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Editorial
La transición obligada
Carlos Nárdiz Ortiz | Director de la Revista de Obras Públicas
Los paisajes de la energía han sido siempre paisajes construidos, en los que una nueva naturaleza, se ha terminado imponiendo a la anterior, con una carga mayor de artificialidad. Igual ha ocurrido con los paisajes de la minería, y en general con los de la ingeniería civil, ya que como bien decía José A. Fernández Ordoñez: ”Siempre que se construye se destruye”, aunque el hombre tiene la capacidad de crear o construir paisajes con una carga simbólica y cultural, que pasan a formar parte de la memoria colectiva.
En el territorio construido actual, la legislación y la planificación urbanística y territorial, han ido avanzando en la protección de los espacios naturales y culturales, recibidos como herencia a través de sus transformaciones anteriores, de forma que la sociedad, que se identifica con ellos en un momento determinado, ya no admite transformaciones posteriores a la escala de las del pasado, porque considera el paisaje, con sus valores ambientales y económicos, de gran importancia para la vida de los hombres y de las sociedades.
Sabemos hoy, y es aceptado socialmente (excepto en países que no han llegado a un determinado grado de desarrollo, que tienen que ser compensados por ello), que no podemos seguir explotando por ejemplo nuestros ríos, con los aprovechamientos hidroeléctricos que se generalizaron en los años 50 y 60 del siglo anterior, debido a que los valores del agua no pueden reducirse a los económicos.
Igualmente sabemos, que intervenciones que no eran rechazadas hace poco más de cincuenta años, y que contaban con el apoyo de la propia Administración, por generar a veces empleo, a pesar de destruir otros valores y producir el rechazo de las poblaciones y propietarios afectados por su localización, hoy son rechazadas no solo por los efectos locales, sino por los globales, en una realidad con la que tendremos que aprender a convivir.
La Administración aprobó aquí en España, en enero del año anterior, cuando todavía no sospechábamos los efectos de la pandemia, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), como hoja de ruta, junto con la Ley de Cambio Climático y Transición Energética (mayo de 2021), que incluye el despliegue e integración de las energías renovables, las transformaciones que afectan a los distintos sectores del transporte, la residencia, la industria, la agricultura, el forestal, la ganadería, la de gestión de los residuos etc., con acciones transversales de participación social e instrumentos económicos, creando el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, para enfrentarse con los efectos de esa transición, orientada fundamentalmente a la descarbonización de la economía, a la que se asocia una Estrategia de Transición Justa, que solo está esbozada en sus objetivos, medidas, políticas activas y convenios de transición.
En esta apuesta, como es sabido, se pretende conseguir para el horizonte del 2030 el 74% de renovables en la generación eléctrica y la reducción del 23% de las emisiones de gases invernadero respecto a 1990. Acabamos de saber por el informe del Comité de Expertos de la ONU, y por las propias manifestaciones de la naturaleza, que hasta estos escenarios pueden ser insuficientes para enfrentarnos con lo que se ha llamado la emergencia climática, a la que dedicamos también un número cercano de esta revista (Nº 3616).
En la nueva etapa de la revista, en el número 3626 dedicábamos La Clave a la Nueva movilidad urbana, y el número3627, al Año Europeo del Ferrocarril, como transporte alternativo más eficiente energéticamente que el avión y el automóvil o el transporte de mercancías por carretera. El número 3628, por otra parte, lo dedicábamos al Diseño en la Obra Pública, pero este diseño no podemos entenderlo solo desde el punto de vista formal o estético, sino también en relación a la eficiencia energética y el consumo mínimo de materiales, dentro de un diseño ecológico, que se irá imponiendo al tradicional ingenieril y arquitectónico.
Las coordenadas por las que nos hemos estado moviendo tradicionalmente los ingenieros de caminos, canales y puertos, o civiles en el exterior, están cambiando y esta revista quiere ser expresión de ello como lo testifica el apartado de La Clave propuesto y coordinado en este número 3629 por César Lanza, sobre Los efectos de la transición ecológica sobre la ciudad y el territorio, en donde estos efectos solo aparecen sugeridos a través de un número limitado de artículos, ya que con ellos, como noticias también recurrentes en la prensa, tendremos que convivir, no de forma pasiva, sino buscando alternativas.
