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La Clave | Ingeniería y cooperación al desarrollo
El enfoque del marco lógico en proyectos de ingeniería
Cristina Martín Heras
Licenciada en Derecho y Administración de Empresas. Máster en Evaluación de Programas y Políticas Públicas. Consultora. Directora de Proyectos de Cooperación Internacional en Eptisa.
En un contexto actual de globalización y desafíos compartidos, necesitamos hacer más, pero también mejor.
La planificación de los proyectos de desarrollo ha ido atravesando distintas etapas. En este tránsito, surge una herramienta ampliamente utilizada para planificar y gestionar este tipo de proyectos internacionales como es el enfoque del marco lógico (EML). Este enfoque no solo permite una mejor identificación, diseño, seguimiento y evaluación de las intervenciones, sino que además facilita la alineación entre las necesidades locales y los objetivos estratégicos de los donantes o instituciones financiadoras.
Este artículo analiza cómo el enfoque del marco lógico puede ser aplicado de manera efectiva en proyectos de ingeniería, particularmente en el contexto de proyectos de infraestructuras en países de renta media y baja.
El EML, una herramienta que invita a pensar estratégicamente
Desde que se firma la Carta de las Naciones Unidas en 1945, con los primeros planes de Ayuda Internacional al Desarrollo (AID), son diversas las metodologías que se han ido usando para la gestión de los proyectos de cooperación al desarrollo.
Surgió entonces la necesidad de homogeneizar y encontrar una herramienta útil con una estructura lógica para planificar, ejecutar y evaluar los proyectos. Con este fin nace, a finales de la década de 1960, el enfoque del marco lógico en el seno de la cooperación al desarrollo de los Estados Unidos (USAID). Posteriormente, en 1983, la Agencia de Cooperación Alemana GTZ presentó su versión propia del EML, el denominado método ZOPP (1); en 1993, la Comisión Europea publicó el enfoque integrado (EI), promovido para la preparación de proyectos de desarrollo, y que venía a ser una variante del EML clásico. Aunque hay algunas diferencias entre las distintas variantes del método, en general puede afirmarse que estos tres métodos (EML, ZOPP y EI) son esencialmente similares, pues tienen su origen en una adaptación del EML.
En un entorno donde muchas intervenciones adolecían de falta de planificación o de claridad en sus metas, el EML aportó un marco común de comprensión. No solo ayudaba a ordenar ideas: obligaba a planificar. A través de su matriz, el equipo debía responder preguntas fundamentales: ¿qué cambio queremos lograr?, ¿cómo sabremos que lo hemos conseguido?, ¿qué supuestos estamos haciendo?, ¿cómo involucramos a los actores clave?
La estructura del EML se basa en una matriz de planificación que define claramente los objetivos, resultados, actividades e indicadores de un proyecto. A continuación, se incluye un modelo de matriz con explicación de su contenido (véase el esquema inferior).
Matriz de marco lógico
Aunque la vocación esquemática y la rigidez del enfoque pueden ser vistas como debilidades si no se adaptan al contexto, es indudable que la matriz constituye un documento conciso y estructurado que permite abarcar de un vistazo la estructura del proyecto, evitando con ello la lectura y el análisis de documentos extensos.
El uso del EML en todo el ciclo del proyecto presenta numerosas ventajas. Podemos afirmar que sirve para preparar buenos proyectos. Como se aprecia en la matriz, es un método de discusión secuencial, es decir, cada paso se construye sobre los acuerdos alcanzados en el paso anterior. Requiere una buena base de diagnóstico y datos previos.
De la lógica vertical a la participación horizontal
En su versión más tradicional, la herramienta refleja una visión top-down del desarrollo, donde los objetivos y actividades se definen de antemano por los donantes o consultores, con escasa participación de los beneficiarios.
Para su efectividad, por tanto, el EML debe ser un método de planificación participativa. Es de suma importancia que los beneficiarios y las partes implicadas en el proyecto desempeñen un papel preferente en su concepción. De no ser así, podemos incurrir en el riesgo de diseñar un proyecto que incluya solo el punto de vista del donante. Este cambio de perspectiva ha enriquecido la herramienta, permitiendo una mayor adecuación a los contextos reales y fomentando el empoderamiento de los actores locales.
