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Monográfico | Santa Cruz de Tenerife

El teleférico del Teide

La transición hacia un futuro sostenible

Luis Pintor Sepúlveda

Ingeniero de caminos, canales y puertos.

Director técnico del teleférico del Teide.

Vista general del teleférico del Teide en invierno ©Rafael Cedrés

La historia del teleférico del Teide comienza en la década de 1930 gracias a la iniciativa liderada por Andrés de Arroyo y González de Chávez, que se traduce en un primer proyecto redactado por el ingeniero de caminos, canales y puertos José Ochoa Benjumea. El proyecto definitivo sería redactado y dirigido por el ingeniero de caminos, canales y puertos Miguel Pintor Domingo con la colaboración del ingeniero industrial Francisco Trujillo Armas. Las obras duraron casi una década, finalizando su ejecución a principios de los años 70 con el viaje inaugural del día 18 de julio de 1972.

La construcción supuso un gran reto debido principalmente a las condiciones de alta montaña, los duros inviernos y la dificultad que suponía el transporte del material de construcción a lo largo de la línea. A esto hay que añadir la situación de aislamiento respecto al resto de la isla en cuanto a suministro eléctrico, agua y telecomunicaciones, que convertían el teleférico en una isla en medio de la isla.

Tras casi 30 años de explotación, en 1999 se acomete la renovación de las instalaciones y desde entonces se ha mantenido el criterio de renovación continua de los diferentes sistemas y componentes que forman parte del teleférico. Así, se han actualizado las cabinas; los cables; los motores; todos los componentes implicados en el movimiento, incluida la electrónica de funcionamiento; las estructuras de sostenimiento y las torres; la red eléctrica y de telecomunicaciones; los interiores de las edificaciones… En definitiva, prácticamente todo salvo el aspecto exterior de las edificaciones.

La primera actualización, realizada en el invierno de 1999 al 2000, supuso un cese de la actividad de más de dos meses. Desde entonces, todas las renovaciones se han proyectado y planificado minimizando los días de parada con pasajeros. El mejor ejemplo de este criterio fue el cambio de las cuatro estructuras de las torres que sostienen los cables. Ese trabajo se realizó entre el invierno de 2007 y la primavera de 2008, sin que se interrumpiera el transporte de pasajeros durante el horario comercial ningún día. 

Estación inferior del teleférico situada a 2556. metros de altitud. ©Rafael Cedrés.

La enorme dificultad y la singularidad de la técnica utilizada, inédita hasta entonces en infraestructuras de estas características, supuso el reconocimiento por parte de la Demarcación Provincial del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos con el Premio Agustín de Betancourt a la mejor obra de ingeniería civil del trienio 2007-2009.

Características técnicas del teleférico del Teide

El teleférico del Teide es un sistema de vaivén con dos cabinas conectadas entre sí por un cable tractor que les da el movimiento. Cada cabina discurre por una línea formada por otro cable que hace las veces de vía de casi dos kilómetros y medio de longitud a una velocidad máxima de 8 m/s. Entre ambas estaciones hay cuatro torres de 50 m de altura donde se apoyan los cables. La diferencia de altitud recorrida en el trayecto es de 1200 metros y la estación superior se encuentra a 3555 metros sobre el nivel del mar.

Cada día se registra una media de 48 viajes de ida y vuelta. El trayecto dura unos ocho minutos en una cabina con un máximo de 40 pasajeros y un límite de 3120 kilos de capacidad de carga. Las duras condiciones de alta montaña dificultan enormemente la gestión de esta infraestructura y los factores meteorológicos obligan a su cierre una media de un centenar de días al año.

La energía solar se convierte en un recurso inagotable que respeta el equilibrio de la naturaleza

La transición energética del teleférico

En sus comienzos la energía consumida en las instalaciones del Teide estaba generada por motores diésel. Esto era debido a la imposibilidad de desarrollar una línea de transporte eléctrico de media o alta tensión que atravesara el Parque Nacional. Esta situación no era la más adecuada en un espacio natural de tanta riqueza vegetal, faunística, geológica y paisajística que en 2007 le valió ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Afrontar la transición energética hacia un modelo basado en energías renovables para reducir emisiones se convirtió en el siguiente objetivo que marcará un hito en la historia del teleférico del Teide.

Este reto encerraba varias dificultades; por un lado, la situación de alta montaña en la que se encuentra ubicado el teleférico condiciona de manera singular los requerimientos de los equipos electromecánicos que pueden instalarse en él incluidos los paneles fotovoltaicos, los inversores y las baterías, así como las estructuras portantes de los paneles fotovoltaicos. Por otro lado, un teleférico de vaivén no tiene la demanda energética de una actividad habitual (viviendas, industrias…) a causa de la gran variación de la energía máxima demandada en el movimiento de las cabinas, y puede pasar muy rápido de máximos por encima de 300 kW de potencia instantánea a prácticamente cero, incluso a valores negativos, varias veces en cada trayecto entre estaciones.

Imagen de los paneles fotovoltaicos con el Teide al fondo. Fuente: Archivo del teleférico del Teide.

