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Tenerife | Manuel Durbán Villalonga

Director conservador del Parque Nacional del Teide

“ El Parque Nacional del Teide es un museo de vulcanología al aire libre”

El Parque Nacional del Teide fue declarado Parque Nacional en 1954 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2007. Tiene una superficie de 18 990 hectáreas e incluye el pico más alto de España, de 3715 metros. Con 4,4 millones de visitantes en 2023, es el Parque Nacional más visitado de Europa y el noveno del mundo. Manuel Durbán es ingeniero de montes y ha dedicado prácticamente toda su vida profesional a la dirección de parques en Canarias, primero en el de la Caldera de Taburiente, en la isla de la Palma, y ahora, en el Parque Nacional del Teide, en Tenerife.

Pablo Otaola Ubieta (Coordinador del monográfico)

©Carlos A. Schwartz.

¿De quién depende el Parque y cómo se gestiona?

El Parque Nacional es la figura de espacio natural protegido señera en nuestro país y en el mundo. En España tiene varios niveles: por un lado, la legislación básica es competencia de las Cortes y, por otro, las directrices básicas se desarrollan a través de reales decretos. Mucha gente desconoce que un parque nacional se declara por ley de las Cortes, no mediante una ley autonómica, por lo que cada parque tiene su propia ley estatal y, además, un decreto para el Plan Rector que es autonómico.

En el caso del Teide, la gestión ordinaria está transferida al Gobierno de Canarias, que también tiene la competencia de la planificación a nivel de parque, mediante el Plan Rector. Desde hace siete años la gestión ordinaria está delegada, no transferida, al Cabildo de Tenerife.

¿Cuál es la singularidad de este Parque?

Siempre me ha parecido que el Parque Nacional del Teide es un museo de vulcanología al aire libre. En muy pocos kilómetros encontramos la práctica totalidad de estructuras, materiales o formas volcánicas. Desde estratovolcanes, como Teide-Pico Viejo, a conos de cenizas, coladas de lava, malpaíses o a lavas cordadas. Prácticamente tiene todas las estructuras, materiales y formas que es posible encontrar en el mundo de la vulcanología.

Respecto de los otros parques españoles, ¿en qué aspectos encontramos la diferencia?

En España, cada parque debe representar un ecosistema distinto del país y aquel que tiene la mejor representación es el que se declara parque nacional. En el caso del Teide representa sistemas volcánicos maduros de alta montaña y recoge los ecosistemas de la alta montaña de la Macaronesia. Es la montaña más alta de la Macaronesia y su emblemática vegetación es muy peculiar, con gran número de endemismos.

Están tramitando un nuevo Plan Rector de Uso y Gestión del Parque que sustituya al vigente de 2002. ¿Qué principales novedades va a tener?

Es una puesta al día del antiguo Plan, que en muchos de los temas se ha quedado un tanto obsoleto. Creo que lo principal es que se le da mucha importancia a la gestión adaptativa ante el cambio climático, del que hace 22 años se hablaba, pero poco. También son una novedad el tratamiento de la movilidad y el enfoque respecto al seguimiento, evaluación y cumplimiento de objetivos. Son diferencias importantes respecto al anterior Plan.

Mucha gente desconoce que un parque nacional se declara por ley de las Cortes

En relación con la movilidad, ¿qué tipo de estudios están realizando?

El Parque ha recibido 4,4 millones de visitantes el año pasado y este año estamos batiendo records todos los meses con lo cual seguro que vamos a sobrepasar esa cifra y cada año va a ser parecido. Por ello, estamos elaborando un Plan de Movilidad Sostenible con el objetivo de conseguir que, en las principales horas del día, de las nueve a las cinco de la tarde, el acceso al Parque se organice con sistemas de transporte colectivo, bien guaguas discrecionales o lanzaderas desde intercambiadores en el exterior del Parque.

Ya hay un documento técnico de estudio de la capacidad de carga del Parque y un borrador de Proyecto de Interés Insular en el que se define cómo sería el sistema, dónde podrían ubicarse los intercambiadores y cuál sería el sistema de gestión. Estos documentos técnicos tendrán que ser estudiados por los políticos, discutidos mediante una información pública y finalmente, van a tener que aprobarse.

¿En qué medida el actual éxito del Parque puede llegar a suponer un problema?

El problema es que el Parque tiene muchas personas circulando por las tres carreteras insulares que lo atraviesan y que, no olvidemos, son de dominio público y tiene servidumbre de paso. Vigilar todo ese flujo de visitantes es prácticamente imposible si no se hace desde el origen, disminuyendo el número de turismos particulares, dándoles información en los intercambiadores y en las lanzaderas en distintos idiomas, etc. También es importante concienciarlos de que no van a una visita más, si no a un Parque Nacional, ya que hoy en día mucha de la gente que sube a ver el Teide no sabe que se encuentra en un Parque Nacional. Es triste, pero es cierto.

