tiene un impacto muy directo en la vida de las personas, y las actuaciones de regeneración de las zonas más antiguas y céntricas de las ciudades son fundamentales para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Como sector debemos anticiparnos a lo que está por venir teniendo en cuenta que estudios elaborados a este respecto, como el de ONU-Habitat, prevén que para antes de 2050 el 70% de los habitantes del planeta residirá en ciudades.

Ante estas circunstancias, el sistema constructivo industrializado supone un cambio de paradigma para una edificación más sostenible y eficiente, y asegura además la salud del sector inmobiliario residencial de los próximos años, haciéndolo en cierto modo más resiliente a los cambios de ciclo. No hay que olvidar que las ayudas europeas del plan de recuperación destinadas a la rehabilitación de la vivienda constituyen uno de los programas mejor financiados, y en él la industrialización también puede jugar un papel importante. El objetivo del programa de rehabilitación residencial no es otro que encarar diferentes obras e intervenciones para disminuir el consumo energético del parque residencial español y acelerar la reducción de la media del consumo de energía primaria no renovable en más de un 40%.

Teniendo en cuenta estos factores, el sector de la construcción debe priorizar la eficiencia energética de los edificios y las viviendas, la búsqueda de un menor impacto en la huella de carbono en la rehabilitación de los edificios y en sus procesos constructivos, y la disminución de residuos durante todo el proceso. La forma de construir es también un aspecto fundamental que debe considerarse. En este sentido, indudablemente hay que tener muy en cuenta la apuesta por la construcción industrializada en la edificación —más respetuosa con el medioambiente— ya que hace la ejecución más sostenible al permitir la optimización del uso de los materiales y la energía así como la concentración de los procesos en un único punto. Queda demostrado que el impacto ambiental es menor, ya que se usan materiales reutilizables y reciclables, y el control de las emisiones es posible al estar en un entorno cerrado. Sirva como ejemplo que la industrialización de los edificios permite un consumo óptimo de materias primas, reduciéndose las mermas y los residuos de un 7% a un 1,5% con la ventaja de que estos residuos son reciclables de forma efectiva y con facilidad en fábrica.

El sistema constructivo industrializado permite acortar los tiempos gracias a la modularidad de los diferentes elementos.

El sistema constructivo industrializado asegura la salud del sector inmobiliario residencial de los próximos años

Como decíamos anteriormente, la llegada de los Fondos Europeos nos plantea una gran oportunidad para poder abordar estos objetivos tan necesarios. Se inicia ahora un proceso de dos fases. En la primera, hasta 2030, la rehabilitación de las viviendas conseguirá la eficiencia energética que buscamos, y en la segunda encontraremos un considerable porcentaje de viviendas que no cumplirán las normas mínimas de salubridad ni los códigos técnicos y, por tanto, su destino será la demolición para poder crear barrios nuevos, con ciudades más concentradas que permitan un mejor uso de los servicios públicos, más espacios verdes y que den paso a nuevas fórmulas de movilidad sostenible.

Pero para poder dar respuesta a todos estos compromisos es necesaria una colaboración público-privada para agilizar la tramitación de los procesos. La administración debe mirar también con cierta perspectiva empresarial para no quedarse en la teoría y llegar a la práctica, innovando para conseguir sinergias que permitan revisar los procesos, buscar fórmulas alternativas y agilizar especialmente la concesión de licencias.

Nadie pone en duda que la regeneración urbana se ha convertido en la piedra angular de las políticas urbanísticas de los últimos años, partiendo de modelos que giran en torno a la sostenibilidad y la integración de aspectos económicos y sociales derivados de este enfoque. El sector inmobiliario y constructor debe actuar con visión a largo plazo sobre lo que se espera de las ciudades y las viviendas del futuro.

La industrialización en edificación consiste en realizar procesos constructivos en paralelo a actividades que se estén realizando in situ

Bajo esta premisa de sostenibilidad, desde hace años se ha venido defendiendo que no hay construcción más sostenible que la industrializada. Al realizarse en su mayor parte en taller, el impacto en el lugar es mínimo y se controla el consumo de la energía, a la vez que se generan menos residuos. Y si hablamos de economía circular, la construcción offsite puede ser la solución. Es en este compromiso medioambiental por parte del sector inmobiliario y constructor donde este tipo de construcción juega un papel fundamental.

Tanto los profesionales como las administraciones públicas tenemos que invertir en la industrialización y sumarnos a la creación de un empleo mucho más especializado que la construcción tradicional a pie de obra. Al desarrollarse en parte en fábricas también contribuye a mejorar las condiciones laborales y facilita la conciliación. La industrialización trae consigo un empleo más atractivo por lo que la construcción solventaría otro de sus desafíos actuales como es la falta de mano de obra, y conseguiría atraer a más gente joven al sector e incorporar a la mujer en este tipo de construcción.

