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La Clave | El diseño en la obra pública 3

La próxima generación de carreteras

Enrique M. Catalina Carmona

Director general de Infraestructuras Viarias. Junta de Andalucía.

Alejandro Jiménez-Espada González

Subdirector en la Dirección General de Infraestructuras Viarias. Junta de Andalucía.

Las carreteras forman parte de esas cosas tan arraigadas al ser humano que no sabríamos distinguir qué fueron antes. Cuando en alguna discusión sin ningún rigor científico han querido minusvalorar la aportación que los ingenieros de caminos nos arrogamos en las mismas nos equiparan a que el mejor trazado de una carretera lo «diseña» un burro con un saco de cal agujereado amarrado al lomo y que, discurriendo con ese andar penoso a la vez que sabio, el animal va dibujando la mejor ruta para conectar dos puntos.

Sin intención de quitarle el mérito al borrico, en su origen, las antiguas huellas —o trochas, veredas, sendas, caminos, y demás vocablos, hasta que, una vez que por estas fue más habitual el tránsito de carretas, acabaron denominándose carreteras— eran un modo de unir dos puntos con la mayor eficiencia posible, consumir la mínima energía y, a ser posible, con la distancia más corta.

Mucho más tarde llegarían los famosos principios de Vitrubio de utilitas, firmitas y venustas aplicados a la ingeniería civil.

Utilidad. Claramente es el primer fundamento y razón de ser de la carretera: comunicar dos puntos. En mayor medida a raíz de que el ser humano abandonara su vida sedentaria, comenzara a descubrir otros mundos y, por ende, tuviera la necesidad de comunicarse.

Firmeza. Ante todo una carretera debe garantizar su disponibilidad ante cualquier circunstancia, ya sea climatológica o del propio e inexorable paso del tiempo por ella. El mejor ejemplo de ello: las calzadas romanas, impertérritas a su edad y algunas todavía en uso.

Belleza. Este principio empieza a ser exigible cuando los dos anteriores están ampliamente conseguidos. Es a partir de ese momento cuando nos planteamos que transitar por una vía bien diseñada nos aporta seguridad, serenidad y certidumbre.

Releyendo la entrevista que, en el anterior número de la ROP dedicada al diseño, Jose Romo le hizo al grandísimo ingeniero de caminos, canales y puertos Don Javier Manterola, me ha parecido muy interesante la confesión que planteaba el maestro con respecto a la carretera:

«Yo me fijo mucho en las carreteras, sobre todo en las de montaña, en España e Italia. Es decir, cómo una carretera se curva, se pliega al monte o se tiene que hacer un pequeño viaducto; es decir, ese acoplamiento entre las condiciones exigidas por las leyes del tráfico y la geometría del suelo. Las carreteras hay que hacerlas muy bien y a veces son hermosísimas».

Coincido también con el profesor en que hay veces que una obra de ingeniería hace al paisaje, y que, si tuviéramos la capacidad de borrarla del mismo, este correría el riesgo de quedarse huérfano.

Hay carreteras que, por su diseño, por cómo serpentean y se integran en el paisaje, con la escala perfecta para su acoplamiento, haciendo un uso milimétrico de las infraestructuras necesarias —ya sean viaductos o túneles— para mimetizarse con su entorno, parece que siempre hayan estado ahí y que ya forman parte de este.

Cuando esto ocurre el valor patrimonial y sentimental de nuestro entorno aumenta.

Carretera A-395. Granada.
Carretera A-2325 Duna de Valdevaqueros. Cádiz.
Carretera-Calle en Setenil de las Bodegas. Cádiz.

En Andalucía tenemos la suerte de contar con una extensa red de carreteras, vías de toda tipología y características. Contamos en nuestro catálogo con la carretera asfaltada más alta de Europa, la A-395, que nos eleva a las cumbres de Sierra Nevada, Granada.

Pero también contamos con carreteras en las que la naturaleza nos recuerda continuamente quien manda y las hace desaparecer bajo el manto de arena de una duna, como la A-2325, en Cádiz.

Preciosas carreteras de montaña que recorren paisajes como el de las Alpujarras, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco; carreteras por pueblos de ensueño del Parque de Alcornocales que nos descubren ante nuestros ojos el Parque de Cazorla, Segura y las Villas; o la preciosa ruta de los pueblos blancos. Carreteras con nombres tan oníricos como la Autovía del Toro, que atraviesa la provincia de Cádiz de un extremo a otro por un paisaje verde idílico donde el ganado bravo nos mira con aires de grandeza. Y otras con nombres tan de nuestra tierra, como la Autovía del Olivar, o la A-92, reminiscencia y regalo de la recordada exposición universal que se celebró en Sevilla.