Lo he dicho muchas veces: si subes a los Roques de García hay días en que parece que estás en la entrada del campo de futbol Heliodoro Rodríguez López cuando se va a jugar un Tenerife-Las Palmas. No da la impresión de que se trate de un parque nacional.

Todo ello supone un grave problema para el Parque Nacional, pero también, si se gestionara bien, es una oportunidad para dar a conocer los valores de la naturaleza de Tenerife y para concienciar a todos los visitantes de que ellos también son corresponsables en la conservación de la naturaleza. Y, además, está la generación de recursos económicos y la creación de empleo mediante todo este sistema de movilidad. Creo que es una gran oportunidad, pero también es una gran amenaza.

Los Roques de García, uno de los elementos más visitados del Parque. Fuente: Parque Nacional del Teide

¿A qué problemas se enfrenta actualmente el Parque?

Además del gran número de visitantes, los principales problemas son el cambio climático, que está perjudicando gravemente a muchas especies, entre ellas, al emblema del Parque que es la retama del Teide. Luego está la presencia de herbívoros introducidos, como el conejo, que se introdujo en la época de la conquista, y el muflón, que se introdujo en los años 70 del siglo pasado (1) y que afectan gravemente a la vegetación (hay que tener en cuenta que en Tenerife no existen depredadores naturales como en la península y en Europa). Finalmente, los incendios forestales son cada vez más grandes y suponen un grave riesgo para el Parque, porque, a diferencia del pinar canario que por suerte se regenera rápidamente después de un incendio, el matorral de cumbre puede tardar décadas en recuperarse.

A los equipos ciclistas profesionales les gusta entrenar en altura allí. ¿Supone esto un problema al Parque?

En absoluto. Todos los años vienen varios equipos durante la pretemporada, se alojan en el Parador del Teide y no incomodan. Pueden suponer un problema si tienes prisa, ellos van rodando por la carretera y hay una guagua detrás que no consigue adelantarles, pero eso también sucede en Santa Cruz cuando hay un atasco. Casi incomodan más los ciclistas aficionados a los que les cuesta subir las pendientes. Además, pertenecen a la élite mundial y son un buen reclamo para Tenerife y un buen ejemplo de turismo de calidad.

Vegetación característica del Parque Nacional del Teide (Chavao). Fuente: Parque Nacional del Teide.
Minas de San José. Fuente: Parque Nacional del Teide.

¿Qué proyectos tiene previsto realizar en el Parque a corto plazo?

La adecuación de los aparcamientos de los Roques de García. La primera fase empieza ya, con fondos europeos, y la segunda fase deberá empezar el año que viene con la construcción de una rotonda y unos accesos a los aparcamientos. El proyecto ya está redactado.

Y también poner en marcha el Proyecto de Interés Insular, con cuatro intercambiadores en la periferia del parque. No hay que olvidar el estudio económico, ya que, con 4,4 millones de personas, de los que solo hay un 10% de canarios, en un plazo de 10-15 años se amortiza una inversión de 100 M€ (intercambiadores, carreteras y expropiaciones). Se generan, además, 150 puestos de trabajo. Para el medioambiente es una inversión muy fuerte, para carreteras no lo sería, y estoy seguro de que el sector privado la acogería inmediatamente.

Resumiendo, ¿cuál es su visión de su Parque ideal?

Tener la visita controlada con el sistema de movilidad descrito y a los visitantes informados antes de llegar al Parque sobre qué es un parque, cómo deben comportarse, etc.

Una población de conejos mínima y sin muflones. Mantener la población de conejos en unos límites aceptables, máximo un conejo por hectárea, con la ayuda de la población local a la que se le permite colaborar en las tareas de control de conejos. En cuanto al muflón, sí que sería posible erradicarlo, pero siempre que se haga a nivel insular.

Tener un régimen sancionador ad hoc, que no existe actualmente. Los nuevos parques nacionales en sus leyes de declaración llevan su propio reglamento sancionador, pero el Parque del Teide, como la ley es de 1981, no lo lleva, por lo que nos tenemos que regir por la normativa general y eso no es operativo.

Y es muy importante que hagamos como el resto de los países europeos y las faltas administrativas a los no residentes en España se les cobre sobre la marcha. Los turistas saben que aquí las faltas administrativas no se les van a cobrar nunca. En Europa pagas sobre la marcha y, si luego ganas el recurso, te lo devuelven. Salvo que sea delito, que sí se puede perseguir, con las faltas administrativas no pasa lo mismo. ¿Por qué esto es así? No lo sé, quizás porque somos unos quijotes, o por miedo a tocar el turismo. Desde 1989, que me nombraron director de la Caldera de Taburiente, hasta hoy solo han pagado dos turistas alemanes y un inglés; me quedé tan sorprendido que estuve a punto de enviarles un libro de regalo.

El cráter del Teide en primer término y el de Pico Viejo al fondo. Fuente: Parque Nacional del Teide.

Notas

1

El conejo afecta a la vegetación en general y, sobre todo, a la retama cuando germina. El muflón afecta a especies amenazadas porque basta una pasada de una manada de muflones para acabar con la población de una especie en peligro de extinción.

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