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La Clave | 3633

Una nueva estrategia para la “España vaciada”

La recuperación del patrimonio de la obra pública como motor económico

La sociedad actual encara retos de gran magnitud como el cambio climático, la descarbonización, la despoblación de amplias regiones y el bajo crecimiento demográfico. La ingeniería del pasado y su patrimonio permite entender el significado de las obras públicas en el desarrollo económico y social de España. Un patrimonio que bien gestionado puede convertirse en una importante fuente de riqueza como recurso económico en consonancia con los criterios del desarrollo sostenible, especialmente en zonas empobrecidas o despobladas. Una nueva estrategia para la generación de nuevos recursos para la recuperación de las zonas despobladas de nuestra geografía.

Palabras clave: Despoblación, Ingeniería, Patrimonio, Recuperación, Desarrollo Sostenible, Nueva estrategia.

Today’s society faces challenges of great magnitude such as climate change, decarbonization, depopulation of large regions and low population growth. The engineering of the past and its heritage allows us to understand the meaning of public works in the economic and social development of Spain. Correctly managed, this heritage can become an important resource in line with the criteria of sustainable development, especially in impoverished or unpopulated areas. A new strategy for the generation of new resources for the recovery of the unpopulated areas of our geography.

Keywords: Depopulation, Engineering, Heritage, Recovery, Sustainable development, New Strategy.

Lola Romero Muñoz

Doctora en Historia del Arte y del Territorio.

Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo (CEHOPU).

La sociedad europea actual encara importantes retos, entre otros, el cambio climático, la sostenibilidad del planeta, la crisis demográfica o la despoblación de amplias áreas territoriales. Nuestro país debe afrontar una lucha decidida contra las causas y consecuencias desencadenadas por estos fenómenos que redundan en una mayor desigualdad si queremos preservar nuestro sistema de vida y los valores basados en el bienestar social, la democracia y la cohesión territorial. Para ello, sin embargo, resultará necesario asumir ciertos cambios en nuestra forma de vida con el fin de combatir los efectos desencadenados por largas décadas de desarrollismo mal entendido.

En concreto, queremos referirnos aquí al problema de las desigualdades desencadenadas por el fenómeno de la “España vaciada” o “España de baja densidad”, una realidad que afecta, sobre todo, a amplias zonas rurales y del interior peninsular en un país, por otro lado, cada vez más próspero, pero con un pobre y preocupante crecimiento demográfico.

Afrontar estos envites requiere altura de miras y ambición en la búsqueda de soluciones. Es decir, demanda poner en marcha políticas integradoras, seguramente con estrategias innovadoras, con el fin de enfrentar de una manera eficaz y eficiente la situación descrita. Unas políticas que generen mejores condiciones de vida para los habitantes de estas regiones despobladas, que redunden en la puesta a su disposición de servicios como la implantación de redes de telecomunicaciones, transportes, estrategias de movilidad, implantación de servicios asistenciales y formativos…, con el fin de lograr una mayor cohesión social y territorial. Sistemas sostenibles que conformen una estructura compleja de mejora de las condiciones de vida de la población en amplias regiones de nuestro país. Todo ello llevará esperanza de mejora y seguridad a regiones cuya economía está todavía basada casi exclusivamente en el sector primario, diversificando su actividad.

Aunque en la actualidad la cuestión de la despoblación de las tierras del interior peninsular ha adquirido una relevancia destacada en la agenda política, conviene tener presente que se trata de un asunto con reminiscencias históricas. Lo que hoy llamamos la España vaciada fue un asunto crucial abordado por diferentes autoridades políticas en cada época. Conocidos son los esfuerzos de repoblación llevados a cabo durante el siglo XVIII por algunos de los más reconocidos políticos Ilustrados (Pedro Rodríguez de Campomanes, Pablo de Olavide, Gaspar de Jovellanos o Bernardo Ward), encaminados en su acción de gobierno a enfatizar la necesidad de una reforma económica que favoreciese el crecimiento demográfico y la creación de nuevas fundaciones en zonas despobladas. Factor, el de la población, considerado ya entonces como motor para el progreso social, económico y vertebrador de amplias zonas deshabitadas.

