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Monográfico | Tenerife
El desafío del agua en Tenerife
Un recorrido entre historia, ciencia y tecnología para un futuro sostenible
Javier Davara Méndez
Ingeniero de minas.
Gerente del Consejo Insular de Aguas de Tenerife.
La historia del agua en la isla de Tenerife es una narrativa rica, compleja y, en algunos casos, dramática, que refleja la evolución de las necesidades y del ingenio humano en un entorno geográfico y geológico único. Desde la llegada de los castellanos en el siglo XV, el agua ha sido un elemento que genera prosperidad en una tierra bendecida por la climatología. Al disponer de abundante cantidad de agua, Tenerife fue durante siglos la isla más desarrollada del archipiélago. De hecho, hasta el siglo XIX contaba con varias corrientes superficiales continuas de agua de las que actualmente solo queda una.
A partir del siglo XIX, las aguas superficiales, algunos pozos costeros y los de la Vega de La Laguna así como los manantiales naturales no pudieron cubrir la demanda del desarrollo agrícola y el crecimiento de la población, y hubo que disponer de más recursos provenientes de las entrañas de la tierra. De ahí que, a partir de principios del siglo XX mucho se predijo por parte de científicos e ingenieros nacionales y extranjeros sobre el comportamiento de las aguas subterráneas a fin de dar con la forma más productiva de extraerlas. Incluso alguna hipótesis, como La teoría de las aguas ascendentes y la isostasia en Canarias, fue publicada en 1924, en el número 2416 de esta misma revista, por el ingeniero de caminos Eugenio Suárez Galván.
Fue quizás un licenciado en Derecho y funcionario del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios llamado Ramón de Ascanio y León quien, en 1921, con su publicación Tenerife y sus aguas subterráneas. Apuntes de Geología e Hidrografía, más se acercó a la actual explicación científica y técnica del comportamiento de las aguas subterráneas insulares y a la existencia de un gran acuífero basal.
En una primera época (mediados del siglo XIX) se perforaron pequeñas galerías-naciente, abiertas tanto dentro como en el entorno de algún núcleo de manantiales; entre 1841 y 1915 se abrieron más de 100 obras de este tipo que apenas incrementaron la disponibilidad hídrica en 11 hm3/año (22 en 1841, y 33 en 1915). La galería-túnel Los Catalanes, cerca de la capital Santa Cruz, fue la primera perforación horizontal que irrumpió en el gran acuífero profundo de la isla: el acuífero basal, pero no fue sino a partir de 1924 cuando la galería «convencional» (llamada así para diferenciarla de las galerías-nacientes) de Los Huecos, en Arafo, y otras de la zona e incluso del norte iniciaron la explotación del mencionado acuífero.
A diferencia de las galerías-naciente, las «convencionales» son largas perforaciones (algunas de más de 5000 metros) casi horizontales, con una leve pendiente para que el agua pueda circular hacia el exterior una vez alcanzado el acuífero basal en el frente de la galería. También avanzado el siglo XX se empezaron a perforar los llamados pozos convencionales o canarios que, con un diámetro de 3 m y con galerías de fondo en busca del acuífero basal, recuerdan, en parte, el sistema de extracción de la minería carbonífera asturiana.
Esquema de galerías
En 1965 el caudal conjunto alumbrado por las galerías superaba los 220 hm3/año, el cual ,junto con el aportado por pozos y nacientes, daban una disponibilidad de 255 hm3/año, que es la oferta máxima histórica de agua en la isla, conformada en su totalidad por recursos «convencionales» que, en la actualidad, se ha reducido a 145 hm3/ año.
Desde 1875, año de la restauración borbónica, hasta finales del siglo XX, los métodos utilizados para alumbrar aguas subterráneas no han sido otros que los propios del laboreo de minas. Son ejemplo de ello los 65 kilómetros de los 289 pozos canarios y los casi 1500 kilómetros de las 500 galerías.
La iniciativa privada en el agua
Todas las obras citadas fueron realizadas por la iniciativa privada, con una extraordinaria participación de toda la sociedad, desde el humilde agricultor que necesitaba el agua para su sustento hasta la gran industria petrolífera que precisaba de garantías de suministro para su actividad industrial en la ya extinta refinería de CEPSA en Santa Cruz.
La Administración no participó en estas actuaciones salvo en contadas excepciones, como en la galería de Los Catalanes, impulsada por el Ayuntamiento de Santa Cruz a principios del siglo XX, o algunas canalizaciones tras la guerra civil. Por ello, podemos afirmar que hasta hace unas décadas el sector del agua en Tenerife era enteramente privado y la participación de la Administración se limitaba a ejercer de órgano regulador del recurso minero.