¿Habrá algo más relajante que conducir por las carreteras de La Mancha disfrutando de la belleza de los molinos con los que guerreaba Don Quijote y descubrir en el horizonte la silueta del toro? Una silueta que empezó siendo publicidad, y hoy en día forma parte de nuestro patrimonio, diseño, decoración, y emblema de nuestras carreteras, de nuestras costumbres y de nuestro país.

En definitiva, carreteras que llevan en su nombre las sensaciones, sabores y cultura de las zonas por las que se despliegan.

Hay carreteras que, por su diseño, parece que siempre hayan estado ahí y que ya forman parte del paisaje

Defendemos que es necesario cuidar con detalle cada uno de los nuevos proyectos de carreteras para que estas no sean cicatrices en el territorio sino vías de conexión y disfrute de los que las recorren. Para los que nos gusta la carretera, uno de los mayores placeres del que podemos disfrutar es perdernos por cualquiera de ellas descubriendo en cada curva, en cada recodo, paisajes de ensueño.

No nos engañemos, el placer de conducir, como dice ese eslogan publicitario, no lo proporciona el vehículo, sino la carretera por la que nos dejamos llevar para descubrir infinidad de tesoros, ya sea para la vista o para los sentidos; como cuando paramos en una venta para hacer un alto en el camino, disfrutar del paisaje, de su gente, o de los manjares culinarios que nos ofrece cada comarca.

Cada uno tendrá su parada preferida. Para los que somos del sur nunca olvidaremos los descansos en el viaje, tortuoso en aquellos momentos, cuando entrando a Andalucía por Despeñaperros nuestros padres, seguramente después de oír infinitas veces aquello de: «¿cuánto queda?», paraban en la venta que lleva su nombre, con su fuente a la entrada y sus terrazas orientadas al desfiladero.

Esa parada era el descanso de los dioses y de los diablillos, a la vez que una oportunidad para valorar el entorno y la carretera y ver como ambos pueden estar en armonía gracias a un diseño adecuado de la misma, respetando y potenciando la esencia de cada lugar.

Hoy en día atravesar Despeñaperros para entrar o salir de esta comunidad situada al sur del sur, se realiza por una carretera magnífica, quizá sin el encanto de esas curvas infinitas, pero disfrutando del paisaje majestuoso que se nos abre desde la atalaya que es la propia carretera.

En la actualidad se ha recuperado el valor del paisajismo en las carreteras y, de hecho, Europa nos ha abierto la puerta a que las carreteras que tengan esa connotación puedan ser receptoras de fondos. Hemos conseguido que una carretera, como es la del nuevo acceso a la Alpujarra granadina por Lanjarón, sea la primera financiada por FEADER gracias a estudiar muy bien el trazado, que es respetuoso con el entorno, y a reforzar las medidas ambientales y poner en valor la zona por la que discurre.

Despeñaperros

Evolución de la carretera A4 a su paso por el desfiladero de Despeñaperros.

Además del diseño, en estos momentos existe otro valor que debe entrar en la ecuación: la sostenibilidad. Tan es así que hoy en día todo lo que no lleve ese apellido parece retrógrado. Este principio tiene que estar en o formar parte de la génesis de cualquier actuación dentro de la ingeniería civil, y debe regir cualquier infraestructura que como sociedad dejemos a los que nos sucedan. En su justa medida, también sea dicho.

Nos autoengañamos pensando que una sociedad «avanzada» como la nuestra ha descubierto ahora, en el siglo XXI, estos estándares. Seguramente para justificarnos de algunas actuaciones que no han sido del todo ejemplares en el pasado.

Lo que sí que es cierto es que debemos pasar de una economía lineal de usar y tirar a la denominada economía circular (otro concepto «moderno») para estar en paz con nuestro entorno y seguramente, con nosotros mismos.

No somos una sociedad avanzada en este sentido, siendo infinitamente más inteligentes y protectoras algunas sociedades del mal denominado tercer mundo, como si de una clasificación se tratara y nosotros fuéramos los que ocupamos el primer lugar.

Vamos a destacar una en particular, los masáis, de quienes debiéramos aprender muchísimas cosas. Los masáis son una tribu asentada en el este de África (Kenia y Tanzania). Son unos guerreros de fisionomía esbelta, pero de gran fortaleza física (para convertirse en adultos, han de matar a un león con sus propias manos). Para los masáis, la tierra y todos sus elementos son sagrados y, por ello, se niegan a degradarla o hacer algún tipo de daño sobre ella. Su supervivencia depende de la salud y fortaleza de la naturaleza de su entorno y de aprovechar al máximo todo lo que este les provee (no generan ningún residuo).

Esta tribu tiene un proverbio que, traducido a nuestro idioma, viene a decir algo así como:

«La tierra en la que vivimos no la heredamos de nuestros padres, sino que la tomamos prestada a nuestros hijos».