El ejemplo y los resultados de aquella época deben guiarnos a la hora de buscar nuevas y diferentes estrategias que, basadas en la recuperación, restauración y reutilización —es decir, en criterios básicos de la economía circular—, permitan repensar para reproponer y definir nuevas soluciones permanentes en el tiempo. Nuestra propuesta se basa en la recuperación, puesta en valor y reutilización de recursos ya existentes en amplias zonas de nuestro país que muchas veces permanecen abandonadas o inutilizadas. Hablamos del patrimonio de las obras públicas, importantísimo recurso al que podría darse una nueva y mayor dimensión, convertido en un poderoso agente de desarrollo, cohesión de estas regiones, impulso a la creación de empleos, sustentado en el respeto al medio natural y en políticas encaminadas a combatir el cambio climático en línea con los nuevos objetivos de desarrollo sostenible. Para ello resulta esencial el apoyo e impulso de los departamentos públicos con competencias directas en estos aspectos como el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana o el de Transición Ecológica y Reto Demográfico.

El patrimonio de la ingeniería y el desarrollo sostenible

Si algo diferencia al ser humano en relación con otros seres vivos que habitan el planeta es su notable capacidad de transformación del medio natural. A lo largo de su historia, la humanidad ha desarrollado y sofisticado sus recursos técnicos hasta el punto de cambiar considerablemente el paisaje y la percepción del mismo. En este sentido comienza a utilizarse el concepto “Antropoceno”, acuñado por el premio nobel Paul Jozef Crutzen, algo así como una nueva era geológica en la que el principal agente transformador sería el ser humano.

En el caso concreto de la ingeniería, y en particular de las obras públicas, puede afirmarse que han actuado como un notable factor modelador del medio físico, ya sea porque su construcción requiere grandes movimientos de tierras, ya porque permite la ocupación de terrenos, o porque activa fenómenos indirectos que desencadenan nuevos efectos que, cuando están bien resueltos, se incorporan al territorio. Las obras públicas producen cambios de carácter ambiental, visual y perceptivo en el conjunto del paisaje. En algunas ocasiones, el resultado inducido por la construcción de una obra pública tiene tal capacidad de alterar la esencia y composición de la escena que el aspecto del paisaje resultante puede tener poco que ver con el estado anterior.

Por otra parte, la preocupación por el cambio climático y por la preservación y cuidado del medio natural, así como por el despoblamiento de grandes áreas —aunque, como se ha señalado, no son fenómenos modernos— suscitan hoy un gran interés y consideración en la sociedad española. La formación de esta nueva sensibilidad nace cuando se adquiere conciencia de lo limitado de los recursos naturales, lo cual ha llevado a los gobiernos a impulsar políticas conservacionistas.

Tramo final del Caminito del Rey a la salida del paraje natural del desfiladero de los Gaitanes, Málaga.

Al socaire de este cambio de mentalidad se ha producido un efecto paralelo en lo que respecta a la valoración del patrimonio fruto de la acción constructiva del hombre en la naturaleza. Por ello, el legado arquitectónico e ingenieril, este de forma más tardía y lenta a pesar de su relevante implicación en el territorio, ha ido ganando en consideración e interés dentro de las iniciativas proteccionistas de los gobiernos, hasta el punto de que obras de ingeniería que en su tiempo fueron consideradas como molestas y devastadoras son hoy contempladas como tecnológicamente avanzadas, armoniosas y provistas de un valor estético.

Con todo, el conocimiento y la conservación del rico patrimonio de las obras públicas de nuestro país solo serán posibles si se produce un cambio de mentalidad. La invisibilidad de este legado se debe en buena medida a la consideración únicamente utilitarista y práctica que históricamente se ha tenido hacia ella. Este desinterés —y, como consecuencia, su falta de conservación— se debe también a circunstancias físicas y políticas que deberían poder sortearse: la abundancia de obras, su situación geográfica en varias circunscripciones, su gran tamaño, la dificultad para definir criterios de valoración aplicables y la falta de políticas y directrices de conservación. Todo ello, a pesar de tratarse de una actividad que supondría un crecimiento de empleos vinculados a todas las acciones que se precisen. Esto junto con los problemas relativos a competencias y atribuciones. Sin embargo, algo parece cambiar a la luz de las enormes ventajas que muestra la aplicación práctica de un nuevo paradigma respecto del patrimonio y su puesta en valor como elemento fundamental para las políticas de vertebración territorial y crecimiento económico. A la luz de este planteamiento, parece necesario un marco de cohesión en forma de un plan nacional concreto, relativo al patrimonio de las obras públicas, que establezca con criterios unitarios la definición, valor, carácter o distinción, intervención y protección del patrimonio de la ingeniería civil por su carácter lineal, conformadora su acción del territorio como ninguna otra, trascendiendo la pura adscripción administrativa.