Como consecuencia de lo anterior, en Tenerife existe un mercado del agua, algo que puede resultar sorprendente para quienes no son locales. En este mercado, los propietarios de los derechos de explotación del agua tienen la libertad de vender el agua extraída al precio que acuerden con los compradores. Este mercado presenta todas las características típicas de cualquier otro mercado como la libre competencia, la existencia de monopolios u oligopolios, las fluctuaciones en los precios, y la compra y venta de acciones o derechos. Como en cualquier otro tipo de mercado, ello ha generado, al fin y a la postre, enriquecimientos y empobrecimientos personales.
La defensa de estas singularidades a finales de los 80 movilizó a la sociedad tinerfeña, que se rebeló contra la Ley de Aguas estatal del año 1985 la cual, en cierto modo, establecía la expropiación de lo que eran los ahorros de miles de familias. La aprobación de la Ley de Aguas de Canarias, en 1990, permitió alcanzar la paz social en el mundo del agua.
La planificación hidrológica en Tenerife
Con estos antecedentes es entendible que Canarias haya necesitado una legislación propia en materia de aguas que reconozca las peculiaridades de las islas y le dote de un marco legal adaptado a sus circunstancias específicas. La Ley de Aguas de Canarias de 1990 estableció los fundamentos para una gestión autónoma e insular del recurso hídrico y promovió el nacimiento de los consejos insulares de aguas, que administrativamente dependen de los Cabildos.
En desarrollo de esa ley, el Cabildo de Tenerife creó en julio de 1995 el Consejo Insular de Aguas de Tenerife (CIATF), equivalente a las Confederaciones Hidrográficas de la península; es una administración pública cuya Junta General está compuesta por 50 consejeros, de los cuales 26 pertenecen a organizaciones de carácter privado (titulares de aprovechamientos, organizaciones agrarias y empresariales, etc.…), que ha desempeñado un papel crucial en la administración y planificación del agua en la isla desde su creación. No en vano Tenerife dispuso del primer plan de cuencas de España, el Plan Hidrológico de Tenerife de 1996.
Lo primero que establecía el Plan era que el comportamiento del acuífero a la baja denotaba que, con el tiempo, la principal fuente de suministro iría perdiendo caudal debido a diversos factores: en primer lugar, por el descenso de los niveles saturados, causante, a su vez, de pérdidas de carga hidrostática; también, la explotación por galerías en un subsuelo cada vez más profundo y, por tanto, más compacto y con menor capacidad de almacenamiento daba lugar a caudales alumbrados cada vez más bajos; por último, y no menos significativo, la disminución del agua de recarga al acuífero, dada la constatada disminución de las precipitaciones (menos agua para recargar) y el aumento de la temperatura (aumento considerable de la evapotranspiración en detrimento de la recarga). Por otra parte, el agua extraída ha ido perdiendo calidad debido a diversos fenómenos, como la intrusión marina en los pozos costeros o la contaminación natural a causa de la actividad volcánica de algunas zonas como la de las Cañadas del Teide.
La historia del agua en la isla de Tenerife es una narrativa rica, compleja y, en algunos casos, dramática
Un problema añadido que se presentaba con las galerías era que, una vez se alcanzara la reserva de agua subterránea, el caudal no dejaría de aflorar hasta que no se drenara por completo el agua almacenada en ese depósito; a pesar de que se intentaron distintas soluciones de estancamiento en Tenerife estas nunca llegaron a funcionar por razones básicamente geológicas mientras que en la isla de La Palma sí tuvieron éxito. Esta incapacidad de regulación del caudal alumbrado por las galerías hacía que durante el invierno, cuando la demanda agrícola disminuía, el mercado no podía asumir tanta agua y, por tanto, esta se perdía a través de barrancos. Esta situación fue corregida con el diseño y la construcción de balsas en distintas zonas de la isla para que se pudieran almacenar dichos sobrantes. A fin de gestionar estas balsas y distribuir el agua almacenada en época estival, el Cabido creó en 1988 BALNORTE, que en 1992 pasó a denominarse BALTEN (Balsas de Tenerife), un organismo autónomo que ha funcionado con éxito a modo de gran comunidad de regantes a nivel insular, gestionando no solo las aguas subterráneas de las galerías sino las aguas residuales regeneradas ya a partir de 1993.
Ante el constante e irremediable descenso de la disponibilidad de agua subterránea se tuvo que apostar por el recurso de agua industrial para cubrir una demanda en crecimiento, tal y como quedó reflejado en el primer Plan Hidrológico Insular aprobado en 1996. Ese Plan ya puso de manifiesto que el sistema hidrológico en la isla, a pesar de que naciera para cubrir una necesidad municipal o incluso comarcal, tenía una clara proyección insular donde las sinergias y las economías de escala podían jugar un papel trascendental. Por ello, la primera planificación agrupó a los 31 municipios de la isla en diversas comarcas y estableció que en el futuro estas comarcas debían estar interconectadas entre sí.
