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Monográfico | La Rioja / Logroño

Carlos Fernández Casado, ingeniero

© Luis de las Alas

Leonardo Fernández Troyano

Ingeniero de caminos canales y puertos.

Lucía Fernández Muñoz

Ingeniera de caminos canales y puertos. Carlos Fernández Casado, S.L.

Decía Carlos Fernández Casado que para ser ingeniero con mayúsculas, además de hacer ingeniería, había que estudiar y pensar sobre su significado, su historia, su trascendencia para el ser humano, así como su relación con la naturaleza. Él, sin duda, lo fue.

La vida y obra de Carlos Fernández Casado es extensa y diversa. Además de las obras de ingeniería que realizó, tiene una amplia obra escrita, estudios históricos y trabajos filosóficos sobre el significado de la ingeniería. También fue profesor, aunque más tarde de lo que le hubiera gustado. Y fue el primer numerario que ingresó como ingeniero en la Academia de Bellas Artes de San Bernardo.

Nació en Logroño en 1905. Su padre, militar de profesión, estuvo destinado varios años allí hasta que le trasladaron a Madrid cuando Carlos Fernández tenía once o doce años. Se sentía orgulloso de haber nacido en esta ciudad y tenía muchos recuerdos de ella, como sus paseos por el puente de Piedra y el puente de Hierro y el vértigo que sentía al mirar las aguas del río Ebro desde ellos. Este vértigo fue una de sus motivaciones para dedicarse a los puentes.

Ingresó en la Escuela de Ingenieros de Ca-minos Canales y Puertos a los catorce años, antes de acabar el Bachillerato. Terminó la carrera con diecinueve años, en 1924. Ani-mado por su familia empezó la carrera de Tele-comunicaciones, que acabó en París. El año que pasó allí lo dedicó a formarse intelec-tualmente. Visitó las catedrales góticas, muy abundantes en la región central de Francia, y quedó muy impresionado por ellas.

Volvió de París con dos objetivos: estudiar la historia del arte de construir, y construir puentes. Para ello se matriculó en la facultad de Filosofía e Historia en 1926. Decidió además matricularse en Derecho y compaginó ambos estudios. Fue alumno de los filósofos Ortega y Gasset y Zubiri, con quien se sentía muy identificado.

Empezó su vida profesional en 1928 en Granada proyectando caminos vecinales, canales para riego y pequeños saltos de agua. Trabajó en las provincias del sur de Andalucía, siempre en plena naturaleza y con Sierra Nevada al fondo. De esa época parten sus reflexiones sobre la relación del ingeniero con la naturaleza.

Ejemplar del programa de la intervención de Carlos Fernández Casado en la Noche de Gallo, 1928.

Allí pasó cuatro años, unos de los más felices de su vida, y en ellos prosiguió con su formación intelectual. En el Ateneo de Granada conoció a Federico García Lorca, a Fernando de los Ríos, y a los demás integrantes del grupo Gallo, movimiento vanguardista que dirigía García Lorca. Participó en la Noche de Gallo de 1928. Su intervención, titulada «Ingeniería: Maquinismo y Arquitectura», definió las bases de su pensamiento sobre el significado de la ingeniería, que siguió desarrollando a lo largo de su carrera.

Armadura puente de altura estricta de El Pardo.

Al final de su estancia en Granada contrajo unas fiebres tifoideas que le obligaron a guardar reposo una temporada, lo que aprovechó para empezar a desarrollar su Colección de Puentes de Altura Estricta. Sentía que no había hecho nada importante y que necesitaba hacer puentes; aunque no tenía ningún encargo, decidió hacer la Colección por su cuenta afirmando que: «Si los puentes no vienen a mí, yo iré a los puentes». En las obras de esta colección es donde mejor se refleja su manera de concebir la ingeniería, su afán por lo estricto como planteamiento ético y estético. En ella utiliza vigas acarteladas, con las que se sintió identificado toda su vida. De esta colección se realizaron más de cincuenta puentes, tanto por él como por otros ingenieros.

También en esta época comenzó otras actividades que realizó a lo largo de su carrera en paralelo a su labor de proyectista de puentes, como los estudios arqueológicos, en especial, el estudio de las obras de ingeniería romana. Fue entonces cuando inició el estudio de la conducción romana de agua a Almuñécar.

