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La Clave | Experiencias
La culminación de un esfuerzo
La integración de los caminos jacobeos a su entrada en Santiago de Compostela
Francisco Menéndez Iglesias
Director de la Axencia Galega de Infraestruturas
Carlos Lefler Gullón
Jefe del Área de Diseño de Infraestructuras de la Axencia Galega de Infraestruturas
La zona de transición entre el centro de las ciudades y su límite exterior suele ser un espacio al que tradicionalmente no se le ha prestado especial atención, y en Santiago esto no es una excepción. No se trata de zonas degradadas, tan solo ámbitos en los que de modo un tanto informal, la vida cotidiana ha ido configurando la ciudad. En ellos, el viario ocupa demasiado espacio para facilitar la movilidad, y las zonas de aparcamiento son un elemento primordial. Es el vehículo, y no la persona, el protagonista de esta parte de la ciudad.
En el año 2019 casi 350.000 peregrinos recogieron su Compostela a su llegada a Santiago, la gran mayoría a pie. Después de muchos días de caminar, el peregrino siente que está al final de su esfuerzo, y su ánimo se ensalza con la idea de que su recompensa está a punto de llegar. Sin embargo, se encontraba, al entrar en Santiago, con la cotidiana ordinariez que caracteriza el inicio de lo urbano. Solo ya dentro de la ciudad, en los últimos metros del recorrido, con la llegada al casco histórico, percibirá que está próxima su recompensa, que culminará con la llegada a la plaza del Obradorio, antesala de la catedral.
Surge el reto del que nos vamos a ocupar: rediseñar la parte final del camino para que esté a la altura de su relevancia y adquiera la solemnidad necesaria para acompañar al ánimo del peregrino en su recta final, no solo en la parte histórica, sino desde la entrada a la ciudad.
A nosotros, acostumbrados a actuar en el territorio a través del sistema viario, al principio no nos pareció un problema difícil. Pronto nos dimos cuenta de que estábamos equivocados: actuar sobre las carreteras requiere del análisis de menos variables y tiene más margen de error.
En Galicia, la competencia para gestionar los Caminos de Santiago es compartida entre la Agencia de Turismo de Galicia, como organismo impulsor y de la que recibimos la encomienda para actuar; la Dirección General de Patrimonio Cultural, como organismo que vela por la protección; y los ayuntamientos, titulares del dominio público por el que discurre el camino, y que además atienden a las necesidades de los vecinos. Cualquier actuación requerirá un gran esfuerzo de consenso y gestión, especialmente difícil en el caso de los vecinos, que en muchos casos sienten que se atienden solo las necesidades del peregrino. Esto nos va a marcar una de las principales características de la actuación; no podíamos ceñirnos a una mejora estricta de la franja del camino, esta deberá ser integral de todo el espacio público, lo que hará que aumente mucho el ámbito de intervención.
Así, para mejorar 5 km de longitud de los Caminos de Santiago y una superficie de 28.000 m2 en las entradas de los Caminos, se acabará actuando sobre una superficie de 140.000 m2. O, lo que es lo mismo, para mejorar 1 m2 de camino se actuará sobre 5 m2 de espacio público en la ciudad. Además, no solo se actuará en superficie, también se renovarán los servicios urbanos. La interferencia e integración de las redes de abastecimiento, saneamiento, telefonía, gas y electricidad será un quebradero de cabeza en todas las actuaciones.
El reto, por tanto, se sintetiza en conseguir dignificar e integrar el espacio por donde discurre el camino, y lograr más espacio y seguridad para el peregrino en un espacio limitado por la configuración de las calles y sin que la ciudad pierda funcionalidad. La solución final ha ido de la mano de la ingeniería y de la arquitectura. La ingeniería aplicada a la optimización de la movilidad, la arquitectura para lograr que el espacio sea a la vez reconocible y singular.
Con la limitación del espacio público disponible entre las alineaciones de las edificaciones, generar más ámbito para el camino tendrá que venir de restar espacio para el coche. Si estamos en el inicio de lo urbano, donde el vehículo es percibido como necesario, la tensión que generan las intervenciones en esta línea son mucho más controvertidas que en el centro de la ciudad. Será necesario equilibrar intereses, todos legítimos, si se quiere que la actuación no se paralice por una fuerte oposición social. En términos generales, se buscará organizar el sistema viario con tráficos de una sola dirección, a ser posible contraria al flujo de peregrinos, para que tengan más seguridad. Se limitará el número de movimientos que tienen los vehículos en los cruces del viario con el camino. Se crearán zonas de aparcamiento, concretamente seis, alguna de ellas importantes, para poder sustituir las plazas que se quitan del borde del camino.