Para enfrentarnos con ellos, necesitamos de una planificación flexible, tanto ambiental, como social y económica, adaptable a escenarios cambiantes, pero que no retroceda en la mirada, con decisiones a veces contradictorias, lo que implica una fuerte carga política, en donde las reacciones frente a la dispersión especulativa de la extensión de la energía eólica y fotovoltaica, que junto con la hidráulica y la biomasa forman parte de las energías renovables, denominadas intencionadamente“energías limpias”, no son más que la expresión, de que a pesar de los planes sectoriales aprobados por las comunidades autónomas desde los años 90, de las guías para la evaluación del impacto ambiental, o de la Zonificación Ambiental propuesta por el Ministerio de Transición Ecológica en diciembre del 2020, los problemas derivados de la construcción dispersa futura de parques eólicos y fotovoltaicos, no están resueltos.
Y es que el problema nunca ha sido el uso, sino el abuso y el que la Administración tanto central, con competencias en la evaluación ambiental para potencias que superan los 50 MW y autonómica, para potencias menores, que ha ido aprobando planes y guías para dimensionar adecuadamente las nuevas intervenciones, debe completarlas con la planificación territorial supramunicipal que es la que define la capacidad y fragilidad del territorio para acogerlas. Ya Ian L. McHarg, a finales de los años 60 del siglo pasado, apoyaba en los conceptos de capacidad y fragilidad las limitaciones y los criterios de lo que él llamaba “Diseñar con la Naturaleza”, en los que no tendrá más remedio que moverse la ingeniería civil o de caminos, canales y puertos, junto con la industrial.
El debate energético, con sus consecuencias sobre el clima, formará parte del debate constante en nuestra sociedad
El debate energético, con sus consecuencias sobre el clima, formará parte del debate constante en nuestra sociedad, como está ocurriendo también en relación al precio de la energía, y la Revista de Obras Públicas se ha hecho eco de él especialmente en las dos últimas décadas y seguirá haciéndolo con frecuencia, al igual que los relativos al agua y el transporte, pero no debe quedarse en las grandes cifras, sino que necesita descender a las consecuencias sobre el paisaje y sobre la población, en donde la escala local debe caminar en paralelo con la global.
A ello responden los contenidos de La Clave que ha seleccionado César Lanza, en donde él mismo nos propone opciones en relación a la energía eólica, con la repotenciación de los parques de mayor antigüedad, evitando “el impacto acumulado” al que nos lleva la sobrecarga eólica con la dispersión de nuevos parques. Un ecologista perplejo, como Jorge de Vivero, nos alerta también de “los robos del silencio de las cumbres”, en donde todavía hay gente como él que disfruta contemplando la naturaleza en silencio.
Los efectos de la transición ecológica, afectan también a la gestión y planificación del agua, como expresa el artículo de Manuel Menéndez, que plantea cambios en las prioridades, más allá del enfoque técnico, ingenieril o científico. Entre ellos está el nuevo papel de los embalses,que se han vaciado este verano en busca de la máxima rentabilidad, mostrando las ruinas de los valles y los pueblos que inundaron. Este nuevo papel, como recoge Baldomero Navalón en su artículo, es el del almacenamiento de la energía eólica y solar, por medio de bombeos, por los que apuesta también el PNIEC.
La transición energética, como parte de la transición ecológica, está teniendo efectos importantes sobre poblaciones como As Pontes de García Rodriguez, que crecieron a partir de los años 40, con la construcción de una primera central térmica, que se fue ampliando después, impulsada por la presencia de carbón en este lugar, cuyo cierre reciente, necesita convenios de Transición Justa, que palíen los efectos negativos sobre la economía y el empleo que cuantifica Fernando González Laxe, incluida la propia capacidad financiera del Ayuntamiento en el que se localiza.