Esclusas 20, 19, 18 y 17 en Frómista (Palencia) por donde el agua se desploma en un cuádruple salto desde 15 m de altura. Las esclusas forman una catarata, la mayor de todo el canal de Castilla en este lugar donde se cruza con el Camino de Santiago. Fuente: Archivo gráfico del CEHOPU.
Vista del puerto del Pico coincidente con la calzada romana y la cañada real leonesa occidental, paso natural entre la altiplanicie abulense y el valle del Tiétar (Ávila). Junto con el puerto de Menga, forma la divisoria entre la meseta norte y la meseta sur, con una anchura de entre 5,5 y 8,5 m. Fuente: Archivo gráfico del CEHOPU.

El aprovechamiento social y económico del patrimonio histórico de la obra pública

Como se viene diciendo, España posee una enorme riqueza patrimonial de obra pública histórica, en muchas ocasiones todavía en uso, con una doble vertiente por su valor ingenieril y arqueológico. Su mantenimiento, conservación, estudio y recuperación constituye una empresa en la que deberán implicarse profesionales de diversa procedencia —entre otros, los ingenieros de caminos— y los sectores de la Administración con distintas competencias, cuya colaboración y buen entendimiento se hace imprescindible para llevar a cabo proyectos de alcance. La prioridad para la defensa de este impresionante legado pasaría por la preservación de obras que constituyen hitos significativos debido a su singularidad tipológica, virtuosismo constructivo, complejidad técnica e innovación. Ello requiere avanzadas iniciativas encaminadas a su revitalización económica, si fuera necesario mediante la asignación de nuevos usos, aunque preservando la idea con la que fueron proyectados en el pasado para mantener su identidad.

Hoy nos resulta evidente que para que una propuesta de este tipo sea algo vivo, eficaz y no caiga en el abandono, debe conseguir rentabilizar las inversiones públicas realizadas por la Administración en su recuperación. Para ello, las iniciativas exitosas como la recuperación del patrimonio del Camino de Santiago, en menor medida todavía el canal de Castilla, las vías verdes o las carreteras paisajísticas han de convertirse en un foco de atracción cultural y turístico sostenible y de calidad al objeto de generar recursos destinados a las poblaciones de su entorno. Así podrían llegar a ser conjuntos de alto valor estético, paisajístico y medioambiental de primera categoría por su calidad cultural y económica, tal y como demanda, cada vez más, la sociedad. En concreto, podemos referirnos en estas páginas al éxito de la puesta en marcha del Caminito del Rey —conjunto de alto valor estético, ingenieril, paisajístico, natural y medioambiental de primera categoría—, a través del cual se ha generado una notable y evidente mejora económica en la comarca donde se ubica, más notable aún si se tiene en cuenta que solo han transcurrido cinco años desde su puesta en marcha. Su recuperación se ha convertido en un foco de atracción cultural e ingenieril de calidad para los visitantes de todo el mundo que lo transitan, generando importantes recursos para las poblaciones de su entorno, creando puestos de trabajo, mejoras notables en su forma de vida y la esperanza de futuro para los jóvenes de la región.

El análisis del patrimonio de las obras públicas se puede llevar a cabo desde diversos enfoques: legal, económico, sociocultural, medioambiental, tecnológico… Ahora bien, desde el punto de vista del desarrollo sostenible, el aspecto más relevante es su dimensión medioambiental y demográfica. Ello supone la optimización del uso patrimonial y la prolongación de su vida de servicio, lo que en el campo de las obras públicas representa un ahorro de los recursos en el que no será preciso el insumo de nuevos elementos arrancados al medio natural con carácter masivo. La alternativa es el aprovechamiento de los bienes disponibles, mediante la asignación y readaptación establecida por una conveniente gestión integrada.