A su regreso a Madrid conoció al constructor navarro Félix Huarte, con quien empezó a colaborar en 1932 en la Constructora Huarte y Cía. En ella permaneció hasta los años 80. La primera obra que construyó con esta empresa fue la facultad de Filosofía y Letras de la nueva Ciudad Universitaria. Luego construyó los puentes de altura estricta de puerta de Hierro y el del Pardo en Madrid, este último uno de sus puentes más queridos. De él escribió: «Podemos afirmar que hemos logrado uno de nuestros objetivos: dar sentido a la norma estética de no perturbar la armonía del paisaje introduciendo el mínimo de formas nuevas».

Una vez terminada la Guerra Civil le abrieron un expediente y le sancionaron, de forma que no podía optar a ningún cargo público. Aquello le cerró muchas puertas y, de no ser por Félix Huarte que contó con él para seguir trabajando en su empresa en 1940, habría tenido que emigrar.

Trabajar en una empresa constructora le llevó a tener muy presente el método de construcción al proyectar las estructuras. La prefabricación la entendía como una racionalización y una industrialización de los procesos de construcción, y la aplicó no solo en las naves industriales, sino también en los puentes.

Su conjunto de naves industriales prefabricadas es uno de sus trabajos formales más conseguido con los elementos estrictamente necesarios. Hizo cubiertas cilíndricas formadas por arcos atirantados —como la de la estación de trolebuses de Madrid, nave que se derrumbó a los cincuenta años de su construcción, no sabemos por qué, aunque sí que se estaba reformando el edificio— y también cubiertas en diente de sierra, como la Metalúrgica de Santa Ana en Linares.

Fue uno de los ingenieros que introdujo la técnica del pretensado en España. La primera obra de hormigón pretensado que realizó —unas vigas trianguladas para la factoría de Avilés— fue en 1957, cuando tenía 52 años. Esto no le impidió volcarse en la nueva técnica, estudiándola en profundidad, lo que le llevó a escribir el libro Puentes de hormigón armado pretensado —una obra enciclopédica en dos tomos, publicados respectivamente en 1961 y en 1965— y a realizar varios puentes con esta técnica que constituyen algunas de sus mejores obras.

Dibujos de los cuadernos de París de catedrales góticas.
Lamina I. Colección de Puentes de Altura Estricta.

En los años 60 realizó varios puentes en avance en voladizo mediante dovelas prefabricadas. Podemos destacar el puente de hormigón pretensado acartelado de Almodóvar del Río, sobre el Guadalquivir, en Córdoba, que fue terminado en 1962.

Puente altura estricta El Pardo 1935.

Otro de los intereses que tuvo a lo largo de toda su vida fue la investigación y los trabajos experimentales en las estructuras. Primero estudió la fotoelasticidad. Y luego, en 1952, montó en Huarte un laboratorio de modelos reducidos, donde se estudiaron varias obras, como las vigas pretensadas de Avilés. Este laboratorio posteriormente pasó a la oficina de proyectos Carlos Fernández Casado, de la que luego hablaremos, pero no llegó a tener la importancia que a él le hubiera gustado. A parte de trabajar en Huarte realizó proyectos particulares para diversos organismos.

En 1944 realizó los proyectos de las obras de fábrica del Salto de La Retorna, en el río Najerilla, para la Hidroeléctrica del Recajo, una obra a la que dedicó especial interés porque estaba situada en La Rioja, su tierra de origen. Los proyectos de ese salto fueron los siguientes:

  • Presa bóveda de derivación, de 14 m de altura, que desvía el agua al canal del salto y vierte el resto del río por coronación.
  • Acueducto sobre el río Najerilla, un arco de 60 m de luz y 16 m de flecha, construido por el sistema Melan, que consiste en construir un arco metálico con la armadura que sirve de autocimbra.
  • Acueducto sobre el barranco de Brieba, de 32 m de luz con una solución análoga al acueducto principal y construido por el mismo sistema.
  • Puente de acceso a la central sobre el río Najerilla de la Colección de Puentes de Altura Estricta.