Para lograr un camino identificable en el diseño y singularidad en los espacios que va recorriendo, acudiremos al cuidado de los materiales y a un cambio de escala de diseño. Estableceremos un marco de colaboración con arquitectos que, como técnicos, están más acostumbrados a definir el detalle, al trabajar a una escala menor que el ingeniero. Cada elemento será diseñado de forma específica: hormigón lavado, mezclas bituminosas pulidas, adoquín serrado o abujardado, bordes de granito, bordes con chapa de acero. Se trabaja especialmente introduciendo el verde en la ciudad, con 130 nuevos árboles y 2452 m2 de superficie ajardinada. La iluminación pasará a ser especialmente relevante, se hará un diseño específico para las 271 nuevas farolas.
Por primera vez acudiremos a la expropiación en base a la utilidad pública que otorga la normativa en materia de protección del Camino de Santiago, no solo para facilitar el tránsito o crear bolsas de aparcamiento, también para, por ejemplo, mejorar desde el Monte do Gozo la visión de las torres de la catedral, lo que da una idea de la visión integral de la actuación.
Una de las complejidades de este proyecto es que, si bien su objetivo es único, será muy variada su materialización. Al tener una concepción integral de renovación urbana, las actuaciones serán muy distintas, porque van a depender del entorno urbano de que se trate, que incluso dentro del mismo camino será distinto según se avanza en la entrada a la ciudad. Actuamos en cinco ámbitos distintos que describimos a continuación.
Generar más ámbito para el Camino tendrá que venir de restar espacio para el coche
El Camino francés llega al Monte do Gozo, un espacio singular
En la descripción que hace del Camino francés el Código Calixtino en el SXII, ya se indica que el Monte do Gozo es un lugar especial. Esta colina, a la entrada de la ciudad de Santiago, es el primer punto desde el que se ven las torres de la catedral.
La actuación comienza a la llegada al Monte do Gozo, acondicionando el entorno de la capilla de San Marcos como lugar de reflexión. La bajada a la ciudad discurre entre árboles en paralelo a un vial. Se limita la accesibilidad de vehículos; se mejora la integración del pavimento tanto del camino como del vial. Se expropiará para mejorar la visión de las torres de la catedral. Al final de la bajada, el camino discurre entre un grupo de casas con fachadas y pavimento mal cuidados y muy heterogéneo, antes de llegar a una larga escalera, con la barandilla deteriorada. El acondicionamiento del paso por el núcleo requerirá la adaptación de las diferentes cotas con un nuevo pavimento de adoquín y hormigón lavado y la creación de jardineras de granito. Al final del tramo se situará la actuación más singular: la sustitución de la escalera por una pasarela de hormigón de sección en U, de 111 metros de longitud, que flota sobre la vegetación.
El Camino francés a su paso por el núcleo de Tanguerio y su llegada a San Lázaro
A continuación del tramo anterior, llegamos al núcleo de Tangueiro, con graves estrechamientos en el paso del camino sobre infraestructuras como la autopista AP-9, la SC-20 y el ferrocarril, y donde cada casa se sitúa a una cota diferente. Se crea una nueva zona de aparcamiento para retirar las plazas de la zona contigua al Camino. Mantener la continuidad del camino, con los saltos de cota de las viviendas, requerirá un esfuerzo de diseño. En la margen contraria al camino, será un reto dar una solución a las diferentes cotas y mejorar la accesibilidad. Pero la principal dificultad será la modificación de las estructuras para dar relevancia y seguridad al paso del Camino sobre el periférico de Santiago y el Ferrocarril.
El Camino francés a su paso por el cruce de Concheiros
Justo antes de llegar a la parte monumental de la ciudad, el peregrino se desorienta al atravesar una confluencia viaria de la ciudad con una configuración de glorieta partida. En ella destaca el eje formado por las avenidas de Lugo y Rodríguez de Viguri, una antigua carretera nacional que, por su gran volumen de tráfico, dificulta el acceso del peregrino al casco histórico. La solución será transformar el cruce viario en una plaza, desviando los giros a dos nuevas glorietas al norte y sur del cruce del camino, dejando solo un eje principal para vehículos convertido en bulevar, en el que se atenúa la velocidad, recuperando el resto del espacio público para peregrinos y viandantes como un espacio de unión entre los barrios de Concheiros y Fontiñas, históricamente separados por la antigua carretera nacional.
Esta solución obligará a extender el ámbito de actuación a todo el espacio comprendido entre las glorietas, creando una avenida ajardinada con 86 árboles, que atraviesa el peregrino. Se crea un cruce que define una malla romboidal, conformada por árboles, geometría del pavimento y elementos de iluminación, donde cada diagonal del rombo marca el sentido viario y el peatonal. Las luminarias colgarán de catenarias, marcando también con su luz la continuidad del camino.