Nuestras ciudades, por otra parte, deberán enfrentarse de una forma distinta a los problemas de movilidad urbana, como poníamos de manifiesto en el número 3626, en donde los estudios que recoge María Cifuentes, muestran que la capacidad de nuestras aceras es insuficiente para los viandantes, que han ido introduciendo nuevos medios de movilidad no solo en las tramas urbanas, sino también en las carreteras de acceso. En la metamorfosis de la piel de la ciudad, que nos propone Ezequiel Domínguez en torno al patrimonio público de calles y carreteras, como elementos esenciales para la supervivencia de las mismas, que trascienda los intereses sectoriales, está el futuro de las ciudades.
Nuestras ciudades deberán enfrentarse de una forma distinta a los problemas de movilidad urbana
Finalmente, Rosario Cornejo, nos alerta de que el sector de la carretera debe cumplir también con su obligación de reducción de las emisiones y capacidad de respuesta al cambio climático, destacando el proyecto de investigación, en el que participa la Dirección General de Carreteras, junto con otras administraciones españolas, y reclama una mayor atención hacia las carreteras en el proceso de transición ecológica.
Las secciones se inician con la Coyuntura, con un artículo de José Luis Marín, Luis Ángel Fernández y Javier Baztán, sobre el reto que plantea a los ingenieros de caminos, canales y puertos, el nuevo modelo energético, y con las nuevas oportunidades que ofrece el PNIEC, a las actividades profesionales de los ingenieros. En ellas hemos intercalado el artículo de Miguel Aguiló, en memoria de José Antonio Torroja, al que vamos a dedicar el siguiente número de la revista (el 3630) en forma de un número extraordinario.
En la entrevista que forma parte de la sección El Camino, era obligado, en este caso, realizarla a nuestra compañera Carmen de Andrés, reciente Premio Nacional de Ingeniería Civil del MITMA, cuyas actividades han estado relacionadas con los temas ambientales y energéticos.
El sector de la carretera debe cumplir con su obligación de reducción de emisiones
Recogemos en este número dos actos, uno dentro de la sección El Colegio, sobre las diferentes alternativas de integración del ferrocarril en las ciudades, con una introducción de Fernando Ruiz y la conclusión de que la solución no es única, con la necesidad de tener en consideración otras circunstancias, respondiendo a la petición que hizo el secretario de Infraestructuras al Colegio, Sergio Vázquez, de realizar una reflexión con el objeto de buscar criterios y objetivos racionales para la integración. El otro acto fue el celebrado en el Instituto de Ingeniería de España, organizado por la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, y moderado por Almudena Leal, sobre el pago por el uso de las carreteras, como tema de actualidad, después de las declaraciones del Ministerio, que hemos recogido en la sección A debate, y al que nos referíamos también en el número 3626, en el que recogíamos el informe que hizo la Comisión de Transportes y Movilidad del Colegio.
Finalmente, como en los números anteriores, la revistadedica un espacio a la Universidad, con la entrevista a José Capilla, compañero y rector de la Universidad de Valencia; al Mirador al Arte, con el artículo de César Lanza, sobre las posibilidades que ofrecen los gemelos digitales con la reproducción de obras de arte, como las esculturas, planteando la duda del “aura”; y a la sección de Libros, en donde recogemos los escritos por nuestros compañeros, Víctor Yepes e Ignacio Sánchez Mora, al que se une en el caso de la ingeniería de ultramar, María Antonia Colomar.
La revista está ya en la etapa de cumplir los plazos con los suscriptores, en donde están muy avanzados los números que saldrán hasta finales del 2021, por la conjunción del trabajo del equipo de Redacción y el de Diseño, junto con las aportaciones del Comité de Redacción y el Consejo Editorial, que están siendo claves para conseguir la continuidad en esta nueva etapa, a la que hemos añadido, para su difusión, los Diálogos de la Revista de Obras Públicas que iniciamos el 7 de octubre.