Fue uno de los ingenieros que introdujo la técnica del pretensado en España

En 1953 proyectó en Logroño el paso superior de la calle Vara del Rey sobre el ferrocarril, un pórtico de la Colección de Puentes de Altura Estricta de 20 m de luz y 24 m de ancho. Aquella era también una obra especialmente querida por estar en su ciudad natal, igual que lo fue el proyecto de la tribuna del Estadio de San Mamés en Bilbao, cuya cubierta está colgada de un arco metálico de 115 m de luz.

Como su gran vocación era la construcción de puentes, y los que realizaba no le parecían suficientes, en 1940 pidió el ingreso en la Jefatura de Puentes y Estructuras del Ministerio de Obras Públicas, pero no pudo entrar hasta que no le retiraron la sanción en 1949. Trabajó en la Jefatura hasta 1963, cuando lo tuvo que dejar porque le exigían dedicación completa. En ella proyectó más de 30 puentes y dirigió la obra de la mayoría de ellos.

De estos proyectos podemos destacar el del puente de Mérida sobre el río Guadiana, de 1959. Es uno de los que él llamó «puentes anacrónicos» por ser de hormigón en masa ya que en esa época el hierro escaseaba en España. Durante los años que se construyó este puente, tuvo que hacer muchos viajes a Mérida, circunstancia que aprovechó para estudiar el puente romano de esa ciudad y el de Alcántara, iniciando así el estudio de puentes romanos que le llevó a escribir varios artículos.

Una de sus últimas obras en la Jefatura de Puentes es el puente sobre el río Caudal en Mieres de 1968. Se trata de un arco tímpano del que realizó un modelo reducido de plástico en el laboratorio.

Así pues, simultaneaba su trabajo en la compañía Huarte, en la Jefatura de Puentes y en sus proyectos particulares, con su labor investigadora y divulgadora, realizando estudios históricos y arqueológicos y publicando artículos y libros sobre muchos temas. Tenía una capacidad de trabajo extraordinaria.

Una de las aspiraciones más tempranas de Carlos Fernández Casado fue ser profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, pero la sanción que se le impuso tras la guerra no le permitió serlo hasta 1958, con 53 años, cuando empezó a impartir la asignatura de Puentes de Fábrica.

En 1964, con 59 años, fundó con su hijo Leonardo Fernández Troyano la Oficina de Proyectos Carlos Fernández Casado, con la participación de Huarte, y en la que poco tiempo después empezó a colaborar Javier Manterola. En la oficina estuvo don Carlos hasta que, por enfermedad, ya no pudo trabajar más. Aunque la oficina se formó cuando él tenía 59 años y con mucha obra ya realizada, en ella proyectó algunas de sus mejores estructuras, de las cuales podemos destacar el puente de Castejón y el puente de Iznájar, que se construyeron por dovelas prefabricadas montadas con un blondín. En el de Castejón pasó a utilizar un intradós curvo y no acartelado.

También destacan los pasos superiores de la carretera de La Coruña, la N-VI. Varios de ellos son pórticos de células triangulares con tablero acartelado de hormigón pretensado. Y, por último, la cubierta colgada cilíndrica del Picadero del Club de Campo, en Madrid, obra singular que realizó en 1968.

Vigas pretensadas, factoria de Aviles, 1957.
Modelo reducido de microhormigon, Avilés.
Puente de Almodóvar voladizo dovelas prefabricadas.

En la oficina, don Carlos trabajó junto con su hijo Leonardo y Javier Manterola hasta que llegó el relevo generacional. En las dos grandes obras atirantadas que hicieron entonces, el puente de Sancho el Mayor y el puente de Barrios de Luna él mismo se dio la categoría de abuelo. En palabras de Leonardo: «de lo que no tenemos duda es que todas las obras que se han proyectado en la oficina de proyectos Carlos Fernández Casado S. L. no se hubieran hecho realidad sin el saber acumulado por él, que tan bien supo transmitir a las generaciones siguientes».