Traemos a colación esta tribu africana porque la Junta de Andalucía, como Administración, ha utilizado su nombre para nombrar una nueva forma de entender los firmes en nuestra comunidad y, sobre todo, a una nueva filosofía de trabajo.

Desde la Administración, y en estrecha colaboración con la Universidad —mejor dicho, al servicio de la investigación, en este caso la de primer nivel que se gesta en el Laboratorio de la Ingeniería de la Construcción de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos de Granada (LabIC.UGR)—, se han desarrollado y ensayado en nuestras carreteras unos firmes sostenibles que hemos denominado MASAI, acrónimo de Materiales Asfálticos Sostenibles Automatizados e Inteligentes.

Una nueva generación de firmes sostenibles, de altas prestaciones, fabricados a baja temperatura y en cuya composición se utiliza el material proveniente del fresado de la propia carretera a la vez que se incorporan otros materiales de desecho, como los neumáticos fuera de uso.

Estos firmes son una realidad hoy en día en las carreteras andaluzas y, además de proporcionarnos la capacidad de captar fondos para su implementación en nuestra red, nos han proporcionado reconocimiento como Administración, así como, por otra parte, importantes, a la vez que merecidísimos, galardones al equipo de investigadores de la escuela de Granada, trascendiendo del ámbito meramente científico y llegando incluso a hacerse un hueco en la prensa deportiva.

Nosotros, desde la Administración, ponemos a disposición de la investigación y de la industria, como banco de pruebas, los más de 10 500 km de carreteras que componen en la actualidad la red de carreteras de Andalucía.

La Fórmula 1 ya nos ha puesto en su punto de mira para implementar en sus circuitos las mezclas y la filosofía de sostenibilidad de las mismas.

Un buen estado de la red reduce la emisión de CO2 de los vehículos que por ella circulan

Del mismo modo que nos ha ocurrido con las carreteras paisajísticas y, de nuevo, sin ser el objetivo buscado, el apostar por firmes sostenibles nos ha reportado financiación europea. De hecho, gracias a sus mezclas MASAI, Andalucía ha sido la única comunidad que ha recibido fondos NEXT GENERATION EU para carreteras.

Además, la I de MASAI ha hecho realidad la tan a menudo mencionada carretera inteligente o digitalizada, gracias a la instalación en el paquete de firme de sensores que nos reportan infinidad de información, como velocidad y tipo de vehículo, aforos, peso y temperatura del firme para planificar así los trabajos de vialidad invernal, estado del firme, etc.

Pero en la carretera no todo es el firme; otro aspecto sostenible sobre el que estamos trabajando es el de la eficiencia energética aplicada a la carretera de forma que podamos alimentar con energía verde las instalaciones o servicios que tiene esta incorporados: alumbrado, señalización, equipamientos de seguridad de los túneles, etc.

Estos son los fundamentos que desde la administración andaluza estamos implementando en nuestras carreteras. Carreteras donde un cuidado diseño contribuya a mejorar su interlocución con el entorno, protegiendo este con el uso de materiales sostenibles, apostando por la economía circular, y a las que dotamos de sistemas que nos permitan obtener datos para la gestión de la red y la mejora de la seguridad vial de los usuarios.

Tenemos que ser capaces entre todos de quitarnos el sambenito que, desde algunos sectores, quieren colgar a la carretera, como si ellas solas fueran las causantes del cambio climático. Que la carretera no contamina parece obvio; si tuviéramos un parque móvil formado únicamente por coches eléctricos algún «iluminado» podría decir, solo entonces, claro, que la carretera es inocua.

Por el contrario, lo que sí que ha hecho la carretera es contribuir, y lo seguirá haciendo, al desarrollo y la riqueza de un país. Evolucionando, ampliándose y adaptándose a las necesidades que la sociedad nos ha ido demandando en cada momento.

Hemos sido capaces además de demostrar de forma científica y, por tanto, fuera de toda subjetividad, que un buen estado de la red reduce la emisión de CO2 de los vehículos que por ella circulan, disminuyendo el consumo de combustible, alargando la vida útil de los neumáticos, y minimizando las averías del propio vehículo.

Pero, sobre todo y por encima de cualquier dato económico, está probado que una buena red de carreteras con un estudiado diseño y bien conservada redunda en la mejora de la seguridad vial y salva vidas, convirtiéndose este en el principal objetivo de la Administración.

Esperamos que esta visión romántica y tecnológica de la carretera sirva para ensalzar su valor, pero defendiendo que los pilares en los que se deben fundamentar las carreteras del futuro son el diseño, la sostenibilidad y la digitalización para alcanzar de esta forma lo que hemos denominado: La próxima generación de c@rreteras.

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