Depuración y desalinización
En el caso del abastecimiento, era un hecho que las zonas productoras de agua subterránea de la isla estaban conectadas con las zonas demandantes a través de canales, la mayoría de ellos financiados por la iniciativa privada, pero en el ciclo del saneamiento, depuración y regeneración el escenario era bien distinto. Un ejemplo son las numerosas depuradoras municipales, construidas a principios de los años 80, que nunca cumplieron su objetivo debido, entre otras razones, a la incapacidad de los ayuntamientos para gestionarlas.
El Plan Hidrológico estableció la construcción de 13 sistemas de saneamiento y depuración comarcales, encargados de tratar el agua de varios municipios, permitiendo así su gestión por una entidad supramunicipal como el CIATF. Desde el principio, se previó que esas aguas depuradas se utilizaran para el riego y para ello -dado que las áreas productoras de agua regenerada, como el área metropolitana de Santa Cruz-La Laguna, no coincidían con las que la demandaban-, se construyó y se puso en marcha en 1993 un corredor de agua regenerada que, a través de 62 kilómetros, bordea el lado sur de la isla y que en 2005 se prolongó 30 kilómetros más por el borde oeste, completando dos lados del triángulo isósceles que forma la isla, y que fue gestionado por BALTEN. Este gran corredor se complementa con otros corredores menores en la zona metropolitana y noreste, así como uno en el lado norte de la isla.
De manera similar, se planificó la producción y distribución de agua de mar desalada a través de las EDAM (Estaciones Desalinizadoras de Agua de Mar) supramunicipales y de los corredores que, a modo de autopistas del agua, bordearían la isla. Y así, durante las últimas décadas, las fuentes de suministro proveniente de la producción industrial han ido ocupando el espacio dejado por la merma de las aguas subterráneas debido al agotamiento del acuífero.
Corredores de agua regenerada
Corredores de agua desalinizada
El prodigioso crecimiento de la industria turística, que supone más del 30% del PIB de la isla, no hubiese sido posible sin la producción de agua de mar desalada. La primera desaladora pública y comarcal fue la del núcleo turístico de Adeje Arona, en el sur de la isla, el mayor de Canarias, donde se instaló para poder garantizar el abastecimiento y dejar de derivar recursos hidráulicos subterráneos de otros usos, como el urbano o agrícola, con menor capacidad de poder pagar precios más altos. Claro ejemplo de que no todo son ventajas en un mercado libre.
Esta importante zona turística pasó de ser demandante de recursos a productora, ya que el autoabastecimiento con agua desalinizada se complementó con el agua residual regenerada de la depuradora comarcal de Adeje Arona, cerrando así el ciclo del agua. De este modo, el agua desalinizada que la propia industria turística produce, usa y depura a su coste la entrega a la agricultura en perfectas condiciones para su uso agrícola. De hecho, cuando en la pandemia de la COVID el turismo despareció de la isla hubo serios problemas para abastecer las zonas de regadío, que dependen de las aguas regeneradas generadas por aquel.
Este ejemplo es el que se ha querido repetir a lo largo de toda la isla y por ello el esfuerzo que, en estos últimos ocho años, la Administración pública ha desarrollado y del que se empiezan a ver los frutos. Tenerife pasará de disponer de 4 EDAR comarcales obsoletas -que solamente depuraban unos 55 000 m3/día-, a 9 EDAR con una capacidad de depuración y regeneración de 155 000 m3/día, lo que representa el 90% del agua residual generada en la isla.
Retos para el futuro
A pesar de la realidad expuesta y de que se ha hecho un gran esfuerzo inversor por parte de las administraciones, aún falta mucho trabajo para optimizar estas inversiones; la red de alcantarillado insular no está completada en una isla donde los núcleos residenciales nacieron sin sistema de saneamiento interconectado y donde hay cientos de núcleos dispersos. Afortunadamente, las principales ciudades y núcleos turísticos sí disponen de un sistema ya completo.
Nos enfrentamos pues a un futuro esperanzador en la isla de Tenerife respecto a la gestión del agua donde las medidas del Plan Hidrológico concluidas, iniciadas y por iniciar buscan un triple resultado positivo:
- Garantía del abastecimiento urbano y agrícola gracias a la red de depuradoras y desaladoras.
- Eliminación completa de vertidos al mar y al subsuelo, cerrando la economía circular del agua. El objetivo es conseguirlo al 95% en 2026.
- Disponer de un recurso imprescindible a un coste más asequible que en épocas anteriores, donde las energías renovables desarrollarán un papel crucial.
Y todo ello sin olvidar y sin dejar de proteger las obras de captación y canalización de aguas subterráneas, en su mayoría privadas, que tanto han contribuido a la prosperidad de la isla de Tenerife.