Esta singularidad dentro de una red eléctrica aislada de pequeñas dimensiones (microgrid) ha sido la mayor dificultad a la hora de llevar a cabo esta transición. Adecuar esta demanda tan variable con la producción de un sistema de paneles fotovoltaicos sin la posibilidad de apoyarse en la red general eléctrica de la isla solo es posible con el desarrollo de una microrred inteligente (Smart Microgrid), capaz de satisfacer dicha demanda de manera fiable y efectiva.

Las microrredes representan sistemas de energía avanzados y descentralizados que ofrecen flexibilidad, resiliencia y sostenibilidad, al tiempo que mejoran la gestión local de la generación y el consumo de energía. Constituyen un sistema de energía localizado y autónomo que puede generar, almacenar y distribuir electricidad de manera independiente o conectada a la red principal, aunque esta última opción no es el caso del teleférico del Teide.

La nueva microrred tenía que resolver los problemas propios de disponer de una red inestable y las consecuentes perturbaciones armónicas y, a su vez, poder acumular en baterías capaces de gestionar los ciclos de carga y descarga muy rápidos de cada trayecto de las cabinas. Este tipo de demanda energética a medio plazo afecta a las baterías convencionales, reduciendo significativamente su vida útil.

El sistema ESFOR

Para resolver este problema surgió la posibilidad de utilizar el sistema ESFOR (Energy Storage System For Ropeways) desarrollado por la empresa responsable de los sistemas de control y funcionamiento electrónico del teleférico desde 1999. Esta tecnología utiliza baterías de carga rápida de titanato de litio (LTO) capaces de gestionar cargas y descargas rápidas sin que ello afecte a su durabilidad. El ESFOR asume el control de la demanda energética del movimiento de las cabinas, permitiendo que el resto de la microrred no tenga que absorber las perturbaciones generadas por el teleférico. En definitiva, ESFOR ha conseguido amortiguar las características de la demanda de energía requerida por el teleférico. Su análisis en milisegundos de la trayectoria de las cabinas ha hecho que en cada momento se entregue la energía que se necesita, eliminando las inercias electromecánicas responsables de la generación de armónicos y, por lo tanto, de la baja calidad de la corriente eléctrica. 

Vista general del teleférico del Teide en invierno. ©Rafael Cedrés.

Este nuevo escenario en relación con la calidad del suministro eléctrico ha hecho posible dar un paso más allá, permitiendo dotar a todas las instalaciones del teleférico de energía procedente de paneles fotovoltaicos y baterías de acumulación.

Además, el sistema ESFOR también permite almacenar en sus baterías la energía sobrante generada por el movimiento de las cabinas cuando la que baja hacia la estación inferior está más cargada (lleva más pasajeros) que la que sube. Esto es especialmente relevante en los últimos viajes de la jornada, por lo que, al finalizar el día, las baterías del sistema llegan a plena carga para ser utilizadas en los primeros viajes del día siguiente. Antiguamente esta energía se perdía disipándola por calor.

El teleférico es un sistema de vaivén con dos cabinas conectadas entre sí por un cable tractor

Características técnicas del sistema

El resumen del diseño final de la microrred completa es: 578 paneles fotovoltaicos instalados en las cubiertas de las edificaciones con una potencia instalada de 240 kWp y una capacidad de producción anual estimada de 430 MWh/año; 1036 kWh de almacenamiento mediante baterías convencionales de litio para alimentar la microrred (ESFOR, cafetería, tienda, dependencias, estación superior…); y un conjunto de equipamientos liderado por un gestor de energía (Hybrid battery storage) con capacidad de 600 kW que se encarga de la evaluación y asignación general de energía de la microrred. Se mantiene un motor diésel de respaldo para garantizar el suministro durante los periodos de mantenimiento y en caso de posibles incidencias.

El futuro sostenible del teleférico

Puesto de control situado en la estación inferior. Fuente: Archivo del teleférico del Teide.

Este sistema, que se ha puesto en marcha el 24 de septiembre de 2024, ha posicionado al teleférico del Teide a la vanguardia de la gestión energética mediante el uso de energías renovables en sistemas aislados. Ha supuesto la eliminación de las antiguas emisiones de los motores diésel que suponían más de 600 Tm de CO2 equivalente cada año. La implantación de un sistema de energía limpio en un espacio natural protegido, como el del Parque Nacional del Teide, es un buen ejemplo de compromiso medioambiental y de turismo sostenible.

La energía solar, capturada a través de paneles fotovoltaicos, se convierte en un recurso inagotable que respeta el equilibrio de la naturaleza. Este proyecto demuestra que es posible armonizar la tecnología avanzada con la conservación del medioambiente, ofreciendo un modelo inspirador para futuros proyectos sostenibles. La transición hacia energías renovables en un sitio tan emblemático no solo es un triunfo para la ingeniería y la ciencia, sino también una declaración de principios sobre el tipo de futuro que deseamos para las próximas generaciones.

Detalle de la cabeza de la torre con la cabina. ©Rafael Cedrés
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