El Camino inglés atraviesa el polígono del Tambre
El Camino inglés, a su llegada a Compostela por el norte, atraviesa el polígono del Tambre, el más grande de la ciudad. Surge la dificultad de adaptar el camino al paso por un entorno industrial, en la que prima el desorden y la ocupación irregular del espacio público, y donde cualquier alteración es vista como un perjuicio a la productividad.
Se actuará en todo el ancho del vial. Se renovarán las redes de servicios urbanos, se soterrará la línea de media tensión que discurre paralela al camino, se retranquearán los cierres que ocupan dominio público, se crearán dos bolsas de aparcamiento para liberar espacio para el peregrino y ordenar la zona de circulación. La senda para peregrinos y peatones se formaliza en hormigón lavado protegido por una zona verde arbolada que marca el camino y proporciona sombra. Los cruces se iluminan y se prima en ellos la rasante del camino y no la de la calzada, lo que hace que los vehículos perciban mejor al peatón y tengan que parar, aumentando la seguridad. Todo ello hará que se cambie la percepción de un espacio confuso a uno cuidado y ordenado.
En el límite sur del polígono, el camino discurre tangente al cementerio y al tanatorio de Boisaca, una zona de especial relevancia en la vida de la ciudad. La entrada a ambos está formada por dos explanadas repletas de coches que será necesario reubicar. Una vez liberado el espacio, se configuran dos grandes plazas públicas en los márgenes del camino. Los nuevos aparcamientos que se crean se integran con pavimentos blandos, confinados entre muretes y pinos. Se diseñan nuevas farolas para que el espacio tenga una iluminación especial. El acondicionamiento dará solemnidad al lugar.
El Camino portugués llega a Conxo, para entrar en la ciudad
La entrada del Camino portugués en Santiago, superado el paso del río Sar, es a través de un territorio con una urbanización difusa, aún con predominio de lo rural. La primera actuación será marcar el camino para proteger al peregrino en el cruce de Escurridia con la calle Volta do Castro.
Más adelante, el paso por el núcleo urbano de Torrente conlleva el acondicionamiento de toda la estrechez del “rueiro”, el callejero tradicional. En la subida por la rúa Benéfica de Conxo, como en el resto de las actuaciones, se acondicionará toda la sección calle. Se formalizará de nuevo la traza del camino con pavimentos hormigón lavado y borde de granito.
En su tramo final, el camino se abre para desembocar en un espacio desordenado, contiguo a la iglesia barroca de la Merced y el Hospital Psiquiátrico de Conxo, muy compartimentado y utilizado como aparcamiento desordenado. Surge la oportunidad de que el paso del Camino sirva para revalorizar todo un espacio infrautilizado y degradado, pero contiguo a una edificación singular y calificada como Bien de Interés Cultural: el Monasterio de Conxo. Como en el resto de actuaciones, lo primero será trabajar sobre la movilidad. Se crearán 86 plazas de aparcamiento en una parcela contigua, para poder suprimir las que ocupaban el atrio de la iglesia, y el vial se reconfigura en una plataforma única con un sentido principal de circulación. Se juega con cotas, pavimentos, vegetación, e iluminación para que el atrio de la iglesia de la Merced se extienda más allá de Campo de Conxo, unificándose con el espacio de la plaza de Aurelio Aguirre, creando un conjunto estancial que, después de la plaza del Obradoiro, será seguramente de los más singulares de la ciudad.
Para lograr un Camino identificable acudiremos al cuidado de los materiales y a un cambio de escala de diseño
Lo que hemos aprendido
La necesidad de equilibrar en el proyecto la visión de la ingeniería y la arquitectura, aunando la funcionalidad con la percepción visual a través del detalle.
Las dificultades de diseño de ámbitos urbanos con funcionalidades múltiples. Por un lado, no hay suficiente espacio público para fragmentarlo en zonas independientes de tránsito destinadas a vehículos, peatones, y en nuestro caso un flujo incesante de peregrinos, algunos de los cuales circulan en bicicleta. Por otro lado, las plataformas compartidas solo tienen sentido si todos los movimientos son simples y se realizan de forma similar, lo que choca con la concepción de la bicicleta, y todavía más de los vehículos, que están diseñados para circular a velocidades muy distintas a las de un peatón. Esa dificultad se agranda al tener que tener en cuenta, de acuerdo a la normativa de accesibilidad, a personas con diversidad funcional.
El esfuerzo y tiempo de coordinación que requieren los proyectos complejos con muchos participantes, donde cada uno de ellos tiene que ver más allá de su ámbito de especialización y gestión, si se quiere que se pueda llevar a cabo la actuación.
La necesidad de un apoyo decidido por parte de la Administración, con paciencia y confianza en el resultado final. La inversión total en el conjunto de todas estas actuaciones gestionadas por la Agencia Gallega de Infraestructuras ha sido de doce millones de euros.