En este sentido aún queda mucho camino por recorrer, pero es evidente que cada vez más empresas de nuestro país están poniendo en marcha líneas de negocio basadas en la innovación y la industrialización en la edificación. Asimismo, nuevas organizaciones y asociaciones, como el recientemente creado Clúster de la Edificación, trabajan por encontrar y favorecer nuevos métodos innovadores con vocación internacional. Este tipo de iniciativas, que cuentan ya con el apoyo de grandes empresas e instituciones del ámbito público y privado, harán crecer exponencialmente el desarrollo, también a gran escala, de promociones con sistemas modulares en altura, tal y como se viene haciendo desde hace años en países como los Países Bajos, los EE. UU., el Reino Unido o Japón.

La clave

Construcción offsite

Este tipo de construcción consiste en ensamblar un porcentaje, cada vez más elevado, de los elementos en fábrica para que en la obra solo tengan que ser montados.

Al trasladar el proceso de producción al taller o fábrica se plantea como una solución a la reducción del impacto del sector en el medio ambiente y una mejora de la eficiencia energética de los edificios construidos.

La industrialización como proceso de transformación e innovación

El proceso de construcción de un edificio apenas ha evolucionado y por este motivo es donde resulta más evidente la necesidad de innovar. En este sentido, la industrialización es el método que ha transformado a otros sectores y que poco a poco va logrando abrirse paso en nuestro negocio. La industrialización en edificación consiste en realizar algunos procesos constructivos de forma paralela a las actividades que se estén realizando in situ. Por ejemplo: hacer en fábrica las fachadas mientras en el solar se está llevando a cabo el movimiento de tierras. Como estas actividades dejan de ser secuenciales y pasan a solaparse, el proceso se altera radicalmente: disminuye el ciclo de producto y también el riesgo de negocio. Por eso es fundamental plantear la industrialización como una alternativa a la forma tradicional de edificar, más respetuosa con el medioambiente.

Los motivos por los que la industrialización no se ha implantado de forma más clara son, en primer lugar, culturales (aunque ha mejorado su imagen, aún hay clientes que la asocian a los grandes desarrollos prefabricados de antaño de calidad dudosa); de precio (la construcción industrializada en España se justifica para edificios destinados al alquiler, pero para los demás todavía puede resultar más cara); y tecnológicos (no existía un software para la gestión de procesos de esta complejidad).

Además, para que la industrialización tenga éxito es fundamental pensar y dimensionar previamente cómo se van a integrar los elementos industrializados en la dinámica de la obra y el modo de conseguir un proceso más eficiente.

Las ventajas de cambiar de la construcción convencional e integrar, poco a poco, soluciones industrializadas son varias: mayor seguridad (que es un aspecto de gran valor en obra), mayor sostenibilidad (se generan menos residuos); mayor calidad (el producto tiene mejores acabados por lo que hay menos incidencias de posventa) y, sobre todo, la reducción del tiempo de ejecución de la obra.

Entonces, ¿qué sucede si el punto de partida es un edificio construido, con patología, con sistemas no definidos y ciegos para el proyectista? Esta casuística se suma a la ya difícil práctica de la prescripción de sistemas, especialmente los industrializados. La industrialización tiene que ver con la estandarización, con la estabilidad dimensional, con la ausencia de improvisación. Estos conceptos chocan diametralmente con el concepto de rehabilitar, de rehacer… Como un coche cuya carrocería se repara en el taller de forma artesanal porque el golpe no es estándar.

Si entendemos la industrialización como lo que es —una innovación de proceso y no de producto—, es fácil entender cómo en rehabilitación todavía es más crítico el encaje de todas las piezas desde el momento inicial. Las restricciones de un inmueble ya construido dan muy poco margen de libertad para cambios de rumbo o improvisaciones y exigen una ingeniería de procesos clara e integradora de todas las actuaciones.

Y, desde aquí, avanzar y adoptar sistemas industrializados flexibles que permitan resolver varias posibilidades en relación con lo detectado en el objeto de rehabilitación. Por tanto, como sector, nos enfrentamos a un reto aun mayor: conjugar la precisión de los sistemas industrializados con los miles de realidades de cada edificio y de cada uso.

De lo que no cabe duda es que nos encontramos ante una oportunidad única tanto para paliar las actuales carencias que presenta el parque de viviendas de nuestro país, como para cambiar el modelo constructivo de vivienda nueva a través de la industrialización, y así como para actuar como sector, a través de la práctica de nuestra actividad, en la mejora de la sostenibilidad y la reducción de la huella de carbono. El fomento de la industrialización nos acerca más a esa meta.

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