Por otra parte, desde el punto de vista del desarrollo sostenible y de la ingeniería, hay que tener en cuenta una dimensión de orden superior: el especial valor innovador o medioambiental de algunas obras de infraestructura, verdaderos hitos, que desbordan los márgenes de la declaración y el control administrativo. En este sentido, no puede prescindirse de la estrecha relación entre patrimonio y entorno medioambiental. Numerosas infraestructuras, obras e inmuebles se integran con el medio natural en una simbiosis efectiva: presas, acueductos, canales y obras hidráulicas en general; puentes y caminos o puertos y playas. La Ley 4/1989 del 27 de marzo de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre, la Ley del Patrimonio Histórico o el más reciente “Plan de Recuperación. 130 medidas frente al reto demográfico” ofrecen un marco jurídico adicional a tener en cuenta en tales casos, pues se establece una clasificación en categorías de los bienes, sus valores a proteger y su posible reutilización como elemento generador de recursos económicos sostenibles con el fin de revertir la despoblación de las zonas del interior peninsular.

Vista actual del puente de Santo Domingo de la Calzada en el Camino de Santiago, que atraviesa la población (Rioja).

El papel del CEHOPU y su actividad encaminada a la transferencia del conocimiento del patrimonio de la ingeniería

Desde el CEDEX en los últimos años, a grandes rasgos, se han abordado diversas líneas de investigación encaminadas al estudio y recuperación del legado de la ingeniería a través de estudios integrales de puentes y presas históricos. Así, se ha trabajado en la investigación, difusión y transferencia del conocimiento del patrimonio de obras públicas singulares, actividad desarrollada en buena medida en infraestructuras ubicadas en la llamada España despoblada.

Por su parte, el CEHOPU sumaría a todo ello el impulso a una estrategia mantenida desde hace años con el fin de visibilizar y vincular este patrimonio en zonas de baja densidad con la generación de nuevos recursos. Desde nuestro punto de vista, las decisiones concernientes al uso y conservación del patrimonio de la obra pública deberían ser compartidas y visibilizadas por la ciudadanía. El hecho de que la sociedad civil conozca y aprecie este patrimonio es el motivo esencial de la labor de investigación y divulgación que a través de sus exposiciones se ha realizado. A lo largo de los años, el CEHOPU ha ido encaminando su actividad hacia la transmisión del conocimiento del patrimonio histórico de nuestro país, conformándose en el Centro una nueva sensibilidad de carácter social sobre este desempeño. Para la consecución de nuestros objetivos, esta labor no debería tratarse de un esfuerzo realizado únicamente desde el ámbito técnico, sino que, muy al contrario, debería trascenderlo hasta convertirlo en un servicio público, que redunde en el bienestar general, como muestra la excelente acogida de estas iniciativas de carácter internacional, nacional y local, impulsando la colaboración permanente con instituciones de ámbito municipal. En este sentido cabe destacar la organización de una exposición en Santo Domingo de la Calzada, iniciativa que se mantendrá en el futuro con la presentación de nuevas exposiciones itinerantes.

En esta línea, y de acuerdo con lo estipulado en el Estatuto del CEDEX, una de las labores encomendadas a CEHOPU es la creación del Museo de la Obra Pública. Con el recurso a la colección de maquetas de historia de las obras públicas, se podría plantear no solo un gran museo en una ciudad, sino también una red de museos en poblaciones de menor densidad situadas en zonas aquejadas por la despoblación. Para ello sería necesario el concierto de las administraciones de todos los ámbitos: Ministerios, comunidades autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos, con el fin de hacer de estos museos una iniciativa viva, donde desarrollar todo tipo de actividades sociales, eventos científicos o académicos e instalados en edificios singulares, aún a costa de tener que rehabilitarlos, con el fin de convertirlos en focos de atracción pública, generadores de empleo de calidad.

Artículo enmarcado en la investigación de los objetivos del proyecto “Análisis y definición de estrategias para la caracterización, recuperación y puesta en valor del patrimonio de las obras públicas. Una aproximación desde la escala territorial” (PID2019-105877RA-I00)”.

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