Toda la actividad profesional descrita la simultaneó con la escritura de libros y artículos. Tuvo siempre una enorme capacidad de estudio, a la que se sumaba su curiosidad e interés por lo que se construía en otros países. Por ello se puso en contacto con la revista Ingeniería y Construcción, en la que publicó un artículo anual de 1930 a 1936 sobre las estructuras en el mundo. Esto le dio acceso a las revistas que se recibían en la redacción. Así conoció los artículos de Hardy Cross, lo que le llevó a publicar en 1934 su primer libro Cálculo de estructuras reticulares en el que se explica el método de Cross. De este libro se hicieron ocho ediciones, es el más conocido de todos los que escribió, y fue libro de texto en varias universidades de Ingeniería y Arquitectura de Hispanoamérica. Además, también fue traducido al francés.

Durante la guerra y los dos primeros años de la posguerra dedicó mucho tiempo a su segundo libro Resistencia, que se publicó en 1941. De él dijo: «es el libro más querido pues para mí fue simbólico». Tuvo menos difusión que el primero.

En 1972 el Instituto Eduardo Torroja de la Construcción publicó su libro Acueductos romanos en España. Decidió estudiar los acueductos romanos al hacerse cargo de la restauración del acueducto de Segovia para conocer mejor este tipo de obras y poder acometer dicha restauración con un conocimiento más amplio.

En 1975 terminó su libro La arquitectura del Ingeniero, en el que se recogen un conjunto de artículos que fue escribiendo a lo largo de muchos años y que fueron publicados en distintos sitios. El primero de ellos es su intervención en la Noche de Gallo. El siguiente es la «Teoría del Puente», en el que define lo estricto como primera norma en la ingeniería.

Puente de Castejón, Navarra.

En 1980 se publicó el libro Historia del puente en España. Puentes romanos. Es también una recopilación de artículos en la que destacan los dedicados a los puentes de Mérida y Alcántara. Su amor por la enseñanza y por los puentes romanos le llevó a dar el siguiente consejo a los ingenieros de caminos, el cual figura al final del artículo dedicado al puente de Alcántara: «Ante este puente auténticamente hispano y con doble advocación imperial siente uno el orgullo de ser español, y si, además es constructor de puentes, queda comprometido en voto de autenticidad. Y, para resumir, ya que estamos en ambiente clásico, adaptaremos la prohibición académica a nuestro caso, estableciendo que nadie construya puentes en España sin haber pasado por Alcántara». Lo primero que hizo al montar la oficina fue poner en la entrada una fotografía aérea de ese puente.

El último libro que publicó en 1983, cuando tenía 78 años, fue Ingeniería hidráulica romana, una obra que no le dio tiempo a rematar, pero que tiene una gran labor de investigación documental. Además de estos libros escribió muchos artículos sobre muy diversas cuestiones, desde temas de radio y descripciones de obras hasta temas de filosofía.

Presa de La Retorna.
Acueducto sobre el río Najerilla.
Fase de construcción del acueducto.

En 1973 terminó la carrera de Derecho, que como hemos visto empezó a la vez que la de Filosofía. Tenía 68 años. Después empezó a estudiar Psicología, pero no la terminó.

En 1975 fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su discurso de ingreso se tituló «Estética de las artes del ingeniero». Dejó de asistir a la Academia en 1983, cuando enfermó. En 1976 le hicieron miembro de Honor de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. En 1978 recibió la medalla de la Fede-ración Internacional del Pretensado, que recogió en el congreso de Londres. Y en 1983 fue distinguido como Cole-giado de Honor del Colegio de Caminos, Canales y Puertos.

En noviembre de 1984 recibió un homenaje del Ayuntamiento de Logroño, en el que se colocó una placa en su casa natal y se realizó una exposición de su obra. En mayo de 1986 le concedieron la Medalla de Oro de La Rioja en Yuste. A estos dos actos no pudo asistir debido a su estado de salud.

Carlos Fernández Casado en una visita a obra.

Falleció el 3 de mayo de 1988, a los 83 años, tras dejar una extensa obra construida y escrita. En 2005 se realizó otra exposición sobre su obra en Logroño, y se cambió la placa que se había colocado en su casa natal, en la esquina entre Muro de Cervantes y avenida de Navarra, por la que existe actualmente. El 4 de marzo de 2025 el ayuntamiento de la ciudad inauguró el nuevo Paseo Carlos Fernández Casado, conmemorando así el 120 aniversario de su nacimiento.

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