Para explicar mejor la importancia de esta última idea sobre la participación de todos los actores clave en el diseño del EML, recuerdo un ejemplo de un proyecto de abastecimiento de agua en África. Se realizó una inversión de acceso al agua para una pequeña población rural de un país africano con la buena voluntad, por parte del donante, de mejorar la vida de las mujeres encargadas de ir a un pozo cercano a por ella, pero no se tuvo en cuenta a los beneficiarios. El resultado fue que el proyecto no tuvo el impacto esperado. Tras su finalización, las mujeres seguían acudiendo a diario a recoger el agua del pozo. Cuando se les preguntó al respecto, dijeron que para ellas ir al pozo era un momento de relajación y socialización y que hubieran preferido otras inversiones a la realizada. Así pues, el proyecto no consiguió el objetivo esperado.
En proyectos de infraestructuras, esta evolución ha sido especialmente relevante. La definición de objetivos y resultados no puede limitarse a indicadores técnicos. Es necesario considerar los impactos sociales, ambientales y de género, así como las dinámicas de poder en los territorios. El marco lógico, bien utilizado, permite abrir ese diálogo y construir una visión compartida del desarrollo en los países de renta media y baja.
Aplicación del EML en proyectos de ingeniería
Los proyectos de ingeniería civil presentan desafíos técnicos, sociales y medioambientales que pueden ser gestionados eficazmente mediante el uso del enfoque del marco lógico. Pero ¿cómo aplicar el EML a proyectos de cooperación en el sector de la ingeniería? Las siguientes fases lo hacen posible:
1. Diagnóstico y análisis de contexto
El EML comienza con una fase de diagnóstico participativo. En el contexto de la ingeniería, implica realizar estudios de viabilidad técnica, evaluaciones del entorno natural y social o consultar con los actores locales.
2. Diseño del proyecto
En función de las necesidades identificadas y validadas en la fase de diagnóstico, se procede a estructurar la matriz de marco lógico. Para ello, tendremos que definir el objetivo general, el o los objetivos específicos, los resultados que esperamos obtener para alcanzar los objetivos establecidos y las actividades necesarias para la concesión de dichos resultados. Todo ello, sobre la base de unos recursos económicos o presupuestarios, con un estudio de costes y la valoración de la hipótesis de contexto, así como una valoración de riesgos que nos permitirá realizar un diseño real, ajustado tanto al contexto como a los recursos disponibles.
3. Seguimiento y evaluación
Será tarea fácil gracias al uso de indicadores específicos, medibles, alcanzables, realistas y de duración limitada, conocidos como indicadores SMART (por sus siglas en inglés). Mediante el seguimiento podremos comprobar los avances físicos y la eficiencia operativa, esto es, cómo están contribuyendo las actividades a la consecución de los objetivos, e incluso la participación de la comunidad o los beneficiarios. Y mediante la evaluación podremos tomar decisiones más acertadas.
En definitiva, se puede afirmar que el enfoque del marco lógico es una herramienta valiosa para el diseño y gestión de proyectos de ingeniería. Sin embargo, su efectividad depende en gran medida de cómo se implementa, el grado de participación de los actores clave, y la sensibilidad con que se adapte al contexto.
Su valor no reside en la matriz en sí, sino en el proceso que la genera. Para los profesionales de la ingeniería que trabajan en contextos de cooperación, el EML representa una oportunidad para fortalecer el diseño, la ejecución y la evaluación de proyectos, es decir, para actuar mejor. Permite conectar la técnica con lo social, lo estratégico con lo operativo, y lo local con lo global. Y, sobre todo, obliga a hacerse las preguntas que importan antes de dar respuestas. Los proyectos en general deben fortalecerse con herramientas de planificación como el EML, pero sin perder de vista la flexibilidad y el aprendizaje continuo. En cualquier caso, se recomienda usar el EML como guía, nunca como una herramienta rígida.
El reto no está en completar una matriz, sino en aplicarla para transformar realidades. Y para ello, el marco lógico es un buen punto de partida.
Notas
1
Siglas de Zielorientierte Projektplanung (planificación de proyectos orientada a objetivos).